martes, 31 de marzo de 2020

PIEDRA DE SOL





                     El 31 de marzo de 1914, nació el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz. Paz ha sido para mí un referente fundamental desde hace más de treinta años, es uno de los escritores latinoamericanos que más he leído y que más les he leído a mis alumnos, especialmente su obra ensayística, pero es también un extraordinario poeta. El primer libro suyo que leí El arco y la lira, me lo prestó mi profesor de Castellano y Literatura del bachillerato, Mario Fernández. Sigue siendo hoy un libro de referencia para mí. Conozco pocos libros tan completos que traten sobre la Poesía y la escritura poética. Hoy para recordarlo quisiera compartir fragmentos de uno de sus poemas que más me gusta, “Piedra de sol”. Este poema pertenece a su libro La estación violenta (1948-1957). Sus versos poseen un ritmo extraordinario, son como un río que te lleva, así mismo lo expresa el poeta en una de las primeras imágenes del poema, el cual se inicia con un elemento que se reitera a través de su obra poética, el agua. Simbólicamente el agua podemos vincularla con la gestación, pero también con el fluir de la vida, que no se detiene, hasta que se detiene del todo. Ya lo decía Heráclito en la Antigüedad, “no nos bañamos dos veces en el mismo río”. Estos versos de Paz en su ritmo, en su composición así lo reiteran, en su recorrido por los avatares de la vida, en su incesante caminar allí representado. Del río pasa al mar, a la luz que ilumina los caminos, para llegar al cuerpo de la amada, que es también una ciudad, una ciudad asediada.

PIEDRA DE SOL
(Fragmentos iniciales)

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
                                   un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana todas la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,
una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrada por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido (…)

Octavio Paz

miércoles, 25 de marzo de 2020

POEMA DE MARIO LUZI



       
POEMA DE MARIO LUZI

Despierto en la madrugada, mi conciencia semidormida piensa en la castigada Italia. Su belleza quizá, su historia, que sigue viviendo en sus monumentos, su arquitectura, sus museos, que la han llenado de turistas de todo el mundo diariamente, deben ser la causa de que el COVID-19 se haya expandido tan terriblemente allí. Le envío luz, buenas vibras. Es una pequeña velita, pero luz al fin. Entonces, busco al azar en mi biblioteca algún poeta italiano para compartir sus versos en esta bitácora, como otra manera de conectarme de una manera bella, positiva con Italia, con los italianos, que tanta belleza, tanto arte han dado al mundo. Y encuentro este libro de Mario Luzi Viaje terrestre y celeste de Simone Martini. Son versos sobre un pintor viajero. Y habla de la luz, que aún en días nublados, permanece, como las fuentes, aún en días nublados, no enmudecen:

“En días nublados
o de neblina
                      se oscurecen
                                                       entonces
en la semipenumbra las fuentes,
pero no enmudecen.
                                                  Viene
                                    de ellas
como desenterrándose un canto
sombrío
                       que lentísimamente se transforma
                        en claridad celestial, en esquirla,
ultraluminosa aguja.
                                                 Tiene
una luz la sombra,
una voz la nube
en la inconmensurable armonía.
Lo sabe, él, perfectamente,
está excavada de la roca
de su convicción esa sabiduría.

Mario Luzi
Viaje terrestre y celeste de Simone Martini

Traducción María Luisa Ruchi Crespo

Texto original en italiano

(“In giorni di nubi/e di calígine” / si oscurano/allora / nella semitenebra le fonti, / non ammutoliscono però. / Viene  / da loro / come dissepolto un canto / cupo / che lentissimamente si trasmuta /  chiarore celestiale, in squilla, / ultraluminosa guglia. / Ha / una luce l’ombra, / una voce il nembo / nell’incommensurabile concento . / Lo sa, lui, perfettamente, è cavata dalla roccia / del suo convincimento quella sapienza.)

viernes, 20 de marzo de 2020

CENTENERIO ANDREÉ CHEDID




            Hay poetas cuya obra te acompaña a través de los años. Andrée Chedid ha sido una de mis poetas de cabecera, desde que recibí sus versos de manos de Alfredo Silva Estrada, poeta y traductor venezolano, durante una visita que hice a su casa, a comienzos de la década del 90. Silva Estrada había traducido una selección de textos de Chéedid que se publicaron bajo el nombre de Sobre-vivencia de Soles (1985). Desde mi primera lectura quedé prendada de sus versos, de sus poemas profundamente humanos, que también reflexionaban sobre el acto mismo de la escritura. Quisiera iniciar este texto sobre sus versos compartiendo una de sus poéticas, a manera de presentación y como punto de partida para acercarnos a su vida y a su obra:

POESÍA II

Lo que es más que la palabra
pero que la palabra libera

Lo que es perecedero
pero renace más adelante

Lo que naufraga profusamente
pero sin cesar se construye

Lo que siempre nos sobrepasa
pero de su pasar somos semillla

Lo que tiene nombre de vida
pero que los días apartan

Lo que es evidencia
pero permanece en suspenso

            Para hablar de su biografía comenzaré por decir que nació en El Cairo, Egipto, el 20 de marzo de 1920, dos años después de que terminase la Primera Guerra Mundial. Egipto era aún protectorado de los ingleses. El nombre de la poeta, el que le dieron sus padres, fue Andrée Saab. El apellido Chedid, con el que conocemos su obra no es el de su padre, lo toma de Louis Chedid con quien se casó muy joven, en 1942, ese mismo año había culminado sus estudios de Periodismo en la Universidad americana de El Cairo. Su esposo estudiaba medicina. Un año después la pareja se muda al Líbano, donde la poeta y periodista publica su primer libro, en inglés, On the Trails of My Fancy. En 1946, se instalaron definitivamente en París, su marido comenzó a trabajar en el Institut Pasteur y ambos adquirieron la nacionalidad francesa.
Es madre del cantante Louis Chedid y de la pintora Michèle Chedid-Koltz, su nieto Matthieu Chedid, también es cantante. Falleció en París el 6 de febrero de 2011.

Fue galardonada con el Premio Goncourt de poesía en 2003 y con la Legión de Honor en 2009.



Como puede leerse en Poesía II, en la vida y en la obra de Chedid se entrecruzan Occidente y Oriente, lo que podría ser contradictorio finalmente se complementa, “lo que es perecedero”, “renace más adelante”; “Lo que naufraga profusamente”, “sin cesar se construye”; “Lo que siempre nos sobrepasa”, “pero de su pasar somos semillla”.  Esta es una perspectiva que se aviene a la filosofía de algunas culturas del Oriente. Por otra parte, podemos decir que hay en sus versos una apuesta por la vida, por la celebración de la vida, por los equilibrios que la vida y la naturaleza conforman. Más allá de las contradicciones o de lo que inicialmente pueda parecernos una pérdida, y por lo tanto, puede ocasionarnos sufrimiento, dolor; lo que hace profundamente humana su poesía es precisamente, que si bien no le huye a la duda, a la pérdida, al sufrimiento, ante toda oscuridad, todo dolor hay una Sobre-vivencia de Soles. La luz, el deseo de vivir renacen.

A cada piedra yo arrojé
El nombre de un sol

&&&

Oh amado mío la muerte corona la vida
Y no sé vernos
Del todo sin la una
Del todo sin la otra

&&&

La hora árida: unas llaves sobre la mesa y ninguna puerta que abrir.

&&&
Mueren nuestros viejos soles
Mueren para renacer mejor!

&&&

Bajo el montón de cenizas
La vida siempre se explora
y se retalla Vida!

&&&

Fresca palabra
entre nuestros andrajos

Entre nuestras sombras
palabra – sol!

            Como decíamos al comienzo de estas líneas, a través de su obra, hay una reflexión permanente sobre la palabra poética, la escritura poética. La suya es una obra que se configura en la medida en que se piensa a sí misma, como una conciencia que se ve hacia adentro y explora sus propios espacios, sus propios laberintos. El vivir que se representa es el vivir poéticamente, es la vida a través de la imagen, como único camino posible. La imagen deteniéndose en el latido de las cosas, el ser de las cosas, desde allí se construye la voz poética, profundamente humana. Lo que cobra vida en sus versos es, existe, en tanto ha sido tocado por la poesía.

(…)
Privados de poesía o privados de mundo,
estamos tan sólo vivos a medias.

Si la concordancia es frágil, siempre por conquistar,
este combate, sin epílogo, nos salva.

La Tierra es. La tocamos.

¿La Poesía?...Evidencia, pero que permanece en suspenso
y sólo a nosotros aguarda para ser.

Así, lo poético se nos presenta como algo que ya está en el ser, que ya está en el mundo, pero que la poesía entrelaza.


Beatriz Alicia García











Beatriz Alicia García

viernes, 6 de marzo de 2020

MARY POPPINS Y OTROS POEMAS



                                                  Sonia Chocrón


            Muchos la conocen seguramente como @lachocron, esa aguda periodista que dispara a matar en twitter, comentando los acontecimientos de la realidad venezolana, sin concesiones. Sonia, en realidad es también poeta, narradora, guionista de cine y televisión, con diversos premios en todas esas vertientes de escritura. Ya no recuerdo cuándo nos conocimos Sonia Chocrón y yo; pero sin conocernos, en la década de los noventa, ambas estábamos escribiendo versos ambientados en la época medieval. Ella escribía Toledana (1992), ese bello libro de los amores entre Raquel “una judía fermosa y toledana” y el rey Alfonso VIII de Castilla. Mis lecturas de la Escuela de Letras sobre la Edad Media, sus acontecimientos y personajes históricos, los versos de trovadores medievales escuchados en interpretaciones de la Camerata de Caracas, Clemencic Consort y un fugaz y apasionado romance, a mediados de los 90, me llevaron a escribir Acto de fe, que fue escenificado en 1997 por la actriz Juliana Cuervos, en el Museo Sacro de Caracas, y posteriormente publicado por La Liebre Libre en el 2000.

                          Escenificación de Acto de fe en Museo Sacro de Caracas





            Posteriormente, Sonia publicó Púrpura (1998), en el que viaja por las sonoridades del decir clásico de nuestra lengua, el castellano, a través de poemas rimados  y La buena hora (2002), que paradójicamente arropa en la mayoría de sus versos muerte, incertidumbre, soledad y melancolía. Estos tres primeros libros de Poesía, luego fueron editados en conjunto por el sello Bid & co., en 2010, bajo el título Poesía re-unida. En 2014, la editorial Lugar Común publica el libro que hoy les quiero comentar, Mary Poppins y otros poemas.


            Hay referentes decididamente generacionales, o más bien, epocales. Porque el personaje que encarnara en el cine Julie Andrews, la institutriz Mary Poppins,  quizá enamoró a más de una generación, con su paraguas, su bolso de viajes y sus canciones. El cine, también, es un referente importante, que fue acompañando a varias generaciones, antes de que el cine empezara a verse en casa. ¿Qué hace que unas películas sean parte de nuestro equipaje, de nuestra memoria? No lo sé, pero es la misma razón por la que algunos libros o canciones nos acompañan y volvemos a ellos, como los amantes vuelven a los amantes. En el caso de Sonia Chocrón, su amor por la imagen la llevó muy joven a La Habana, a la escuela de cine de San Antonio de los Baños, donde conoció a Gabriel García Márquez, y luego fue invitada por él a trabajar en algunos proyectos audiovisuales en México. El cine, no es, pues, un referente azaroso en la vida de esta periodista, narradora, guionista de cine y televisión y poeta. Sin duda.

            En el pórtico de su libro nos dice:

            En el año 2002 escribí el primer poema de esta recopilación.
Tan solo diez años después, y a pulso, he podido completar 
las partículas de algunas memorias.
            Pero entiéndase bien: este libro no es una lista sesuda de las
mejores películas de la cinematografía mundial.
            Tampoco es una selección de las películas favoritas de la autora.
            Es más bien un conjunto arbitrario de postales o el intento 
de fijar recuerdos con la exactitud de una cinemateca.

Así que Mary Poppins y otros poemas se nos ofrece como “partículas de algunas memorias” y “un conjunto arbitrario de postales o el intento de fijar recuerdos con la exactitud de una cinemateca”. La memoria, efectivamente, suele ser un poco arbitraria en los recuerdos que nos trae; pero sin duda, esos recuerdos, tienen para nosotros una carga emotiva, un color, una sensación en el alma, que a veces puede ser un tanto alegre, como ese toque de fucsia en la portada del libro de “La Chocrón”, que enmarca la foto de Mary Poppins; otras veces es agridulce, y tiene colores más tenues. O a veces nos deja reflexionando o nos hace sonreír, en complicidad, como quienes comparten una travesura. Escuché en voz de Sonia varios de los textos que componen el libro, antes de su publicación. Al releerlos evoco algunas de estas atmósferas emotivas que he mencionado, unidas al tono y la expresión en que la escuché leer sus versos.

Sonia es una mujer de temple, ya lo dije, pero como todos tiene laberintos por donde su alma va y viene. En estas evocaciones cinematográficas, la mujer madura que hoy es, va tomando películas, personajes y escenas que ha ido guardando y escoge ciertos elementos para configurar esas “memorias”, “esas postales”, desde diversas perspectivas. Cada película escogida genera su propio universo, su tono, la voz narrativa que la comenta. Algunas una sola frase, unos breves versos, en otras se demora en versos más largos, descriptivos, como el poema que da título al libro “Mary Poppins”. La vida y la ficción parecen cruzarse en una frontera bastante difusa en la que, como ocurre en “La rosa púrpura del Cairo”, una de las películas que sirven de referencia, los personajes de ficción salen de la pantalla y se vinculan con la espectadora atónita. Pero en este caso, es la poeta quien entrecruza en estas postales cinematográficas ficción y vida, cine y reflexión, para construir un universo poético propio, en el que nos habla del deseo, del amor, del desencanto, del juego de vivir que a veces se pierde, a veces se gana, de la muerte.

Comparto una selección de poemas:

ROSA PÚRPURA DEL CAIRO

Si se pudiera morir varias veces
si fuera posible ensayar el terror y hacerlo tan común
como la mañana pequeña de todos los días
su solecito tenue
adoraría la muerte como si fuese nada más
el fin de una película infausta
Se encenderían las luces y
la historia recomenzando
-fotograma terco-
nuevamente
y otra vez a intentarla
a la salida de la sala llena de gente
carnes palpables
mordiendo pop corn
Si se pudiera morir varias veces y ejercitar el arte
como quien corrige la palabra
del poema ideal
obcecadamente como una condena
si se pudiera morir varias veces
adoraría la muerte como al amor
sería perfecta

EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

¡Que les corten la cabeza!
por pensar

OCHO Y MEDIO

A los ocho y medio
yo soñaba historias de príncipes
A los dieciocho y medio
reía sin más
tontamente
A los veintiocho y medio
viajaba
A los treinta y ocho y medio
cambiaba mi historia errante
por un hogar
Y ahora que voy por la cuenta de cincuenta
ya no sé qué más hacer
para enterrar las cosas muertas
para no asustarme tanto
para que todo valga la pena

BIRDY

Allí desnudo al filo de la ventana
hecho de pectorales blancos
y nalgas colmadas
como un estandarte de libertad rasa
me recuerdas
que sigo agazapada esperando
que me crezcan las alas

SÉPTIMO SELLO

No es un chiste sentarse a jugar
ajedrez
en blanco y negro
con La Parca

Ella nunca nos dirá sus secretos

Peor aún,
se corre el riesgo
de ganarle

MARY POPPINS

Después de tanto amor por la familia Banks
Mary se iba volando
con el viento a favor
del final
y sin fotos para llevar en el portamonedas
porque su deber había sido consumado
De la misma forma recuerdo
la mirada de mi madre y sus ojos
que también de mucho amor
se hicieron tecnicolor
la última vez que su silencio fue eterno.
Ella nos vio para siempre
(y sentí vergüenza por los sueños
que no le cumplí,
que nunca soñé yo)
y acompañamos su calma al final
como lobas en vela
por la predecible huida de Mary mamá Poppins
yéndose levemente en su paraguas volador
al aire
difusa
cada vez menos
cada vez más mínima en la pantalla de la memoria
cada vez menos
como nosotras junto a ella
ausentes ya
de todo pasado
y de todas las promesas.

UN RESPLANDOR

Jack,
querido,
viéndote así
a plena luz,
no eres el mismo.
Eres peor.

TODAS LAS NARANJAS SON MECÁNICAS

Todas las naranjas son mecánicas
Se pelan
Se chupan
Se lamen
Se tragan
Se exprimen con alevosía y desafuero
Se diluyen en un zumo
Y se deshecha el bagazo indefenso
al final
como un cadáver
como si nada
Son tan parecidas las naranjas
al tiempo

y su maldad


    En 2019 Kalathos Ediciones publicó Bruxa, un nuevo título de La Chocrón, junto a  Toledana, su primer libro, que está entre mis lecturas pendientes, por eso no lo reseño aquí.



Beatriz Alicia García

Caracas, marzo 6, 2020       

           

jueves, 27 de febrero de 2020

Centenario Helcías Martán Góngora




Helcías Martán Góngora fue un poeta y periodista colombiano que nació en Guapi, zona del Cauca, hace cien años, el 27 de febrero de 1920. El poeta de raza negra señaló: “La población negra me infundió, conjuntamente con el ritmo de las mareas, el sentido de la justicia social. De allí que mis poemas no puedan renunciar al acompañamiento táctico de marimba y tambor y que pregone en otros, el pregón del esclavo de ayer y de hoy".

            Doctor en Derecho y Ciencias Sociales y Políticas; como periodista, colaboró con los periódicos El Tiempo, El Siglo y El Colombiano, de Medellín, y en revistas de Popayán. Creó la publicación Esparavel, que recopiló poesía tanto de autores nacionales como internacionales.

            Para diversas instituciones se desempeñó en el área de la Educación y la promoción cultural: fue Director de Extensión Cultural y Director de la Biblioteca de Extensión Cultural de la Universidad del Cauca; fue personero municipal de Popayán, director de Educación Pública en el Cauca y profesor universitario.

            Su obra poética está conformada por los títulos: Humano Litoral I y II, Mester de negrería y fabla negra, Retablo de Navidad, Breviario Negro, Esopo 2000, Notas pastorales y Pastoral negra, algunos de ellos inéditos.

            Mujer y negritud son temas centrales en su poesía de sugestivas metáforas. Su canto al amor y a la amada es también un canto a su raza y a los ritmos y pasiones que la arrastran. Y es el mar el paisaje que acompaña y atestigua su homenaje a la amada, que aparece como una figura adorada en silencio, cuya belleza se observa y desea, como aquella muchacha que inspiró a Vinicius de Moraes la canción “Muchacha de Ipanema”. En cualquier caso, canta en sus versos la voz de su raza, la belleza y los ritmos de su raza, que diferencia, marcadamente la costa colombiana del sur capitalino y cachaco. Podemos vincular la poesía de Martán Góngora con otros poetas caribeños que recogieron la herencia de su raza, tales como Nicolás Guillén, Aimé Cesaire, Derek Walcott.

Con Manuel Zapata Olivella y otros dirigentes encabezó, ya establecido en Bogotá, un movimiento por la reivindicación de los afrocolombianos. Recibió en vida varios homenajes y galardones: fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Academia de Historia de Popayán. Así también recibió los galardones internacionales “Caballero de la Orden de Alfnso X el Sabio y la Gran Croix d’Honneur de la Orden Imperial Bizantina de Constantino el Grande.

            Además de su amplia obra poética, que cuenta con setenta y siete títulos, cuarenta y siete de ellos publicados en vida. Su obra inédita fue publicada gracias a la diligencia de su sobrino y biógrafo Alfonso Martán Bonilla y de su esposa Adelaida de Martán. También escribió teatro (Lázaro), ensayos y novelas (Socavón, su corta y conocida novela, fue mención de honor del Premio Esso en 1967, en el que ganó La mala hora de Gabriel García Márquez). Su libro de cuentos, Historias sin fecha, fue publicado por Colcultura en 1974. Escribió más libros que sus años de vida, ya que murió a los sesenta y cuatro años, el 16 de abril de 1984. Realizó también varias antologías –entre ellas Índice poético de Buenaventura (1976) y Poesía afrocolombiana, edición póstuma (2008).

3
Yo digo el mar, con esta voz que fluye de la marea de la sangre, en
donde canta Dios que me enseñó este fuerte oceánico rumor.
Yo digo el mar con esta voz que colma su distancia, que es mi
propia distancia y en mi grito cabe con sus ríos, como el hijo en
el vientre maternal.
Yo digo el mar. Sabedlo, hombres mediterráneos, litorales, doncellas
de los valles y montañas, vírgenes marineras, cuyo cuerpo es un
brazo de mar entre dos islas bajo cielos de eterna juventud.
Yo digo el mar. Lo canto. Mío en la voz porque aprendí en la
infancia a castigar sus olas con un barco. Mío en la voz, porque
aprendí a nombrarlo con la voz de naufragios de mi padre, que
nace y muere en mí.
Yo digo el mar. Oídme: Mar de Pizarro, Mares de Balboa, el Mar del
Sur, que es mío cuando canto. El mar hondo y azul, el mar verde
y ligero, lleno de blancas velas y de pájaros ciegos. El mar que a
mí se entrega para que yo lo diga como si fuera una mujer.
Yo digo el mar. Lo digo como hombre que su amor canta con verdad
profunda, con la voz del martillo sobre el yunque acerado, con
la lengua encendida en la fragua volcánica. Pero también lo
digo con dulzura de lluvia en los jardines matinales y nupciales
presagios en las algas, sobre mi corazón.
Yo digo el mar. Yo digo el mar lejano con sus peces. Lo digo con
la brisa que infla las lonas, con su roja flora de corales. Lo digo
con sus islas que surgen de las olas como un sueño emerge del
recuerdo. Yo lo digo con un adiós tatuándome
el pañuelo, con un
amor de olvidos en la playa y el duro vendaval.
Yo digo el mar. Yo digo el mar cercano nacido en mí; el dulce
mar del Cauca con pescadores en la flor del día; el de cantares
en las noches hondas; el dulce mar que gime en las guitarras
y marimbas. Hundido en mí, como anclas en la arena; a mí
amarrado, como buque al puerto; rumbo hacia mí con brújulas
de estrellas; náufrago en mí, por aguas de mi voz, verde y azul.
Yo digo el mar. Yo digo el mar presente como mi vida en la oquedad
del viento. Lo digo vivo en el grumete, vivo en el marino, el
constructor de barcos y el rubio capitán, en la gaviota, en el ojo
del faro y en la espuma que enjardina sus predios, y en la ola que
cabalga furiosa, y en la muerte viva, cuando cosecha las espigas
que sembró el huracán sobre las ruinas del roto bergantín.
Yo digo el mar… El mar, porque al cantarlo digo mi propio canto en
la canción del mar. Yo digo el mar. El mar… Sabedlo, hombres
mediterráneos, litorales, doncellas de los valles y montañas,
vírgenes marineras cuyo cuerpo es un brazo de mar entre dos
islas. Yo digo el mar. El mar… ¡Oídme: mares del Sur, mi dulce
mar del Cauca, que a mí se me entrega porque yo lo diga, como si
él fuera una mujer!

(De Evangelios del hombre y del paisaje)


4
El río es la pista del pez, líquido estadio cristalino.
Espejo de la estrella que hasta él desciende en la noche cuando
duermen los hombres y los luceros vagan por el cielo.
Flecha de agua, venablo de cristal fijo en el verde corazón del
mundo.
Orquesta que hace danzar los árboles, que a sus orillas crecen.
Surco que abrió la lluvia con su arado de júbilos, para que brote la
flor de nácar de la espuma.
Cicatriz de la tierra y tatuaje del universo.
Piscina de la luna y sendero que lleva al mar.
Una doncella en sus ondas se baña, y el río la posee sin herirla, como
si fuera Dios.
La mañana los mira y el pez prosigue su carrera por el líquido
estadio cristalino.

(De Evangelios del hombre y del paisaje)

DECLARACIÓN DE AMOR

Las algas marineras y los peces,
testigos son de que escribí en la arena
tu bienamado nombre muchas veces.

Testigos, las palmeras litorales,
porque en sus verdes troncos melodiosos
grabó mi amor tus claras iniciales.

Testigos son la luna y los luceros
que me enseñaron a esculpir tu nombre
sobre la proa azul de los veleros.

Sabe mi amor la página de altura
de la gaviota en cuyas grises alas
definí con suspiros tu hermosura.

Y los cielos del sur que fueron míos.
Y las islas del sur donde a buscarte
arribaba mi voz en los navíos.

Y la diestra fatal del vendaval.
Y todas las criaturas del océano.
Y el paisaje total del litoral.

Tú sola entre la mar, niña a quien llamo:
ola para el naufragio de mis besos,
puerto de amor, no sabes que te amo.

¡Para que tú lo sepas, yo lo digo
y pongo al mar inmenso por testigo!

Lea más: https://www.latino-poemas.net/modules/publisher2/article.php?storyid=29 © Latino-Poemas

MUJER NEGRA

El agua te hizo a imagen y semejanza suya.
Puso en tu acento ríos y en tu silencio estrellas.
Te dio ese andar de nubes descalza por los cielos
y ese cuerpo que nombra, sin voz, a las palmeras.

Eres el paraíso que comienza en la fruta.
Paisaje con tus ojos que hacen el mediodía.
La música navega por todas tus arterias
y hasta cuando te callas el sueño es melodía.

Eres la primavera que se muere de aromas.
Constelación de luto, mariposa de llamas.
La rosa del poema sostiene tu hermosura
porque en tu vientre azul comienzan las crisálidas.

Yo escribiré, en la página de tu piel de obsidiana,
baladas con el pulso de luz de las fogatas,
canciones de la sangre. Mi ser, como una tea,
señalará encendiendo los límites del alba.

Mujer, mayor que todas las islas: ¡Continente!
El mar y los deseos te circundan callados.
Con mi voz te descubro. Sobre esta tierra virgen
amor, tú sembrarías caricias como árboles!

Helcías Martán Góngora