jueves, 14 de junio de 2007
Poemas de Joyce Mansour
Desnuda
Floto entre despojos con bigotes de acero
Con la herrumbre de sueños interrumpidos
Por el suave ulular de los mares
Desnuda
Persigo las olas de luz
Que corren sobre la arena sembrada de cráneos blancos
Muda planeo sobre el abismo
La densa gelatina del mar
Pesa sobe mi cuerpo
Monstruos legendarios con bocas de piano
Se repantingan en la sombra de los abismos
Desnuda yo duermo
&&
Sueño con tus manos silenciosas
Que bogan sobre las olas
Rugosas caprichosas
Y que reinan sobre mi cuerpo sin equidad
Me estremezco me marchito
Pensando en las langostas
De antenas ambulantes y ávidas
Que raspan el semen de los barcos dormidos
Para extenderlo luego sobre las crestas del horizonte
Las crestas perezosas espolvoreadas de peces
En las que yo me repatingo todas las noches
La boca plena las manos cubiertas
Sonámbula de mar salada de luna
(De Rapaces))
Las maquinaciones ciegas de tus manos
sobre mis senos estremecidos
Los movimientos lentos de tu lengua paralizada
En mis orejas patéticas
Mi belleza íntegra ahogada en tus ojos sin pupilas
La muerte en tu vientre que come mi sexo
Todo hace de mí una extraña doncella
(De Cris)
Llueve en la concha azul de la ciudad
Llueve y la mar se lamenta
Los muertos lloran sin cesar sin razón sin pañuelo
Se perfilan los árboles contra el cielo viajero
Exhibiendo sus tiesos miembros a los ángeles a los pájaros
Porque llueve y el viento se ha callado
Las gotas locas emplumadas de grasa
Cazan gatos por las calles
Y el olor pringoso de tu nombre se expande
(por el nacimiento de las aceras
Llueve amor mío sobre el pasto abatido
En donde nuestros cuerpos extendidos han germinado alegremente
Todo el verano
Llueve oh madre mía y ni siquiera tú puedes nada
Porque el invierno camina solitario sobre la extensión de las playas
Y Dios ha olvidado cerrar la canilla
(De Déchirures)
Yo no tengo la culpa si tienes frío, querido
No esperaba tu muerte
Joyce Mansour. (Egipto, 1928). De nacionalidad inglesa, se estableció en Francia y escribe en francés.
Floto entre despojos con bigotes de acero
Con la herrumbre de sueños interrumpidos
Por el suave ulular de los mares
Desnuda
Persigo las olas de luz
Que corren sobre la arena sembrada de cráneos blancos
Muda planeo sobre el abismo
La densa gelatina del mar
Pesa sobe mi cuerpo
Monstruos legendarios con bocas de piano
Se repantingan en la sombra de los abismos
Desnuda yo duermo
&&
Sueño con tus manos silenciosas
Que bogan sobre las olas
Rugosas caprichosas
Y que reinan sobre mi cuerpo sin equidad
Me estremezco me marchito
Pensando en las langostas
De antenas ambulantes y ávidas
Que raspan el semen de los barcos dormidos
Para extenderlo luego sobre las crestas del horizonte
Las crestas perezosas espolvoreadas de peces
En las que yo me repatingo todas las noches
La boca plena las manos cubiertas
Sonámbula de mar salada de luna
(De Rapaces))
Las maquinaciones ciegas de tus manos
sobre mis senos estremecidos
Los movimientos lentos de tu lengua paralizada
En mis orejas patéticas
Mi belleza íntegra ahogada en tus ojos sin pupilas
La muerte en tu vientre que come mi sexo
Todo hace de mí una extraña doncella
(De Cris)
Llueve en la concha azul de la ciudad
Llueve y la mar se lamenta
Los muertos lloran sin cesar sin razón sin pañuelo
Se perfilan los árboles contra el cielo viajero
Exhibiendo sus tiesos miembros a los ángeles a los pájaros
Porque llueve y el viento se ha callado
Las gotas locas emplumadas de grasa
Cazan gatos por las calles
Y el olor pringoso de tu nombre se expande
(por el nacimiento de las aceras
Llueve amor mío sobre el pasto abatido
En donde nuestros cuerpos extendidos han germinado alegremente
Todo el verano
Llueve oh madre mía y ni siquiera tú puedes nada
Porque el invierno camina solitario sobre la extensión de las playas
Y Dios ha olvidado cerrar la canilla
(De Déchirures)
Yo no tengo la culpa si tienes frío, querido
No esperaba tu muerte
Joyce Mansour. (Egipto, 1928). De nacionalidad inglesa, se estableció en Francia y escribe en francés.
martes, 12 de junio de 2007
Un post para cronopios
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol
o tal vez
el amor.
Julio Cortázar
(De Salvo el crepúsculo, "Cinco últimos poemas para Cris")
lunes, 11 de junio de 2007
Dos poemas de Rafael Cadenas
Te llamarán a la plaza de la tergiversación.
Desoye todas las voces.
Vive con la quemante lógica.
Vuelve a donde todavía no empiezas.
Como un llameante espacio que se desocupa siempre.
En el temblor de ser sólo vida vacante.
&&&&&&&&&&&
Atroz jauría, fauna de claraboyas, población de la máscara.
No me quieren escueto sino lleno de herrumbre, repasando
viejas divisas, retratos, fechas, pero me niego a llevar
cargas. Rehúso todo peso ilegítimo.
Desoye todas las voces.
Vive con la quemante lógica.
Vuelve a donde todavía no empiezas.
Como un llameante espacio que se desocupa siempre.
En el temblor de ser sólo vida vacante.
&&&&&&&&&&&
Atroz jauría, fauna de claraboyas, población de la máscara.
No me quieren escueto sino lleno de herrumbre, repasando
viejas divisas, retratos, fechas, pero me niego a llevar
cargas. Rehúso todo peso ilegítimo.
"De muerte lenta" (O el difícil arte de construir un país)

Sólo lo que amamos o deseamos despierta nuestra fantasía, nuestra capacidad de soñar, o nuestro dolor. Pocas y pocos escritores venezolanos se han ocupado del país con el fervor, la suspicacia, el aquilatado lenguaje que lo ha hecho Elisa Lerner. En sus crónicas, relatos y ensayos nos ha ofrecido un espejo, no condescendiente, donde mirarnos, una visión subjetiva de nuestra sociedad, de nuestro modo de relacionarnos y de asumir el espacio de lo público y lo privado. En sus textos se cruzan, sin pudor alguno, lo íntimo y lo colectivo, la verdad y el anhelo, la memoria y el sueño, tal como ocurre cotidianamente en nuestra sociedad. La perspectiva de narración de sus textos, es necesario destacarlo, nos ha aportado una mirada crítica de esa idiosincracia nuestra, a veces tan volátil, inconstante, a veces “levantisca” (como dijese Mariano Picón Salas), a veces tan contradictoria.
Para ello se ha servido de un estilo en el que el humor y la ironía son ingrediente primordial. No olvidemos que tras la ironía, su mirada oblicua, hay siempre el llamado a la reflexión. En algunos de sus textos ese llamado se hace enfático, contundente; en otros subyace cierta amorosa nostalgia que indaga en la memoria de una ya lejana infancia propia o de la Caracas contemporánea, que comenzó a erigirse con el Plan Rotival y la construcción de la avenida Bolívar.
II
“Como somos jóvenes nunca hemos querido tener memoria y, en suma, hemos preferido ser…mágicos. Por mucho tiempo hemos sido brutales y violentos, poco cavilosos. La magia ha sido una visión hipotética de esas violencias”.
Elisa Lerner, Yo amo a Columbo
La lectura de la novela De muerte lenta de Elisa Lerner no es tarea fácil. Tal como lo escribo se lo expresé en un correo electrónico a la autora. Ella, con toda la modestia del mundo se disculpó por haber escrito un texto tan difícil. Algunos de los clásicos de la literatura, y algunas de las grandes novelas del siglo XX tampoco son fáciles, e incluso han sido tildadas por algunos lectores de ilegibles: El Ulises de Joyce, por ejemplo, Paradiso de Lezama Lima, La pasión según G.H. de Lispector, por nombrar sólo tres. La facilidad o dificultad de lectura no es una suerte de calificativo para definir un texto literario o para dar cuenta de su calidad. Cuando digo que esta novela no es una lectura fácil sólo pretendo, con modesta sinceridad, dar cuenta de mi experiencia como lectora al enfrentar el texto de Lerner, al intentar dialogar con él. Así como hay afectos que valoramos profundamente de los que solemos decir: “La (lo) aprecio muchísimo pero debo admitir que no es una persona fácil”.
¿En qué estribó la dificultad inicial de lectura de la novela De muerte lenta? Quizá, esté el problema de las expectativas. En los últimos tres años he estado leyendo las crónicas, ensayos y relatos de la autora, textos de mayor brevedad y precisión. Me amisté con un tono y un tempo que me han venido acompañando. De muerte lenta me ofrece un texto de largo aliento, una novela, en el que abundan párrafos que se prolongan página y media, dos páginas (de un punto de letra que no es pequeño, debo decirlo), pero de una terrible densidad, en el buen sentido de la palabra, es decir, me exigen una lectura cuidadosa y reflexiva. De manera inevitable debes leer la novela de a sorbitos, muy poco a poco, buscando esas entrelíneas que siempre han sido el lenguaje de fondo de sus textos. Porque aún en sus frases más frontales sobre el país o sobre la vida contemporánea, hay una suerte de “nota al pie” no escrita que le toca al lector indagar. Ninguna frase en sus textos es azarosa, y con el paso del tiempo su lenguaje, muy trabajado siempre, su rica adjetivación, se han tornado más metafóricos, plurisignificantes.
II
Luz Marina Rivas en La novela intrahistórica (El otro, el mismo, 2004, 2da. edición) indaga sobre los textos narrativos de tres escritoras venezolanas (Laura Antillano, Milagros Mata Gil y Ana Teresa Torres) y destaca la manera en que estas autoras han aportado nuevas perspectivas sobre la historia oficial venezolana, desde los espacios de la cotidianidad y la intimidad. Creo que la novela de Elisa Lerner bien podría situarse dentro de la definición de Rivas de novela intrahistórica. De muerte lenta centrada en el encuentro entre un joven tesista universitario de Historia y Carlos Pedraza, un antiguo funcionario público sexagenario, “sin relieves”, que trabajó para el breve gobierno de un “presidente ilustre”, Rómulo Gallegos, le sirve de pretexto a la narradora para entregarnos una nostalgia y un sueño. La tristeza de una generación que con el derrocamiento de Gallegos vio truncado un modelo de país, progresista y democrático, para enfrentarse luego a una férrea dictadura, la de Pérez Jiménez; y el sueño, aún latente, de la posibilidad de construir ese país.
¿Cómo se nos entregan esa nostalgia y ese sueño? Empecemos por el epígrafe de María Zambrano: “El tiempo en que como en una gruta/se cuajan las palabras que luego salen enteras,/como de un largo y hondo silencio”. Ya el epígrafe nos da el tono del texto que vamos a leer. Se trata de un texto largamente gestado, que surge además de una honda indagación. Lo que viene del silencio es aquello que viene de la escucha y de los espacios en sombra del ser. Aquello sobre lo que no se indaga impunemente, y con frecuencia, no sin dolor. Es el dolor, el sentimiento de pérdida, como ya he dicho, de toda una generación, la llamada “Generación del 58” secuestrada por el militarismo, la persecusión, la censura y la violencia. Ella lo expresó en algunos de sus ensayos recogidos en Yo amo a Columbo (Monte Ávila Editores, 1979), específicamente en el apartado “El país y la memoria”.
En la novela de Lerner diversos tipos de referentes configuran la memoria que construye a Carlos Pedraza como personaje: Los lugares (Las Residencias Amapola, un edificio en ruinas de moderna arquitectura construido en la década de los cincuenta, donde vive el otrora funcionario público; el club Puerto Azul, reducto emblemático recreacional de una clase media con fuerte poder adquisitivo, hoy venida a menos); los objetos (un sofá que hace soñar “con anteriores tiempos del poder y de la gloria”, “un pequeño y bellísimo cuadro abstracto de filamentos amarillos” o una “cafetera azul” de Alejandro Otero, que también nos remiten al parisino grupo de “Los disidentes”, que en la década de los cincuenta renovaron el arte nacional y lo internacionalizaron); así también la autora nos enfrenta con las dinámicas que conforman y sostienen los traspatios del poder político (“Algunos todavía con una sonrisa a flor de labios, pocos minutos después de haber abandonado la sala de audiencias, caían en cuenta de haber sido escamoteados en lo más esencial y perentorio de sus necesidades. Se había estado en palacio para admirar la inteligencia y versatilidad de un intelectual amable y comprensivo”); también el espacio de lo íntimo y sentimental tiene su espacio, al retratarse los tardíos escarceos amorosos de Pedraza y Margarita, una profesora de literatura, de ancestros ostentosos, mucho más joven, “algo gordita, tan displicente y juiciosa”, a quien conoce en el club Puerto Azul.
Todos estos referentes se van entrelazando como eslabones de la nostalgia, para representar una figura en declive (¿símbolo de un modelo de país?), el cual la Academia inesperadamente ha convocado, de la mano de un estudiante de Historia. Entre whisky y whisky Black and White se escapa, se deja ver, un país cuyos hábitos sempiternos, de más de medio siglo petrolero, cabalgan al azar, a la deriva, como una isla que emerge y se hunde en un cuento fantástico. “Hemos preferido ser…mágicos”, escribía Elisa Lerner en 1968. O tal vez heroicos, míticos, si se prefiere, a fin de cuentas es lo mismo. Parecemos vivir entre hondas nostalgias y grandiosos anhelos. La realidad nos queda siempre chiquita. Es por ello que, cual Sherazade, Pedraza le va escamoteando al joven estudiante, lo que viene a oír, para que regrese. En De muerte lenta Elisa Lerner, una vez más, hace gala de histrionismo, con asaeteado humor vuelve a mostrarnos ese país que se evade entre promesas, como el funcionario “con su mejor sonrisa encantadora” ante su interlocutor. Es como ese país posible, “la gran Venezuela”, que siempre estamos construyendo, pero no logramos edificar, entre chismecillos de crónica ministerial, urdidos en los pasillos de palacio, o entre anécdotas de alcoba, siempre un poco magnificadas.
Caracas, 2007
sábado, 9 de junio de 2007
tres poemas de Jesús Sanoja Hernández
Tuve la suerte de conocer a Jesús Sanoja Hernández y lo menos que puedo decir es que se ha ido uno de esos venezolanos que enorgullecen el gentilicio. Acusioso indagador de nuestra historia política y cultural, periodista, profesor, poeta, Sanoja Hernández era también un conversador cordialísimo. Dejo aquí a manera de homenaje 3 de sus poemas:
BESOS
Con la letra B se escriben ciertas palabras:
brujas, biblia, balde, berrido, brote,
colmada como ahora la ostra de la muerte, al revés
el órgano visual, espantosa y cerrada en las partes de sal.
La mujer brilla en forma de dos estrellas, una hacia la pata,
otra con el tedio de anoche, con lenguas y congoja.
Muy joven, puedo ser vencido, muy violento, pueden matarme,
yo, el perro de Venus, el ganado del deseo
que promueve voces contra el vestido,
ella, el leopardo fecundado que juega con una pelota en la cama,
yo, maraña ante la traición, y ella y yo
hasta qué grupas, una rueca sin pasado y un revuelco,
y ella por cuarta vez, la verde isla,
la mágica enfermedad.
Tengo de cenizas lo que estorba en prisión
y endurezco demasiado en la memoria de las guerras.
Lo que escribo de noche, lo corrijo de día,
pero no hoy, demasiado visible, y con ella
a remolque de opresión, zona atrasada de lo blando,
canto inverso el movimiento.
Ella tupe su velo, carnal, nunca seré débil, nunca más,
tentación de sarna y telas, Valle Hondo
donde se hechizó mi foso, mis culebras.
No más. Dormirme. No más.
CABALLOS DE AYER
Tales caballos levantan largo regocijo, aquí y allá,
penetrantes en el sueño que de golpe salta de tus ojos.
Vienen de lejos,más allá de la laguna, con fuerza oscura
que castiga los escombros del día y suena música de viajes.
No traen la gloria luciente de los mitos, huelen a carne,
corren en desbandada hacia un límite invisible, se encabritan,
se calman y hábilmente se sitúan entre el paraíso
y las lomas del ayer, coronadas por el deseo, ya exhaustos.
Al fondo, naves del tiempo con tempestad de oros
tocan algo imprevisto y las crines se alzan en el espanto
y los bufidos desparraman soles en la espuma
y el instinto se escapa entre zumbidos y perfumes.
Atrasan aquel horizonte azul antes que la lluvia
asuma virtud de vino y bañe hasta el final
las transparencias de los cuerpos, bautista de mi selva,
privilegio de mis aguas. Lanzan luego mirada
hacia lo oculto, de abajo a arriba, y se disparan.
Sus yerbas, su venerado mastranto, los ijares de sudor
pasan volando con la tarde, y en sus cascos
la hora funeral estremece ciertos muros
que dividen campo y pueblo con un zas de muerte.
Primero los de azabache y sombra, después los untados rucios,
y los blancos de narcisos trotes y los de manchadas frentes
ocupan con rapidez las esquinas, como ejército, tejido,
ola de patas lustrosas, inundante vaho de orgullos.
Tales caballos esclavizan mi memoria, la atan
al lugar donde habita, intermitente, la palabra:
su lejana vibración cambia de color en un aire denso
y se oye un galope de prodigios a distancia, por allá,
entre ríos y sabanas, encadenando misterios
en medio de la polvareda, último respiro del espíritu.
Tales caballos. Aquella movilidad fragante, su apoyo,
y los lomos como en guerra y el viento devorado por la Nada.
VIAJE IMAGINARIO
Hacia la plaza que luce un fulgor de multitud disuelta,
rectamente, no como filósofo engreído, tampoco
montado en máquinas litúrgicas, con orejas lavadas en cielo.
Hacia la costa, con su vuelco al otro lado,
y hacia la roca que estalla en la parte alta de la esfera.
Hacia lugares previamente determinados por el azar.
Hacia el Este de Caracas, matando tulipanes y abriendo el ojo
para leer qué ocurrió el 15 de noviembre de 1903.
Hacia la división de la inteligencia y las pasiones.
Hacia el mar, que me aterra en sus honduras.
Hacia una montaña de olorosos árboles,
hacia ese sitio, entre pinos, por mi preferido,
y hacia el sol apagado mientras pienso en Dios.
Hacia la vanidad, sombra apenas del objeto.
Hacia el altar del tiempo y hacia Río Chico,
para aclarar lo sucedido alguna vez, de mañana,
en el patio, bajo matas de grosellas, junto a barriles fríos.
Hacia las penas, hacia el paso último,
va mi corazón.
BESOS
Con la letra B se escriben ciertas palabras:
brujas, biblia, balde, berrido, brote,
colmada como ahora la ostra de la muerte, al revés
el órgano visual, espantosa y cerrada en las partes de sal.
La mujer brilla en forma de dos estrellas, una hacia la pata,
otra con el tedio de anoche, con lenguas y congoja.
Muy joven, puedo ser vencido, muy violento, pueden matarme,
yo, el perro de Venus, el ganado del deseo
que promueve voces contra el vestido,
ella, el leopardo fecundado que juega con una pelota en la cama,
yo, maraña ante la traición, y ella y yo
hasta qué grupas, una rueca sin pasado y un revuelco,
y ella por cuarta vez, la verde isla,
la mágica enfermedad.
Tengo de cenizas lo que estorba en prisión
y endurezco demasiado en la memoria de las guerras.
Lo que escribo de noche, lo corrijo de día,
pero no hoy, demasiado visible, y con ella
a remolque de opresión, zona atrasada de lo blando,
canto inverso el movimiento.
Ella tupe su velo, carnal, nunca seré débil, nunca más,
tentación de sarna y telas, Valle Hondo
donde se hechizó mi foso, mis culebras.
No más. Dormirme. No más.
CABALLOS DE AYER
Tales caballos levantan largo regocijo, aquí y allá,
penetrantes en el sueño que de golpe salta de tus ojos.
Vienen de lejos,más allá de la laguna, con fuerza oscura
que castiga los escombros del día y suena música de viajes.
No traen la gloria luciente de los mitos, huelen a carne,
corren en desbandada hacia un límite invisible, se encabritan,
se calman y hábilmente se sitúan entre el paraíso
y las lomas del ayer, coronadas por el deseo, ya exhaustos.
Al fondo, naves del tiempo con tempestad de oros
tocan algo imprevisto y las crines se alzan en el espanto
y los bufidos desparraman soles en la espuma
y el instinto se escapa entre zumbidos y perfumes.
Atrasan aquel horizonte azul antes que la lluvia
asuma virtud de vino y bañe hasta el final
las transparencias de los cuerpos, bautista de mi selva,
privilegio de mis aguas. Lanzan luego mirada
hacia lo oculto, de abajo a arriba, y se disparan.
Sus yerbas, su venerado mastranto, los ijares de sudor
pasan volando con la tarde, y en sus cascos
la hora funeral estremece ciertos muros
que dividen campo y pueblo con un zas de muerte.
Primero los de azabache y sombra, después los untados rucios,
y los blancos de narcisos trotes y los de manchadas frentes
ocupan con rapidez las esquinas, como ejército, tejido,
ola de patas lustrosas, inundante vaho de orgullos.
Tales caballos esclavizan mi memoria, la atan
al lugar donde habita, intermitente, la palabra:
su lejana vibración cambia de color en un aire denso
y se oye un galope de prodigios a distancia, por allá,
entre ríos y sabanas, encadenando misterios
en medio de la polvareda, último respiro del espíritu.
Tales caballos. Aquella movilidad fragante, su apoyo,
y los lomos como en guerra y el viento devorado por la Nada.
VIAJE IMAGINARIO
Hacia la plaza que luce un fulgor de multitud disuelta,
rectamente, no como filósofo engreído, tampoco
montado en máquinas litúrgicas, con orejas lavadas en cielo.
Hacia la costa, con su vuelco al otro lado,
y hacia la roca que estalla en la parte alta de la esfera.
Hacia lugares previamente determinados por el azar.
Hacia el Este de Caracas, matando tulipanes y abriendo el ojo
para leer qué ocurrió el 15 de noviembre de 1903.
Hacia la división de la inteligencia y las pasiones.
Hacia el mar, que me aterra en sus honduras.
Hacia una montaña de olorosos árboles,
hacia ese sitio, entre pinos, por mi preferido,
y hacia el sol apagado mientras pienso en Dios.
Hacia la vanidad, sombra apenas del objeto.
Hacia el altar del tiempo y hacia Río Chico,
para aclarar lo sucedido alguna vez, de mañana,
en el patio, bajo matas de grosellas, junto a barriles fríos.
Hacia las penas, hacia el paso último,
va mi corazón.
viernes, 8 de junio de 2007
Ni rojo ni negro si es ajuro
Mientras mi derecho inalienable a elegir sea objeto de agresión, castigo, burla, censura, exclusión, por parte de cualquier persona o grupo en mi país, están en peligro mis derechos humanos. Yo fui atacada por niños (no mayores de doce años) que viven en uno de los barrios populares vecinos a mi edificio, sin que mediara razón alguna. Esto ocurió en 2003 ó 2004. Uno de ellos me atropelló con una bicicleta, le reclamé y me cayeron en cayapa varios chamos, los cuales me escoltaron desde la embajada de Canadá hasta mi casa, un edificio que está en la esquina Sur de esa cuadra. Yo estaba herida, cojeando y estos niños me iban insultando, mientras yo les respondía llena de impotencia, miedo y rabia que jamás iban a salir de su barrio y de su vida miserable o algo así. Me abandonaron en la puerta amenazándome con lincharme si me volvían a ver. Fueron los días previos al firmazo solicitando el revocatorio presidencial. Yo, por supuesto, firmé la solicitud de revocatorio. Un discurso que produzca este tipo de situaciones o similares no empedrará jamás el camino que nos conduzca a un país mejor, donde haya justicia social. ¿Será que yo no tengo derecho a la justicia social? El insulto y la agresión hacia los estudiantes que fueron a la Asamblea Nacional y la posterior cadena en la cual el presidente Chavez pretendió obligarnos a escuchar sus felicitaciones a los cachorros que defendieron a la revolución en la sede de la Asamblea sólo corrobora que la libertad y los derechos humanos de los venezolanos continúan severamente amenazados. Sin hablar de los niples que colocaron en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela el día miércoles o las bombas lacrimógenas que tuvimos que respirar lanzadas desde la Escuela de Trabajo Social los que estábamos allí ejerciendo nuestro derecho a discentir y protestar.
Yo no deseo vestirme de rojo, o de negro, porque alguien me lo imponga, pero lamento no poder hacerlo sin que se me etiquete de chavista o golpista. (No soy ninguna de las dos cosas). Hace varios años envié a las Cartas de El Nacional una breve misiva que fue publicada en la que insistía en la necesidad de encontrar vías para el diálogo, que el enfrentamiento radical que estábamos viviendo no era bueno para nadie en Venezuela. Hoy seguimos viviendo en un país dividido que estalla en pedazos sin que se vislumbre la construcción de algo mejor. Eso me lo dicen las aceras, calles y avenidas rotas, sucias, malolientes; el tono violento de las discusiones; la incapacidad que tenemos una gran mayoría de venezolanos profesionales, que le hemos dado a este país lo mejor de nosotros, para cubrir nuestras necesidades básicas (Mientras unos pocos enchufados se están haciendo multimillonarios y no hay un solo ciudadano preso por los múltiples casos de corrupción y fondos desaparecidos). Me lo hace ver también la frustración y la angustia que se ve cada vez más en los rostros (Y no precisamente las personas adineradas). Mientras este sea un país enfermo, como lo es ahora, nadie se va a beneficiar. Mientras no se logre el diálogo, la concertación, entre los distintos actores del país, nadie se va a beneficiar. Mientras no haya respeto e igualdad de derechos para los disidentes del proceso revolucionario, nadie se va a beneficiar.
El amor al prójimo no se impone, la solidaridad social no se impone. "Cada quien según sus necesidades y según sus capacidades". Una amiga me dijo hace algún tiempo que así reza en alguna parte del Manifiesto Comunista. Sería bueno que los muchachos que han decidido defender con su vida la revolución socialista (¿???) venezolana leyeran, se formaran y se informaran, además de repetir lo que los estudiantes de diversas generaciones hemos repetido aquí y en diversas partes del planeta: queremos un mundo mejor, un mundo más justo. Ellos ignoran, además, que tanto la Universidad Central de Venezuela como la Universidad Católica Andrés Bello tienen programas sociales hace mucho tiempo. Y nadie se los dice. Hace más de quince años atrás subí con una amiga que estudiaba en la Católica y un cura de esa casa de estudios por las escalinatas de La Vega para arriba, porque la universidad tenía un programa de alfabetización consolidado allí. La gente nos recibió con mucha cordialidad . Se sentían agradecidos por los aportes positivos que el programa les había dado a los habitantes del sector. Lo poco que tengo, lo que soy, me ha costado muchísimo esfuerzo, y de mis padres, no soy ninguna hijita de papá. Por otro parte, no me es ajena la historia política, social y económica de este país. Además de leerme a Pino Iturrieta o a Uslar Pietri también me he leído la Historia Económica y Social de Brito Figueroa, Venezuela violenta de Orlando Araujo o Las Venas abiertas de América Latina de Galeano. Tengo criterios para configurarme un punto de vista plural. Y además, como está dicho, no he vivido a espaldas de mi realidad. También he sido asaltada por niños huelepega drogados. Fue una experiencia realmente inolvidable. A mí y auna alumna nos tiraron al piso y nos golpearon porque ella se resisitió al asalto y no quería entregar su bolso donde tenía los últimos poemas que había escrito. Por eso mismo sé por donde soplan los vientos de esta catástrofe, de esta nueva demolición, que lamentablemente trae demasiadas reminiscencias del golpe mortal que los adecos le dieron al país progresista y democrático que pudimos haber sido. ¿En aras de qué?, de la imposición a sangre y fuego del populismo que nos trajo donde estamos. Para ponerme bíblica: "Por sus obras los conoceréis". Ningún gobierno que "pretenda" beneficiar a un sector (los excluidos) en desmedro de los otros sectores de la población, es verdaderamente democrático. Ningún gobierno que te sitúa como alteridad te va a beneficiar, vas a seguir al margen. No te va a integrar a la sociedad ni te vas a sentir jamás un igual a las personas que tuvieron la suerte (no elegida) de nacer y formarse en un ámbito mejor. Vas a quedarte ahí, fiel representante de tu guetto, con tus mismas actitudes y carencias como ser humano, no vas a crecer, ni te vas a ganar el respeto de los otros actores de tu sociedad, de tu país. Esto le diría a esos chamos llenos de rabia que creen estar defendiendo una sociedad más justa. Hoy más que nunca vivimos en un planeta en el que se impone la pluralidad, la diversidad. Tanto los Estados Unidos de Norteamérica como la civilizada Europa deben temer el caballo de Troya que hoy tienen en sus ciudades. Hoy más que nunca vivimos en un planeta en el que grandes contingentes de personas, por diversas razones, se mueven, y desplazan con ellas sus culturas. Las verdades unívocas fueron desplazadas de la historia de la humanidad. Afortunadamente. Quedó demostrado que nunca habían conducido a la felicidad de ningún pueblo civilizado del planeta. "Yo te voy a agarrar a coñazos, te voy a pasar una tanqueta por encima para que entiendas mi punto de vista", no es una postura que invite al diálogo. Si mi noción de felicidad pasa por unas superlolas de silicona o una rumbita en "Atlantique" ni de vaina me imvites a subir cerro para hacer labor social, no tiene lógica alguna. Reitero: "Cada quien según sus necesidades y según sus capacidades". Eso si suena como una propuesta de sociedad más justa. No me puedes imponer tus imperativos morales o ideológicos. Poder elegir es mi derecho inalienable, y como expresó ayer una de las estudiantes que están protestando, ese derecho "no es negociable". Se feliz defendiendo el pelo chicha y trabajando en algún barrio o viendo TVES, pero déjame ser feliz a mí con mis lolas de silicona, mis vacaciones en Key West y mi RCTV, vale. No pretendas tratarme como si tuviera 5 años de edad o fuese retrasada mental. Lánzame tus perros rabiosos, tus lacrimógenas, no me des trabajo, jódeme. Pero seguiré defendiendo mi libertad, mi derecho, a elegir. OK.
Caracas, viernes, junio de 2007.
Yo no deseo vestirme de rojo, o de negro, porque alguien me lo imponga, pero lamento no poder hacerlo sin que se me etiquete de chavista o golpista. (No soy ninguna de las dos cosas). Hace varios años envié a las Cartas de El Nacional una breve misiva que fue publicada en la que insistía en la necesidad de encontrar vías para el diálogo, que el enfrentamiento radical que estábamos viviendo no era bueno para nadie en Venezuela. Hoy seguimos viviendo en un país dividido que estalla en pedazos sin que se vislumbre la construcción de algo mejor. Eso me lo dicen las aceras, calles y avenidas rotas, sucias, malolientes; el tono violento de las discusiones; la incapacidad que tenemos una gran mayoría de venezolanos profesionales, que le hemos dado a este país lo mejor de nosotros, para cubrir nuestras necesidades básicas (Mientras unos pocos enchufados se están haciendo multimillonarios y no hay un solo ciudadano preso por los múltiples casos de corrupción y fondos desaparecidos). Me lo hace ver también la frustración y la angustia que se ve cada vez más en los rostros (Y no precisamente las personas adineradas). Mientras este sea un país enfermo, como lo es ahora, nadie se va a beneficiar. Mientras no se logre el diálogo, la concertación, entre los distintos actores del país, nadie se va a beneficiar. Mientras no haya respeto e igualdad de derechos para los disidentes del proceso revolucionario, nadie se va a beneficiar.
El amor al prójimo no se impone, la solidaridad social no se impone. "Cada quien según sus necesidades y según sus capacidades". Una amiga me dijo hace algún tiempo que así reza en alguna parte del Manifiesto Comunista. Sería bueno que los muchachos que han decidido defender con su vida la revolución socialista (¿???) venezolana leyeran, se formaran y se informaran, además de repetir lo que los estudiantes de diversas generaciones hemos repetido aquí y en diversas partes del planeta: queremos un mundo mejor, un mundo más justo. Ellos ignoran, además, que tanto la Universidad Central de Venezuela como la Universidad Católica Andrés Bello tienen programas sociales hace mucho tiempo. Y nadie se los dice. Hace más de quince años atrás subí con una amiga que estudiaba en la Católica y un cura de esa casa de estudios por las escalinatas de La Vega para arriba, porque la universidad tenía un programa de alfabetización consolidado allí. La gente nos recibió con mucha cordialidad . Se sentían agradecidos por los aportes positivos que el programa les había dado a los habitantes del sector. Lo poco que tengo, lo que soy, me ha costado muchísimo esfuerzo, y de mis padres, no soy ninguna hijita de papá. Por otro parte, no me es ajena la historia política, social y económica de este país. Además de leerme a Pino Iturrieta o a Uslar Pietri también me he leído la Historia Económica y Social de Brito Figueroa, Venezuela violenta de Orlando Araujo o Las Venas abiertas de América Latina de Galeano. Tengo criterios para configurarme un punto de vista plural. Y además, como está dicho, no he vivido a espaldas de mi realidad. También he sido asaltada por niños huelepega drogados. Fue una experiencia realmente inolvidable. A mí y auna alumna nos tiraron al piso y nos golpearon porque ella se resisitió al asalto y no quería entregar su bolso donde tenía los últimos poemas que había escrito. Por eso mismo sé por donde soplan los vientos de esta catástrofe, de esta nueva demolición, que lamentablemente trae demasiadas reminiscencias del golpe mortal que los adecos le dieron al país progresista y democrático que pudimos haber sido. ¿En aras de qué?, de la imposición a sangre y fuego del populismo que nos trajo donde estamos. Para ponerme bíblica: "Por sus obras los conoceréis". Ningún gobierno que "pretenda" beneficiar a un sector (los excluidos) en desmedro de los otros sectores de la población, es verdaderamente democrático. Ningún gobierno que te sitúa como alteridad te va a beneficiar, vas a seguir al margen. No te va a integrar a la sociedad ni te vas a sentir jamás un igual a las personas que tuvieron la suerte (no elegida) de nacer y formarse en un ámbito mejor. Vas a quedarte ahí, fiel representante de tu guetto, con tus mismas actitudes y carencias como ser humano, no vas a crecer, ni te vas a ganar el respeto de los otros actores de tu sociedad, de tu país. Esto le diría a esos chamos llenos de rabia que creen estar defendiendo una sociedad más justa. Hoy más que nunca vivimos en un planeta en el que se impone la pluralidad, la diversidad. Tanto los Estados Unidos de Norteamérica como la civilizada Europa deben temer el caballo de Troya que hoy tienen en sus ciudades. Hoy más que nunca vivimos en un planeta en el que grandes contingentes de personas, por diversas razones, se mueven, y desplazan con ellas sus culturas. Las verdades unívocas fueron desplazadas de la historia de la humanidad. Afortunadamente. Quedó demostrado que nunca habían conducido a la felicidad de ningún pueblo civilizado del planeta. "Yo te voy a agarrar a coñazos, te voy a pasar una tanqueta por encima para que entiendas mi punto de vista", no es una postura que invite al diálogo. Si mi noción de felicidad pasa por unas superlolas de silicona o una rumbita en "Atlantique" ni de vaina me imvites a subir cerro para hacer labor social, no tiene lógica alguna. Reitero: "Cada quien según sus necesidades y según sus capacidades". Eso si suena como una propuesta de sociedad más justa. No me puedes imponer tus imperativos morales o ideológicos. Poder elegir es mi derecho inalienable, y como expresó ayer una de las estudiantes que están protestando, ese derecho "no es negociable". Se feliz defendiendo el pelo chicha y trabajando en algún barrio o viendo TVES, pero déjame ser feliz a mí con mis lolas de silicona, mis vacaciones en Key West y mi RCTV, vale. No pretendas tratarme como si tuviera 5 años de edad o fuese retrasada mental. Lánzame tus perros rabiosos, tus lacrimógenas, no me des trabajo, jódeme. Pero seguiré defendiendo mi libertad, mi derecho, a elegir. OK.
Caracas, viernes, junio de 2007.
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