Los poemas que siguen pertenecen al libro "Escamas del silencio" (2004) de la poeta argentina María Casiraghi (Buenos Aires, 1977). Quien es periodista y licenciada en Letras. Traductora de guiones de cine y diarios de viajeros europeos del siglo XIX. También ha publicado "Retratos", "Patagonia Sur" y "Patagonia Sur Santa Cruz-Argentina".
IV
Una sola huella basta
para hacer de la máscara
una osamenta
orando
en el destierro.
XII
Cómo explicarnos el destierro
desde el fondo de la sal
desde la lágrima
deshabitada
Cómo habitar la lágrima
después del naufragio.
XIV
El miedo es la tortuga insomne
hurgando el barro
interrogando el hambre
reptil del invierno
arrugándose despacio
bajo el cardumen prisionero del océano
El miedo es la llaga
de todos los misterios.
XV
Callando
la primera palabra
extirpada antes de nacer
y la palabra que habla
de una desnudez abandonada.
La soledad
ese tiempo
buscando refugio
desesperado
I
Será siempre la noche
un hueso abandonado
y tu fosa
un sendero
al mutismo de la luz.
VII
Por qué no tocarnos
venciendo las costras
los filos
la porosa distancia de las frutas.
Tocarnos la paciencia
la dilexia
el sueño.
Palpar los muros del otro
la grieta en el otro
y regresar sumergidos
líquidos
lunes, 8 de junio de 2009
viernes, 22 de mayo de 2009
ESTACIÓN MI CASA
Quiero irme a mi casa
al anaquel de los jabones
tocar las teclas del piano
sentarme en la silla roja
y quedarme con el libro
el buen Testamento
del maestro Villon
quiero irme a mi casa
para hablar con la perra
y esperar que la trepadora
teja su verde muerte
sobre las paredes
de mi casa de siempre
a donde quiero ir contigo
para terminar el tiempo
viendo las grises lluvias
y escuchar el viento
ver en la ventana de la sala
como la trinitaria abraza
la reja con su carmesí
quiero irme a mi casa
donde en cada rincón
se mueven los recuerdos
olvidadas penas
y fiestas navideñas
quiero irme a esta casa
donde tocabas el piano
donde las paredes blancas
cerraban nuestro mundo
de largas noches cantadas
y largos mullidos silencios
Quiero irme a mi casa.
Aladár Temeshy
(Este poema pertenece a un libro recientemente presentado en la Sala Cabrujas de la Fundación Cultural Chacao, "Viajes en la noche". Una bellísima edición de La Diosa Blanca)
al anaquel de los jabones
tocar las teclas del piano
sentarme en la silla roja
y quedarme con el libro
el buen Testamento
del maestro Villon
quiero irme a mi casa
para hablar con la perra
y esperar que la trepadora
teja su verde muerte
sobre las paredes
de mi casa de siempre
a donde quiero ir contigo
para terminar el tiempo
viendo las grises lluvias
y escuchar el viento
ver en la ventana de la sala
como la trinitaria abraza
la reja con su carmesí
quiero irme a mi casa
donde en cada rincón
se mueven los recuerdos
olvidadas penas
y fiestas navideñas
quiero irme a esta casa
donde tocabas el piano
donde las paredes blancas
cerraban nuestro mundo
de largas noches cantadas
y largos mullidos silencios
Quiero irme a mi casa.
Aladár Temeshy
(Este poema pertenece a un libro recientemente presentado en la Sala Cabrujas de la Fundación Cultural Chacao, "Viajes en la noche". Una bellísima edición de La Diosa Blanca)
jueves, 7 de mayo de 2009
ESCRITO EN EL MARGEN (fragnento)
Antonia Palacios (Caracas, 1904-2001)
Al escribir no hacemos más que explorar en nosotros mismos en busca de nuestro misterio. Luego de esa exploración queda siempre una secreta realidad intransferible. La lucha por transmitir lo intransferible constituye la esencia de la creación.
En el impulso creador hay siempre revelación, advenimiento. Nada importa qu elo revelado haya estado en nosotros siempre y nos hayamos consustanciado tanto con él hasta olvidarlo. En ese redescubrir reside, en gran parte, la creación. Lo trivial se torna milagroso.
El creador se haya siempre en constante indagación de su yo. Una suerte de dragado interior hacia lo más profundo. Tarea que se dificulta a causa del mismo creador, quien levanta vallas internas y siembra de obstáculos la vía por donde avanza la indagación.
La creación posee un dinamismo propio dentro del cual se establecen pausas. La complejidad de la acción creadora propicia la lucha entre lo estático y lo activo. Aun en aquellos temperamentos inclinados por naturaleza a la acción, el goce que se desprende de facultades estáticas sobrepasa muchas veces a aquel que emana de la actividad en ebullición. Acaso el estatismo, en su origen, no sea más que una de esas pausas, vastas demoras, que se abren en medio de los gérmenes de la creación.
La creación es una aventura en la que arriesgamos la totalidad de nuestro ser. El riesgo consiste precisamente en ignorar su destino.
Para el creador la realidad resulta siempre misteriosa. La creación penetra la realidad dejando intacto su misterio para una nueva posibilidad de renovación del acto creador.
El estilo no es solamente una serie de procedimientos que la técnica pone a nuestra disposición como medio de expresión. Es también una manera de formular que nos es propia y en su iniciación la técnica no cuenta mucho. Nacemos con un estilo ligado a nuestra manera de ser, el cual comienza a afirmarse en el momento que traduce con autenticidad nuestras experiencias. En sustancia el estilo no cambia, como no cambia tampoco, en lo esencial, nuestro ser. Al paso de los años el estilo se depura en la misma manera en que la experiencia nos modifica. El estilo nos pertenece como nuestra propia piel, cambiarlo, en su esencia, sería como traicionarnos a nosotros mismos. Nuestra fidelidad al estilo es involuntaria.
El estilo encierra mucho de nuestra vida interior.
Insistir, sin premeditación, en la búsqueda, es un camino hacia el hallazgo. Trillar una y mil veces el mismo surco, horadar con terca tenacidad el punto único que sólo reconoceremos cuando de él salte la chispa. Un continuo y fervoroso roce puede revelarnos lo inaudito.
viernes, 17 de abril de 2009
ETICA DEL AIRE

Antes que nada me disculpo con los eventuales lectores de mi Bitácora, debo tener algo así como dos meses sin actualizarla. Pero mi agenda está hipercomplicada. Reanudo mis posteos, para reivindicarme con una de las mejores poetas de mi generación, Eleonora Requena, quien en tiempos recientes editó con Bid & Co. dos libros: "Mandados", ya editado con anterioridad en un pequeño tiraje y "Etica del aire". No agregaré mucho a los poemas, salvo que la poesía de Eleonora hunde sus raíces hondamente en la tradición de la lengua, cosa difícil de encontrar en las generaciones más recientes de poetas venezolanos, tan influídos, me incluyo, por la estética norteamericana. Sin más algunos poemas de "Etica del aire", de la poeta venezolana Eleonora Requena. (Se agradecen comentarios, este blog existe, entre otras razones, para compartir textos, pero también, en la medida de lo posible, para el diálogo):
Cuida el corazón
de los desfiladeros,
de caer en el precario
goce de caer
en los desfiladeros,
cuida al corazón
profundo de caer
piedras abajo,
cuídalo
de los tropiezos,
déjalo
que caiga
sin remedio.
&&&&
Las trampas del lenguaje
Los grillos, el agua por los caños, los niños dormidos,
los carros, los gatos, la vejiga llena, el vaso de agua, el
fondo de la olla de lentejas, los leves latidos del fracaso,
sus augustos planes de vuelo, las alegrías maceradas, la
cáscara dura de la madrugada, los giros, escribir sobre
esto o aquello, las flores cortadas, los niños dormidos,
el toque de diana, la mañana
Petitorios temerarios
Pido pies y manos para las palabras,
prebendas,
vientos favorables, tiempo cernido
para llegar al cuerpo firme
de tu abrazo
Kit de palabras conjuro para sacarte de mi cabeza
Sacacorchos, tirabuzón, tachadura
eclipse de sol, raticida, licor, disolvente,
ángel exterminador, papelera, catapulta,
armadura, congelador, tippex, jabón
esparadrapo, delete, delete, se acabó
miércoles, 25 de marzo de 2009
FALLECÍO STEFANIA MOSCA
Ayer, luego de una ardua lucha contra el cáncer, falleció Stefania Mosca (1957-2009). Egresada de la Escuela de Letras de la UCV y magister de la Universidad Simón Bolívar. Stefania nos deja tres extraordinarios volúmenes de cuentos: "Seres cotidianos", "Banales" y "Mediáticos", tres libros de ensayos "La memoria y el olvido" y "Borges y la utopía" y "El suplicio de los tiempos" y las novelas "La última cena", "Mi pequeño mundo" y "El circo de Ferdinand". La parodia y la ironía como herramientas de cuestionamiento de la realidad que le tocó vivir son su más evidente legado. Su vitalidad y agudeza nos queda a aquellos que tuvimos la suerte de compartir con ella. Más allá o más acá de la triste catalogación que padecemos en la actualidad los escritores venezolanos, en chavistas o no chavistas, espero que el tiempo reivindique la obra extraordinaria de esta amiga escritora, cuya obra cuentística trabajé en mi texto de grado con el cual obtuve el magister en literatura venezolana por la Universidad Central de Venezuela. Dejo aquí a los eventuales lectores de mi blog un texto que leí el año pasado en un homenaje que se le hizo a Stefania en la Fería del libro en Los Caobos. Hasta siempre, flaca:
MUJERES DE ARMAS TOMAR: FÉMINAS URBANAS DEL NUEVO MILENIO
Beatriz Alicia García
(homenaje a Stefania Mosca en la Feria Internacional del Libro de Caracas, 2008)
Hablar hoy de la mujer venezolana y sus distintos roles en la sociedad nos parece natural, pero apenas 50 años atrás nuestras mujeres sólo tenían una aspiración en la vida: encontrar un buen marido, conformar un hogar y una familia y ser "feliz para siempre". En ese entonces era jurídicamente menor de edad, debía representarla una figura masculina de la familia: el padre, un hermano, si era soltera, o el marido, si era casada. Esa situación, sin duda, limitaba sus posibilidades de crecer personalmente y desarrollarse a plenitud como ser humano. Sin hablar, digamos, de lo que podía significar tener que aguantar "para siempre", "en las buenas y en las malas" y con todos los cachos posibles, a un esposo que les saliera malo. Entre madres y monjas se quedaba la cosa, para no mencionar otros roles indecorosos que se nos han endilgado desde la antigüedad, como el de ser brujas o prostitutas, ser las culpables de la perdición de los hombres, desde que Adán y la raza humana fueran arrojados del Paraíso, por culpa de una mujer malvada llamada Eva.
Afortunadamente para nosotras hoy las cosas han cambiado. Las mujeres hoy nos movemos en distintos ámbitos de actuación, que van desde los roles tradicionales de esposas y madres, pasando por el desempeño en distintas profesiones, llegando incluso a presidir altos cargos públicos, hoy tenemos una presidenta en la Asamblea Nacional y otra en la Corte Suprema de Justicia. Pero en realidad, ¿qué tanto han cambiado las cosas en el terreno de lo íntimo, de lo privado?¿Qué tanto han cambiado las relaciones entre los hombres y las mujeres?¿No se sigue esperando que la mujer sea la responsable de las labores típicamente hogareñas, además de atender sus responsabilidades profesionales?¿De qué modo representa la literatura, y en específico nuestra literatura, a la figura femenina?
En los años recientes me planteé, como proyecto de grado para obtener el grado de magister en literatura venezolana, revisar de qué modo algunas de las escritoras venezolanas contemporáneas han representado en su narrativa breve a la mujer y los roles sociales que cumple en la actualidad. En una investigación anterior había encontrado que durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX los escritores habían reiterado una visión tradicional y trágica del sujeto femenino. En sus textos narrativos las mujeres o eran buenas y maltratadas por el hombre, (con frecuencia se volvían locas o tenían una muerte prematura) o eran seductoras y destruían a los hombres que las amaban, o por lo menos los llevaban por el mal camino. No había términos medios.
Dos años atrás, o quizá un poco más, leyendo algunos cuentos de Seres cotidianos de Stefania me llamó la atención precisamente la galería diversa de personajes femeninos que había en ese libro, los cuales no se atenían a las representaciones tradicionales del sujeto femenino. Como había tenido que descartar mi proyecto inicial para culminar la maestría, me dije, tal vez ése podría ser un proyecto interesante, es decir, indagar en ése y otros libros de cuentos escritos por mujeres si ellas, a diferencia de los escritores hombres, estaban proponiendo en sus textos una visión distinta de la mujer. Estas mujeres urbanas representadas en Seres cotidianos no eran dulces y resignadas féminas sufriendo a causa de algún machista maluco. Sufrían sí, porque la mayor parte de ellas eran mujeres abandonadas por su amado, pero no se resignaban en lo absoluto, en su discurso con frecuencia lo increpaban, le pedían explicaciones, pedían la cabeza del ingrato. Como es el caso de los personajes de "Unas son de despecho" y "Alegato". Veamos:
"La verdad, sin camisa verde en el recuadro, la verdad, chico. La verdad es el estatus, por qué perderlo, la verdad, es que imposible tú y yo, no estoy tan loco por ti para dejarlo todo" ("Unas son de despecho")
"Muy bien: engañas, dices un falso paradero, das falsas razones. No sé cómo puedes pensar que soy tan tonta. Me enfurezco. De pronto puede invadirme de modo total la urgencia de tu sangre, comer de ella, ver ajada la sonrisa de burla y futil satisfacción en la cara de tu nombre que anda por allí diciendo más mentiras y cree que así conseguirá su sitio en el mundo" ("Alegato")
Estos narratarios, a quienes se dirigen estas mujeres "de armas tomar", son hombres de poder, y el poder es un tema sobre el que le ha interesado indagar a Stefania. En sus novelas "Mi pequeño mundo" y "El circo de Ferdinand" se parodia, con no poco de aguda reflexión y terrible ironía, los traspatios del poder, los laberintos destructivos que pueden vincularse al poder político, económico. Al final de ambas novelas la violencia acaba con los protagonistas, los destruye. En algunos de sus textos breves, la violencia es también un eje temático, pienso en cuentos como "Sotto voce" o "Acorralada" de Seres cotidianos, que se centran en las secuelas psicológicas de la violencia:
"Tengo su mano amarga en el rostro; sentí la ira y el dolor por cada uno de sus dedos; el dolor, y no soy patética, sino dolor, ustedes entienden, esa cosa de todos los días que uno arrastra" ("Sotto voce")
"Mi futuro no me alivia aunque sea dichoso ¿entienden?" ("Sotto voce")
"Los veo de cacería, sedientos, ávidos de una presa" (Acorrala)
"Son las dos de la mañana y ya debería suponer que se han cansado, que la cinta o la película se les acabó por hoy. Pero lo sé, lo temo, creo que me escuchan pensar. Quiero olvidar su amenaza...Y si me descubren. Si hay algo equivocado en mi intimidad, en mis preferencias" ("Acorralada")
Mientras que en un relato como "Residencias Pascal" nos encontramos in sito con los acontecimientos, no hay mucho espacio para la imaginación, desde la primera línea estamos en plena balacera. Cito:
"La bala apenas si rozó la noche que salía mecánica del ascensor. Una sombra saboteaba la cinta de programación de nuestro único y apenas sobreviviente elevador. El profesor alemán del pent house lo sorprendió. Era Souto, el pistolero del Pascal. Al verse descubierto, el hombre bajo, regordete, de ascendencia portuguesa, turbio e intimidador, sacó su revólver y disparó a la rodillas de mi her proffesor."
La violencia de nuestra ciudad ya no es definitivamente algo que se lee en los periódicos sino que se ha metido en el hogar, en los pasillos del edificio de esta narradora y de las otras a las que he hecho referencia. Pero hablemos mejor de acontecimientos menos trágicos, hablemos de las afroditas que se pasean por los relatos de Stefania.
En su segundo libro de cuentos de Banales, me encontré con personajes como Marlene Díaz, protagonista de "La chica cosmo", quien descubre en su adolescencia en la revista Cosmopolitan "un modelo alternativo de mujer, un modelo preferible" al de las ama de casa abnegadas y frustradas como su madre, "por primera vez la mujer se le presentaba gozosa además de bella". En adelante Marlene va a consagrar su vida en convertirse en una "chica cosmo", para las cuales la vida es un goce y no un resignado martirio. En este grupo de bellas se encuentran también las protagonistas de "Gimnasio", uno de los cuentos emblemáticos de la narrativa moscaniana. Por una parte encontramos a una señora, ya no tan joven, que procura mantenerse decorosamente bien en el gimnasio, la cual coincide a la salida del local con "Lola", la "tranfor" más cotizada de Caracas, quien le pide que le de la cola, porque no se siente bien. A ambas las une su interés por la apariencia física, su necesidad de simular, aunque por distintas razones, que son algo que no son. La mujer clase media tiene todo arsenal de productos y rutinas para "mantenerse" joven, aunque ya no lo es; mientras que "Lola" también construye un personaje femenino, con su ropa y su maquillaje, aunque biológicamente ha nacido hombre.
La influencia de lo mediático y la cultura de masas es otro de los ejes de la narrativa de Stefania. No por azar su tercer compendio de relatos se llama Mediáticos y uno de los personajes de este compendio, la mujer que protagoniza "Patz" es un personaje de televisión que está a punto de abandonar al marido, con quien mantiene una simulada historia conyugal feliz. Veamos que nos dice este personaje sobre la idiosincracia nacional: "Nuestra patria, condenada al culto de los héroes, ha olvidado el valor de la vida, de las personas normales. O te rasgas las vestiduras por la patria, o te metes a revolucionario y te follas a todas las niñas del campamento, o te metes a marica. No tenemos valores para la vida normal".
Quisiera cerrar esta galería de personajes femeninos de Stefania Mosca, con dos de sus personajes más interesantes. Uno es una bruja moderna, Astrid, quien protagoniza uno de los relatos más bellos, poéticos y enigmáticos de la autora sobre la que hoy conversamos: "Rostro de mujer" (Seres cotidianos). Ella parece simbolizar el arquetipo que ha vinculado a la mujer con lo oscuro, lo misterioso. Ella ha seducido desde su balcón a Eduardo, quien estaba de paso por la ciudad donde ella vive y ha quedado hechizado al verla. Eduardo, que es el narrador de la historia, la describe así:
"Era tan hermosa. Pese a todas las cosas que llevaba puestas. Las lagartijas bajo la manga, el cofre de plata entre las piernas, unas bolitas de naftalina en los bolsillos, una jaula vacía en las caderas. Pese a no parecerse a nada ni a nadie, Astrid era hermosa".
Cierro mi intervención con uno de los personajes femeninos más transgresores que he leído en la narrativa venezolana, el personaje protagónico de "Passion Fruit" de Banales. Ella es una Afrodita de avanzada edad quien regenta una glamorosa casa de citas, cuyos clientes son profesionales universitarios de buen poder adquisitivo. Pero ella de ningún modo es espectadora nostálgica de lo que sucede en el salón rococó de su morada, por el contrario es participante activa y gozosa de las relaciones sexuales en grupo, en las que participan dos amantes predilectos: un joven ingeniero y un enano violinista que musicaliza las veladas y posee un miembro extraordinariamente dotado para el placer. Las veladas se inician con la degustación de buena comida y buenos caldos, y luego terminan en el salón rococó. En este relato encontramos un lenguaje irónico y paródico, que de principio a fin atrapa al lector. Copio las líneas iniciales:
"Vuelvo al jardín. Cierro los ojos para atrapar el alma de la noche que se hace en tu boca. Mira como suspiras. Estamos acabaditas por dentro. Como las parchitas de Don Alonso. De tanto esperar a que maduren ya están rancias. Secas. Muy arrugadas. Como tú. Quien iba a decir que tu vecino ingeniero agrónomo fuese así, tan bien dotado de cariño, ¡guao!....mi vida"
La mayoría de estas féminas a las que he hecho referencia son mujeres urbanas, e independientes, pero sobre todo, rompen con el esquema tradicional de lo que una mujer debe ser: resignadas y entregadas madres y esposas. Son, en definitiva "mujeres de armas tomar", que además no dejan de ser femeninas, van al gimnasio, cuidan su cutis, disfrutan, hasta donde la trama se los permite, de los favores del macho. Si bien al finalizar mi investigación concluí que la mayoría de los personajes representados no eran felices o no tenían un final feliz; lo que definitivamente si se hizo evidente es que algo está cambiando respecto a la representación de la mujer, en la sociedad y en la literatura: la mujer hoy ha emprendido un difícil viraje en su modo de autodefinirse, y por lo pronto ni ellas mismas ni sus compañeros saben muy bien como replantearse la relación de pareja y eso crea conflictos.
Beatriz Alicia García
(homenaje a Stefania Mosca en la Feria Internacional del Libro de Caracas, 2008)
Hablar hoy de la mujer venezolana y sus distintos roles en la sociedad nos parece natural, pero apenas 50 años atrás nuestras mujeres sólo tenían una aspiración en la vida: encontrar un buen marido, conformar un hogar y una familia y ser "feliz para siempre". En ese entonces era jurídicamente menor de edad, debía representarla una figura masculina de la familia: el padre, un hermano, si era soltera, o el marido, si era casada. Esa situación, sin duda, limitaba sus posibilidades de crecer personalmente y desarrollarse a plenitud como ser humano. Sin hablar, digamos, de lo que podía significar tener que aguantar "para siempre", "en las buenas y en las malas" y con todos los cachos posibles, a un esposo que les saliera malo. Entre madres y monjas se quedaba la cosa, para no mencionar otros roles indecorosos que se nos han endilgado desde la antigüedad, como el de ser brujas o prostitutas, ser las culpables de la perdición de los hombres, desde que Adán y la raza humana fueran arrojados del Paraíso, por culpa de una mujer malvada llamada Eva.
Afortunadamente para nosotras hoy las cosas han cambiado. Las mujeres hoy nos movemos en distintos ámbitos de actuación, que van desde los roles tradicionales de esposas y madres, pasando por el desempeño en distintas profesiones, llegando incluso a presidir altos cargos públicos, hoy tenemos una presidenta en la Asamblea Nacional y otra en la Corte Suprema de Justicia. Pero en realidad, ¿qué tanto han cambiado las cosas en el terreno de lo íntimo, de lo privado?¿Qué tanto han cambiado las relaciones entre los hombres y las mujeres?¿No se sigue esperando que la mujer sea la responsable de las labores típicamente hogareñas, además de atender sus responsabilidades profesionales?¿De qué modo representa la literatura, y en específico nuestra literatura, a la figura femenina?
En los años recientes me planteé, como proyecto de grado para obtener el grado de magister en literatura venezolana, revisar de qué modo algunas de las escritoras venezolanas contemporáneas han representado en su narrativa breve a la mujer y los roles sociales que cumple en la actualidad. En una investigación anterior había encontrado que durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX los escritores habían reiterado una visión tradicional y trágica del sujeto femenino. En sus textos narrativos las mujeres o eran buenas y maltratadas por el hombre, (con frecuencia se volvían locas o tenían una muerte prematura) o eran seductoras y destruían a los hombres que las amaban, o por lo menos los llevaban por el mal camino. No había términos medios.
Dos años atrás, o quizá un poco más, leyendo algunos cuentos de Seres cotidianos de Stefania me llamó la atención precisamente la galería diversa de personajes femeninos que había en ese libro, los cuales no se atenían a las representaciones tradicionales del sujeto femenino. Como había tenido que descartar mi proyecto inicial para culminar la maestría, me dije, tal vez ése podría ser un proyecto interesante, es decir, indagar en ése y otros libros de cuentos escritos por mujeres si ellas, a diferencia de los escritores hombres, estaban proponiendo en sus textos una visión distinta de la mujer. Estas mujeres urbanas representadas en Seres cotidianos no eran dulces y resignadas féminas sufriendo a causa de algún machista maluco. Sufrían sí, porque la mayor parte de ellas eran mujeres abandonadas por su amado, pero no se resignaban en lo absoluto, en su discurso con frecuencia lo increpaban, le pedían explicaciones, pedían la cabeza del ingrato. Como es el caso de los personajes de "Unas son de despecho" y "Alegato". Veamos:
"La verdad, sin camisa verde en el recuadro, la verdad, chico. La verdad es el estatus, por qué perderlo, la verdad, es que imposible tú y yo, no estoy tan loco por ti para dejarlo todo" ("Unas son de despecho")
"Muy bien: engañas, dices un falso paradero, das falsas razones. No sé cómo puedes pensar que soy tan tonta. Me enfurezco. De pronto puede invadirme de modo total la urgencia de tu sangre, comer de ella, ver ajada la sonrisa de burla y futil satisfacción en la cara de tu nombre que anda por allí diciendo más mentiras y cree que así conseguirá su sitio en el mundo" ("Alegato")
Estos narratarios, a quienes se dirigen estas mujeres "de armas tomar", son hombres de poder, y el poder es un tema sobre el que le ha interesado indagar a Stefania. En sus novelas "Mi pequeño mundo" y "El circo de Ferdinand" se parodia, con no poco de aguda reflexión y terrible ironía, los traspatios del poder, los laberintos destructivos que pueden vincularse al poder político, económico. Al final de ambas novelas la violencia acaba con los protagonistas, los destruye. En algunos de sus textos breves, la violencia es también un eje temático, pienso en cuentos como "Sotto voce" o "Acorralada" de Seres cotidianos, que se centran en las secuelas psicológicas de la violencia:
"Tengo su mano amarga en el rostro; sentí la ira y el dolor por cada uno de sus dedos; el dolor, y no soy patética, sino dolor, ustedes entienden, esa cosa de todos los días que uno arrastra" ("Sotto voce")
"Mi futuro no me alivia aunque sea dichoso ¿entienden?" ("Sotto voce")
"Los veo de cacería, sedientos, ávidos de una presa" (Acorrala)
"Son las dos de la mañana y ya debería suponer que se han cansado, que la cinta o la película se les acabó por hoy. Pero lo sé, lo temo, creo que me escuchan pensar. Quiero olvidar su amenaza...Y si me descubren. Si hay algo equivocado en mi intimidad, en mis preferencias" ("Acorralada")
Mientras que en un relato como "Residencias Pascal" nos encontramos in sito con los acontecimientos, no hay mucho espacio para la imaginación, desde la primera línea estamos en plena balacera. Cito:
"La bala apenas si rozó la noche que salía mecánica del ascensor. Una sombra saboteaba la cinta de programación de nuestro único y apenas sobreviviente elevador. El profesor alemán del pent house lo sorprendió. Era Souto, el pistolero del Pascal. Al verse descubierto, el hombre bajo, regordete, de ascendencia portuguesa, turbio e intimidador, sacó su revólver y disparó a la rodillas de mi her proffesor."
La violencia de nuestra ciudad ya no es definitivamente algo que se lee en los periódicos sino que se ha metido en el hogar, en los pasillos del edificio de esta narradora y de las otras a las que he hecho referencia. Pero hablemos mejor de acontecimientos menos trágicos, hablemos de las afroditas que se pasean por los relatos de Stefania.
En su segundo libro de cuentos de Banales, me encontré con personajes como Marlene Díaz, protagonista de "La chica cosmo", quien descubre en su adolescencia en la revista Cosmopolitan "un modelo alternativo de mujer, un modelo preferible" al de las ama de casa abnegadas y frustradas como su madre, "por primera vez la mujer se le presentaba gozosa además de bella". En adelante Marlene va a consagrar su vida en convertirse en una "chica cosmo", para las cuales la vida es un goce y no un resignado martirio. En este grupo de bellas se encuentran también las protagonistas de "Gimnasio", uno de los cuentos emblemáticos de la narrativa moscaniana. Por una parte encontramos a una señora, ya no tan joven, que procura mantenerse decorosamente bien en el gimnasio, la cual coincide a la salida del local con "Lola", la "tranfor" más cotizada de Caracas, quien le pide que le de la cola, porque no se siente bien. A ambas las une su interés por la apariencia física, su necesidad de simular, aunque por distintas razones, que son algo que no son. La mujer clase media tiene todo arsenal de productos y rutinas para "mantenerse" joven, aunque ya no lo es; mientras que "Lola" también construye un personaje femenino, con su ropa y su maquillaje, aunque biológicamente ha nacido hombre.
La influencia de lo mediático y la cultura de masas es otro de los ejes de la narrativa de Stefania. No por azar su tercer compendio de relatos se llama Mediáticos y uno de los personajes de este compendio, la mujer que protagoniza "Patz" es un personaje de televisión que está a punto de abandonar al marido, con quien mantiene una simulada historia conyugal feliz. Veamos que nos dice este personaje sobre la idiosincracia nacional: "Nuestra patria, condenada al culto de los héroes, ha olvidado el valor de la vida, de las personas normales. O te rasgas las vestiduras por la patria, o te metes a revolucionario y te follas a todas las niñas del campamento, o te metes a marica. No tenemos valores para la vida normal".
Quisiera cerrar esta galería de personajes femeninos de Stefania Mosca, con dos de sus personajes más interesantes. Uno es una bruja moderna, Astrid, quien protagoniza uno de los relatos más bellos, poéticos y enigmáticos de la autora sobre la que hoy conversamos: "Rostro de mujer" (Seres cotidianos). Ella parece simbolizar el arquetipo que ha vinculado a la mujer con lo oscuro, lo misterioso. Ella ha seducido desde su balcón a Eduardo, quien estaba de paso por la ciudad donde ella vive y ha quedado hechizado al verla. Eduardo, que es el narrador de la historia, la describe así:
"Era tan hermosa. Pese a todas las cosas que llevaba puestas. Las lagartijas bajo la manga, el cofre de plata entre las piernas, unas bolitas de naftalina en los bolsillos, una jaula vacía en las caderas. Pese a no parecerse a nada ni a nadie, Astrid era hermosa".
Cierro mi intervención con uno de los personajes femeninos más transgresores que he leído en la narrativa venezolana, el personaje protagónico de "Passion Fruit" de Banales. Ella es una Afrodita de avanzada edad quien regenta una glamorosa casa de citas, cuyos clientes son profesionales universitarios de buen poder adquisitivo. Pero ella de ningún modo es espectadora nostálgica de lo que sucede en el salón rococó de su morada, por el contrario es participante activa y gozosa de las relaciones sexuales en grupo, en las que participan dos amantes predilectos: un joven ingeniero y un enano violinista que musicaliza las veladas y posee un miembro extraordinariamente dotado para el placer. Las veladas se inician con la degustación de buena comida y buenos caldos, y luego terminan en el salón rococó. En este relato encontramos un lenguaje irónico y paródico, que de principio a fin atrapa al lector. Copio las líneas iniciales:
"Vuelvo al jardín. Cierro los ojos para atrapar el alma de la noche que se hace en tu boca. Mira como suspiras. Estamos acabaditas por dentro. Como las parchitas de Don Alonso. De tanto esperar a que maduren ya están rancias. Secas. Muy arrugadas. Como tú. Quien iba a decir que tu vecino ingeniero agrónomo fuese así, tan bien dotado de cariño, ¡guao!....mi vida"
La mayoría de estas féminas a las que he hecho referencia son mujeres urbanas, e independientes, pero sobre todo, rompen con el esquema tradicional de lo que una mujer debe ser: resignadas y entregadas madres y esposas. Son, en definitiva "mujeres de armas tomar", que además no dejan de ser femeninas, van al gimnasio, cuidan su cutis, disfrutan, hasta donde la trama se los permite, de los favores del macho. Si bien al finalizar mi investigación concluí que la mayoría de los personajes representados no eran felices o no tenían un final feliz; lo que definitivamente si se hizo evidente es que algo está cambiando respecto a la representación de la mujer, en la sociedad y en la literatura: la mujer hoy ha emprendido un difícil viraje en su modo de autodefinirse, y por lo pronto ni ellas mismas ni sus compañeros saben muy bien como replantearse la relación de pareja y eso crea conflictos.
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