lunes, 7 de julio de 2008

El Salmón ataca de nuevo

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la presentación del No. 2 de la revista El Salmón, iniciativa de dos jóvenes poetas venezolanos: Santiago Acosta y Willie McKey. Celebro la iniciativa de ambos para recuperar la memoria poética venezolana, recorrer su cauce, indagar en sus voces conocidas y olvidadas. Cada número ya publicado se organiza en torno a un tema. El No. 1 giró en torno al río y el No. 2 en torno a la vastedad. Una bella y necesaria iniciativa que apoyaré en la medida de mis posibilidades. La revista puede comprarse en El Buscón, donde se presentó el No. 2 a Bs.F. 10 y supongo que en otras librerías de Caracas donde estuvo el No. 1 como la librería Noctua en el Centro Plaza en Los Palos Grandes.

Este miércoles a las 5 pm se realizará en la Sala E (Sala Francisco de Miranda) de la Universidad Central de Venezuela (Frente a la BIblioteca Central) un homenaje a Eugenio Montejo. Hoy se cumple un mes de su muerte y diversos poetas caraqueños le harán también un pequeño homenaje, leerán sus textos. Como hoy no doy clases el miércoles cerraré mis clases de Castellano II en la Escuela de Comunicación Social de la UCV leyendo un poema de Eugenio. Ha sido, después de todo un semestre lleno de entusiasmo y poesía. En este mismo blog he posteado algunos de los textos que me han entregado mis alumnos y aún seguiré posteándolos por un tiempo más.

sábado, 28 de junio de 2008

REGRESO


a Santiago Acosta

y a Willie McKey

con mi gratitud


Como quien deja todo atrás

y se adentra en lo vasto

voy

desasistida

íngrima

en este hondo instante

entrampada en el silencio

la terca soledad

más adentro

más adentro

donde rozo la herida

su puñal

ardiendo

regreso a mis anchas praderas

sollozantes

regreso

a la intemperie

no quiero asideros

ninguno

no

no quiero manos labios

palabras

quiero este aquí

azotándome

sin tiempo sin nada

sin nadie

éste

que anhelaba con ahínco

sin saberlo

quiero este aquí

sin nombre

que me aguardaba.



Caracas, junio 2008



Beatriz Alicia García

sábado, 21 de junio de 2008

Poesía en la televisión

Hace poco tuve la oportunidad de ver en el canal i de Caracas (canal 55, antiguo Puma TV) un programa de Bettsimar Díaz "Entre versos", que recomiendo a los lectores de mi blog. Es los martes a las 7 pm. En este programa Bettsimar entrevista poetas, lee versos de otros. Es un grato programa para los amantes de la poesía. Por su parte, los amigos de Relectura tienen un programa los martes también que pueden escuchar por la emisora cultural 97.7 FM a las 8:30 pm. Los domingos entre 11 am y 12 del mediodía en Radio Caracas Radio AM 750 J.M. Maldonado tiene su programa La Librería Sónica.

Mi estrés sigue a millón, pero he procurado seguir dejando algunos post para mis fieles lectores. Qué tal si dejan algún comentario. Sería chévere. Uno escribe estas cosas para dialogar y compartir ¿no? Sobre todo los que solemos ser escritores algo neuróticos y solitarios pero que nos gusta compartir nuestros hallazgos. Pronto colgaré otro cuento de uno de mis alumnos.


Chao, Feliz fin de semana,


Beatriz Alicia

miércoles, 18 de junio de 2008

Poesía italiana Contemporánea 2

Estos días tan veloces y atariados me tienen un poco borde, pero no puedo abandonar a los gentiles lectores de este blog, aunque a veces no dejen comentarios. Transcribo aquí poema de la antología de poesía italiana contemporánea, sobre la cual comenté días atrás, cuando copié poema de Davide Rondoni. Esta antología fue recientemente editada por Monte Ávila Editores, se llama "Caminos del agua". Copiaré un poema en español, que es lo que puedo hacer en estos breves minutos de los que dispongo. La selección y traducción de esta antología es de Erika Reginato.

LOS SIGNOS DEL CIELO

II

Si todo sucede a nuestras espaldas
y extraños en la ciudad son los signos del cielo
quién los recogerá allá abajo
donde los rayos persiguen
los dóciles grumos mondados aún crudos
y medio vacíos, las ramas
del verde aniquilado, el tronco
obligado a arrodillarse
como quien recibe un disparo en la nuca.
¿Quién nutrirá entre sus nidos adheridos
la fuerza viva de la abubilla sedentaria
y el concertado vuelo de las garzas
si todo a nuestras espaldas cae?

Biancamaria Frabotta

viernes, 13 de junio de 2008

CANTAMOS



Aquí dejo un poema de un amigo español, de Zaragoza, excelente poeta y cuentista.



CANTAMOS

Sostendré esta canción hasta que la verdad

me derrote y me cierre los labios.

"Cantores"

Gabriel Sopeña

Cantamos porque la vida lo precisa.

Porque al mágico influjo de la música

porque al cantar se cauterizan las heridas

y nace entre las manos una espiga

que eleva su estatura hacia el sonido

que fluye interminable, que germina

y se expande como un polen de promesas

por la extensión sin límite del cielo.

Cantamos porque el canto es necesario

Porque en alguna parte, alguien que sufre,

necesita los versos, las notas que tañemos,

los acordes que inventa nuestra lira.


(Pésimo conversador es el silencio,

hay que romper su círculo encantado

y lanzar hacia el viento las palabras

como un cauce perpetuo que no tiembla

ante el rugido atronador de sus sicarios.


Cantamos nuestra dicha y nuestra pena,

el pan que nuestras bocas alimenta

y el vino que nos roba la consciencia.


El canto es una lucha que no ceja,

una herramienta contra las cadenas,

un estandarte imprescindible, una luz plena

que no apagan las noches de derrota

ni el severo fluir de lágrimas doradas.


Mi canto es una bandera de horizontes,

una hoguera de manos enlazadas,

un coro de palomas que despiertan


Sergio Borao Llop





Sergio Borao Llop http://sbllop.blogia.com

lunes, 9 de junio de 2008

SILENCIOS


a Eugenio Montejo, inmemoriam


Una tarde silenciosa

es buena

para despedir a un poeta;

aunque en verdad no tenga

palabras apropiadas.


Nunca me ha pertenecido otro paisaje,

Eugenio, que las veloces autopistas,

que como exiliados en tierra extranjera

entran en mis sueños

en la duermevela.


Pero tus versos

acompañaron mi adolescencia caraqueña

con su terredad,

llenándola de árboles y pájaros,

de paisajes remotos y lejanos en el tiempo

que se me hicieron familiares.


Como quien entra en un cuento de hadas

entre de la mano de Mafer Palacios

en tu poema de la casa:

"En lo profundo del cuerpo de la mujer

se construye la casa,

entre murmullos y silencios"...

Yo que nunca he podido

hacer casa

en tu poema la casa se hacía.


Dioses olvidados

habitaban tus poemas

como Orfeo y su lira,

porque aún en tus versos

la música del idioma

encontraba su tono y su métrica.


En el viejo y humilde taller blanco

de tu padre

se amasaron versos junto al pan,

se templaba

la hondura de tus estrofas.


En este triste silencio

que te convoca,

los dioses sean propicios,

para que tu palabra y la mía

puedan diaogar,

en ese breve instante que es la vida,

en ese breve instante que es la muerte,

en este instante del adiós.



Beatriz Alicia García

sábado, 7 de junio de 2008

Novísimos narradores caraqueños 3


VIDA DE VACA


Leonor Roquett


Siempre se había sentido tan especial, todas las mañanas se levantaba con la luz del sol en sus hermosos párpados, el canto del gallo llegaba a su aposento mientras estiraba sus coquetas pezuñas. Definitivamente era la favorita del señor, siempre la cuidaba: "Este hombre si me quiere. No me puedo fijar en esos toros cuando tengo estas fuertes manos que me cuidarán hasta el fin de mis días; él se fija más allá de mis brillantes manchas negras o de mis largas pestañas, él me quiere por lo que soy".

Mientras el gallo continuaba su alarmante canto, unos pies fríos se posaron en las tablas de madera, caminaron hacia el baño en donde después de lavar su cara el granjero observó a la vaca, tan inerte, sucia, casi estúpida a veces; era el animal que más odiaba, su olor le repugnaba, el tiempo que pasaba cuidando a aquel asqueroso animal era sólo por obligación, pero contaba los días para el término de ese lastimoso deber.

Al oír los fuertes pasos de su fiel amado la vaca se paraba en la pose más seductora que un animal de cuatro patas podía lograr, sus ojos brillaban y su cola realizaba movimientos casi hipnóticos, sabía que todos los métodos que con tanta precisión estudiaba y practicaba en sus ratos de soledad surtían efecto ya que, el hombre en cuestión, no pasaba un día sin visitarla y las comidas románticas que le servía a diario la impresionaban cada vez más, los ricos manjares de pasto que le brindaba no se comparaban con aquellos ofrecidos por sus pretendientes toros.

Mientras él se acercaba, los sonidos de ese condenado animal se hacían más fuertes, el olor penetraba en su cuerpo mientras sus pies seguían moviéndose casi a manera de tortura al inevitable encuentro. Observaba su pelaje, sus movimientos torpes y su molesta presencia mientras la atendía con la mayor rapidez posible, sin olvidar que ese día se acercaba cada vez más con el pasar de los minutos.

La vaca pasaba el día recreando en su cabeza el tan precioso momento, y realizando planes para el siguiente día, pero ésta no era cualquier vaca, ella era ambiciosa, se veía a sí misma como dueña y señora de la hacienda porque la relación sería formal. La vaca se perdía en tan hermoso recuerdo. Al parecer la vaca no escuchaba la risa constante de sus compañeros animales, se habían cansado de hacerla entrar en razón y se limitaban a hacer comentarios entre ellos en forma jocosa.

El granjero se sentía feliz de que su momento con la vaca había terminado, aunque lo atormentaba la idea de que el próximo día otro espantoso encuentro se tenía que llevar a cabo. Pero pronto su tormento terminaría.

Ese día el gallo cantó de manera más estruendosa, los animales susurraban la noticia conocida por todos, por todos excepto por la vaca, lo spollitos reunidos en grupo movían sus pequeñas alitas mientras el granjero caminaba con paso decidido.

Al ver que el granjero deseaba llevarla a un lugar alejado la vaca no puso resistencia. El granjero, aún asqueado por la cercanía del animal caminaba de forma apresurada. La vaca con sus grandes y enamorados ojos se dejaba llevar por tan fuertes manos, deseando que ese moento durara para siempre. Al fin llegaron al lugar, ambos corazones latían sin cesar, ambos nerviosos, exaltados por lo que venía; el común ruido de los animales era inexistente.

La vaca al ver los brillantes cuchillos al frente de su cuerpo sintió una enorme decepción, una tristeza que hacía brotar lágrimas de sus ojos. Se sentía traicionada, humillada, decepcionada ante su propio destino. Allí estaba él, causante de tantas alegrías y ahora de tanto sufrimiento, batiendo los cuchillos en señal de victoria. Era el momento más esperado, su felicidad se notaba en su brillante sonrisa, mientras saboreaba de forma anticipada la rica parrilla del almuerzo del próximo día, mientras la vaca reafirmaba entre sollozos que todos los hombres son iguales.