jueves, 9 de enero de 2020

CENTENARIO DE NACIMIENTO JOÂO CABRAL DE MELO NETO




            Hoy, 9 enero, se cumplen 100 años del nacimiento del poeta brasileño Joâo Cabral de Melo Neto (Recife,1920-Río de Janeiro, 1999), una de las voces fundamentales de Brasil en el siglo pasado. Se desempeñó fundamentalmente como diplomático. Hermano del historiador Evaldo Cabral de Melo y primo del poeta Manuel Bandeira y el sociólogo Gilberto Freyre, João Cabral fue amigo del pintor Joan Miró y del poeta Joan Brossa. Miembro de la Academia de las Artes Pernambuco y de la Academia Brasileña de Letras, fue galardonado con varios premios literarios. Cuando murió en 1999, se especuló con que era un fuerte candidato para el Premio Nobel de Literatura


Conocida por el rigor estético de sus versos —contrarios a confesionalismos y marcados por el uso de rimas consonantes— la obra poética de João Cabral fue reconocida con los siguientes galardones: Premio Camões (el más importante de la literatura en portugués) en 1990, Neustadt International Prize for Literature en 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1994.


Algunos de sus libros de Poesía fundamentales son: El ingeniero (1942-1945), El perro sin plumas (1949-1950), Muerte y vida Severina (1954-1955), Paisajes con figuras (1954-1955), Cuaderna (1956-1959), Dos parlamentos (1958-1960), Serial (1958-1961), La educación por la piedra (1962-1965).

Los versos del autor que aquí comparto, traducidos por Márgara Russotto, fueron tomados de la Antología Poética de Joâo Cabral de Melo Neto, publicada por editorial Fundarte, Caracas, 1979.

La mesa

El diario doblado
sobre la mesa simple;
el mantel limpio
la loza blanca

y fresca como el pan.

La naranja verde:
tu paisaje siempre,
tu aire libre, sol
de tus playas; clara

y fresca como el pan.

El cuchillo que afiló
tu lápiz gastado;
tu primer libro
de cubierta blanca

y fresca como el pan.

Y el verso nacido
de tu mañana viva,
de tu sueño extinto,
todavía leve, caliente

y fresco como el pan.

(De El ingeniero)

La mujer sentada

Mujer. Mujer y palomas.
Mujer entre sueños.
¿Nubes en sus ojos?
Nubes sobre sus cabellos.

La visita espera en la sala;
la noticia, en el teléfono;
la muerte crece en la hora;
la primavera, más allá de la ventana).

Mujer sentada. Tranquila
en la sala, como si volara.

(De El ingeniero)

Aquél río
¿saltó alegre en alguna parte?
¿Fue canción o fuente
en alguna parte?
¿Por qué entonces sus ojos
venían pintados de azul
en los mapas?

(De El perro sin plumas)

Aquel río
está en la memoria
como un perro vivo
dentro de una sala.
Como un perro vivo
dentro de un bolsillo.
Como un perro vivo
debajo de las sábanas,
debajo de la camisa,
de la piel.

(De El perro sin plumas)

Encuentro con un poeta

En cierto lugar de la Mancha,
donde más dura es Castilla,
bajo la índole de un viento
que sopla armado de arena,
vino a sorprender la presencia,
más de lo que pensé, severa,
de cierto Miguel Hernández,
hortelano de Horihuela.

La voz de ese tal Miguel,
entre palabras y tierra
indecisa, como en Fraga
las casas lo están en la tierra,
fue un día arquitectura,
fue voz métrica de piedra,
tal como, cristalizada,
surge Madrid al que llega.

Mas la voz que percibí
en el viento de la paramera
era de tierra sufrida
y golpeada, tierra de era.

No era la voz expurgada
de sus obras selectas:
era una edición del viento,
que no va a las bibliotecas,
era una edición molesta,
la que la ventana cierra,
molesta porque el viento
no censura mas libera.

La voz que allí percibí
en el viento de la paramera
era aquella voz final
de Miguel, ronca de guerra
(tal vez todavía más aguda
en el acento de la polvareda;
tal vez más desgarrada
cuando el viento la interpreta).

Entonces vi que la tierra golpeada
del fin de la vida del poeta,
tierra que de tan sufrida
acabó siendo piedra
se había multiplicado
en aquellos cuchillos de arena
y que, al multiplicarse,
multiplicaba las aristas.

En aquella edición del viento
sentí la voz más directa:
igual que el árbol amputado,
alcanzaba filos de piedra.

(De Paisajes con figuras)

Hablo solamente para quien hablo:
quien padece sueño de muerto
y necesita de un estímulo
acre, como el sol sobre el ojo:
que es cuando el sol es estridente,
a contrapelo, imperioso,
y golpea en los párpados como
una puerta se golpea con los puños.

(De Serial)


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