sábado, 8 de febrero de 2020

Poemas de Elizabeth Bishop


POEMAS DE ELISABETH BISHOP (1911-1979)

Tal día como hoy, 8 de febrero, nació Worcester, Massachusset, Elizabeth Bishop, poeta y traductora norteamericana que vivió en varios países y ciudades, a mediados de la década de los treinta vivió varios años en Francia; una estadía de dos semanas en Brasil, se transformó en una residencia de 15 años en el país suramericano. Tuvo una larga amistad con Marianne Moore, quien tuvo una importante influencia en su obra. Moore la disuadió para que abandonara la Escuela de Medicina de Cornell, donde la poeta se había matriculado al llegar a New York. Conoció también a Ezra Pound, Robert Lowell, Mary McCarthy, con quien fundó en 1933 la revista Spirito. En 1946, Marianne Moore presentó personalmente a Bishop para el premio Houghton Mifflin de poesía, que Bishop ganó. Ganó el Premio Pulitzer de Poesía en 1956. Posteriormente recibiría el National Book Award y el National Book Critics Circle Award, así como dos becas de la Fundación Solomon R. Guggenheim y otra de la Ingram Merrill Foundation. En 1976, se convirtió en la primera mujer en recibir el premio internacional de literatura de Neustadt. Fue profesora de la University of Washington, antes de serlo en la Universidad de Harvard durante siete años. También enseñó en la Universidad de Nueva York, antes de acabar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

UN MILAGRO PARA EL DESAYUNO

A las seis en punto ya esperábamos el café,
esperábamos el café y la migaja caritativa
que iban a servirnos desde cierto balcón
—como reyes antiguos, o como un milagro.
Todavía estaba oscuro: un pie del sol
se posó en una larga onda del río.

El primer ferry del día acababa de cruzar el río.
Con tanto frío, confiábamos en que el café
estuviera muy caliente —ya que el sol
no prometía ser tibio— y en que la migaja fuera
un pan para cada cual, con mantequilla, por milagro.
A las siete, un hombre salió del balcón.

Permaneció un minuto, solo, en el balcón
mirando hacia el río por encima de nuestras cabezas.
Un sirviente le alcanzó los elementos del milagro:
una simple taza de café y un panecillo
que él se puso a desmigajar —su cabeza
literalmente entre las nubes, junto al sol.

¿Estaba loco el hombre? ¿Qué cosas bajo el sol
intentaba hacer, allá arriba en su balcón?
Cada cual recibió una migaja, más bien dura,
que algunos arrojaron desdeñosos al río,
y en una taza una gota del café. Entre nosotros,
hubo quienes siguieron esperando el milagro.

Puedo contar lo que vi entonces. No fue un milagro.
Una hermosa mansión se alzaba al sol
y llegaba de sus puertas aroma a café caliente.
Al frente, un balcón barroco de yeso blanco,
guarnecido por pájaros de los que anidan junto al río
—lo vi pegando un ojo a la migaja—

y corredores y aposentos de mármol. Mi migaja
mi mansión, hecha milagro para mí,
a través de los siglos, por insectos y pájaros y el río
que trabajó la piedra. Cada día a la hora
del desayuno, me siento al sol en mi balcón,
encaramo en él los pies y bebo litros de café.

Lamimos la migaja y tragamos el café.
Al otro lado del río, atrapó al sol una ventana
como si el milagro se hubiera equivocado de balcón.


PAISAJE MARINO

Este paisaje celestial, con garzas blancas que
ascienden como ángeles
volando tan alto como quieren y hacia ambos lados
tan lejos como quieren
en hileras y más hileras de inmaculados reflejos;
esta región entera, desde la más alta de las garzas
hasta la ingrávida isla de mangles, aquí abajo,
con sus brillantes hojas verdes nítidamente orladas
de excrementos
de pájaros, como estampa iluminada sobre plata, y
los arcos
tan sugestivamente góticos de las raíces del manglar
y los hermosos prados verde habichuela
donde a veces un pez salta como una flor silvestre
en un ornamental rocío de rocío;
este cartón de Rafael, para alguna papal tapicería,
se parece al paraíso.
Pero el faro esquelético que allí se alza,
de clerical vestido blanco y negro, siempre alerta,
piensa que él sabe la verdad de las cosas.
Piensa que el infierno hierve a sus pies acerados,
que por ello son tan cálidos los bajos de las aguas;
sabe que el paraíso es diferente.
El cielo no es como volar o nadar,
tiene algo que ver con la negrura, y una fiera mirada,
y cuando se ensombrezca, recordará el faro
algo bastante rudo que decir sobre el tema.

INVITACIÓN A MISS MARIANNE MOORE

Desde Brooklyn, por encima del puente
de Brooklyn, en la mañana espléndida, por favor
ven volando.
En una nube de substancias químicas,
ardientes y pálidas,
por favor ven volando
al rápido redoble de miles de tambores
pequeños, azules,
que bajan desde el cielo aborregado
por las graderías resplandecientes
de las aguas del puerto,
por favor ven volando.

Silbatos, gallardetes y humo estallan. Las naves
se hacen señales cordiales con multitud de banderas
que se elevan y se abaten sobre la bahía como
pájaros.
Entran en escena dos ríos: graciosamente,
portan diáfanas, pequeñas, innumerables aguamares
en centros de cristal de roca sobrecargados de
cadenas de plata.
Será un vuelo seguro. Que haya buen tiempo
es asunto arreglado. Las olas
corren en verso esta espléndida mañana.
Por favor ven volando.

Ven: con zapatos negros que despidan
por las puntas, afiladas un destello de zafiro;
con una capa negra de alas de mariposas
y de ocurrencias; con sabe Dios
cuántos ángeles montados en la negra
y ancha ala de tu sombrero.
Por favor ven volando.

Trae contigo un ábaco, musical, inaudible,
y un ligeramente reprobatorio entrecejo
y unas cintas azules.
Por favor ven volando.

Hechos y rascacielos relumbran en la marea;
Manhattan, esta espléndida mañana,
está empapada en buenos principios. Entonces,
por favor ven volando.

Montada en el cielo con innato heroísmo,
por encima de los accidentes y las películas inmorales,
por encima de los taxis y las injusticias de
toda especie,
mientras soplan los cuernos en tus lindos oídos
que simultáneamente escuchan una suave,
no inventada música apta para almizcleros,
por favor ven volando.

Tú, por quien se comportan los más rígidos museos
con igual cortesía que el gasta-reverencias
ave-macho; a quien esperan los afables
leones que descansan sobre la escalinata
de la Biblioteca Pública, ansiosos
por saltar y seguirte puertas adentro
hasta la sala de lectura,
por favor ven volando.

Con dinastías de construcciones en negativo
que se vayan tornando ininteligibles
y caigan muertas a tu alrededor;
con una gramática que de improviso vire y brille
como el plumón de las aguanieves en pleno vuelo,
por favor ven volando.

Ven como una luz por el cielo blanco
y aborregado, como un diurno
cometa provisto de una larga,
no nebulosa cola de palabras;
desde Brooklyn, por encima del Puente
de Brooklyn, en la mañana espléndida
por favor ven volando.


Elizabeth Bishop

traducción de
Ulalume González de León
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Coordinación de Difusión Cultural
Dirección de Literatura
México


miércoles, 5 de febrero de 2020

Poema de Anne Carson



Gnosticism III

First line has to make your brain race that’s how Homer does it,
that’s how Frank O’ Hara does it, why
at such a pace
Muses
Slam thrught the house-there goes one (fainting) up the rungs
of your strange BULLFIGHT, buttered
almost in a nearness
to skyblue
Thy pang-Pollock yourself!
Just to hang on too life is why



Gnosticismo III

El primer verso debe dejar correr tu mente como lo hace Homero,
como lo hace Frank O’ Hara, por qué
a este ritmo
las Musas
entran golpeando las puertas…por ahí una (desfallece) al subir                                                                     
                                                                                           [los escalones
de tu extraña CORRIDA DE TOROS,
casi adentrándose cremosa
al cielo azul
¡Vuestro remordimiento, sed como Pollock!
Sólo aferrarse a la vida es la razón


Anne Carson
(Tomado de su libro Decreación)

martes, 4 de febrero de 2020

Poema de Otoniel Medina Torrealba

                                                           Otoniel Medina Torrealba




INSTRUCCIONES PARA SOBREVIVIR A LAS ADVERSIDADES DEL MAÑANA:

Es un gato que canta a medianoche,
un hombre dando vueltas en una silla giratoria,
una cigarrera en el bolsillo.
Ese ir y venir sobre mí, o lo que se espera de eso,
y sólo coincidimos en un mero decir de las cosas.
Que si bien se dejaron tomar justicieramente por las cosas,
se reservan el derecho de acogernos
como inexpresivo augurio, que a poco se vuelve más urgente,
a medida que los cigarrillos, dentro y fuera de la casa,
son cada vez más difíciles de encender.
Es preciso pensar en otra cosa
ahora que todos se despiden
y se van así sin estrenar el día,
como esas cerillas que entran y salen a su antojo,
al alcance, por si a alguno de nosotros
se le ocurre entablar una conversación
con el ceño fruncido,
mientras hay quienes se escabullen en el humo
y luego se van, así no más,
en vista de que la ciudad ahora se acuesta más temprano,
apenas habiendo comenzado
por el solo hecho de llevarla en el bolsillo.
Siempre habrá un cuerpo en el que coincidiremos,
probablemente, al abandonar todo lo que corresponde a la casa.
Y que por entregarnos enteramente a ella
dejemos de hacer tantas cosas.
Quizás irnos a un café a las 3:00 de la mañana,
fumarnos esos cigarrillos como si no lo hubiera.
Que por una vez no se posponga y continúe
aún cuando estemos lejos de ella.
No se trata de asomarnos a la calle,
esperar el día que no llega,
y aún así
rige la voluntad que precede al hombre,
donde las esperanzas se repiten sin esfuerzo
en el espectáculo sórdido
de que la casa se muestre a ella misma
asombrosamente ocupada.
Cuando no más de un cigarrillo se requiere
para abastecernos a todos.

Otoniel Medina Torrealba

(De Los roces domésticos. Caracas: editorial Eclepsidra, 2014)

Este joven poeta venezolano se ha desempeñado asistente de producción musical para War and Doll Productions y como asistente de escenografía para Luisela Díaz.









miércoles, 29 de enero de 2020

Poemas de Cósimo Mandrillo

Poetas de Provincia 



Los capitalinos solemos ignorar la obra de los escritores y poetas de provincia, a menos que se muden a la capital o que tengan la fortuna de ganar renombre más allá de su región. Generalmente no nos llegan sus libros, son publicados en tirajes pequeños por editoriales locales o si nos llegan, no les prestamos mucha atención. A Cósimo Mandrillo (Taranto, Italia; 1951), le debo haber podido leer la obra de la poeta zuliana María Calcaño, cuando pocos la habían leído, gracias a una edición que Mandrillo coordinó y me leyó alguna tarde de 1992 el desaparecido poeta Carlos Brito. Hace algunos años pude conocer a Mandrillo aquí en Caracas, había sido invitado para la Feria Internacional del libro de Caracas. Sostuvimos una breve y cordial conversación. Posteriormente di en librerías con dos de sus libros de poesía Todo indicio de ti (2006) y La muerte y otros regazos (2014). Compartiré algunos de los textos de Todo indicio de ti, libro de poemas dedicado al amor desde la piel y el deseo, en el que la mujer amada es la puerta y el vínculo hacia otros referentes que la vinculan al goce de vivir.. Pero finalmente también su ausencia se canta, cuando la pasión ha acabado.






La pie de mi hembra cubre esta mesa
He puesto cúrcuma y deseó en su carne
Y un grano de anís bajo la lengua
Para sus senos
Ni miel ni vino ni coca-cola
Sólo un grumo de sal
Cultivado en el oleaje de agosto
Sobre su vientre
Con una mezcla de achiote, ajonjolí y canela
Cocinaré el recorrido de estas manos
Boca saturada
Clavo de olor
Jenjibre abrillantado y laurel
Dormiré ahíto
En el horno de sus muslos
Indigestamente enamorado

& & &

El que sueña y el que habla no es el mismo
El que sueña desbroza de malezas y malicia
El cuerpo nuevo de su mujer
Se dice:
Esta mujer es mi alimento
Mi plegaria de la tarde
Mi taza pintada de azufre y carbón
Ella, entre tanto, cuece su alma
En esa pócima de amor
Que guarda
En la magia terrible de sus piernas

& & &

Pienso en ti
Como náufrago que mira el mar
Desde la franja de arena
Que le sirve de refugio y cárcel
Y es un mar de tal modo suyo
Que no puede sentir sino que se le escapa
Que su mirada en la orilla
Contiene y aleja
El horizonte en el que se mira
Y se ve a sí mismo
Como un hombre que parado en la orilla
Contempla un mar
Cada vez más inmenso
Más extraño
Y más suyo

& & &

Leo en el pergamino que eres
Te recorro en cada palabra
Te reconozco
Entro en ti sigiloso
Para encontrarme
Leo
Puede que estés aquí
Eres la mano que sigue la línea
La lengua que pronuncia cada palabra y su aroma

& & &

Son iguales el despertar y el harakiri
En ambos una inapropiada daga
Perfora intestinos y alma
La carne se retuerce como si fuera sábado
Y una sombra se descuelga de la cama
Donde se paseó el amor la noche entera

& & &

 Habrá que despedirse
Tomarse del silencio
E irse lento a casa
Buscar estrategias para el olvido
Lavar platos anula el pensamiento
Amarrarse al televisor como tigre herido
Para detener hemorragias
Tiempo para el repaso
Recorrer el cuerpo ausente
Con precisión de bisturí
Recrear el sabor de salivas y sudores
La textura buena de piel y lengua

& & &

No hacer la cama
No alisar las sábanas
Buscar todo indicio de ti
Identificar cada sospecha de tu cuerpo
Determinar rastros de humores, piel cabello
Analizarlos a conciencia
Determinar culpabilidad
Guardar el expediente al fondo del alma

& & &

Se puede navegar desde una ventana
Con la pura humedad de adentro
O con toda el agua del cielo
Se puede navegar aferrado a una sábana como a una vela
Con el viento del sueño empujando a estribor
Al oleaje de lo oscuro
Lo que no sabemos y nos gusta
Se puede navegar como quien vive
Mansamente hipnotizado
Por lo pequeño del día
Llevado por la corriente

& & &

Para reconstruir un rostro
Colóquese arriba la voz
A un lado la mano que se cruza
Una que otra pregunta
Si nadie lo reconoce
Continúe perdido en su cuerpo
Hasta hallarse en la última línea
Como visitante solo

Cósimo Mandrillo. Escritor venezolano de origen italiano (Taranto, Italia; 1951).   (poeta, narrador, ensayista, autor de guiones para títeres y cine, recopilador, cronista y crítico), y asimismo docente e investigador.  Desde niño vive en Zulia, Venezuela. Es licenciado y magíster en literatura venezolana por la Universidad del Zulia (LUZ). Doctor en literatura hispanoamericana por la Universidad de Iowa (EUA). Profesor e investigador de la Escuela de Letras y del Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias del cual fue director, actual coordinador de la maestría en Literatura Venezolana de LUZ. Ha publicado:

8 cuentos para títeres. (1976)
Selección de textos críticos de la literatura zuliana. (1982)
José Ramón Yépez. (1982)
Literatura zuliana. (1984)
Migra. (1985)
El árbol de jugar. (1985)
Literatura zuliana siglo XIX. (De los inicios a Ildefonso Vázquez). 1987
La ciudad de Udón. (1990)
Parte de guerra. (1991)
El mundo es una piedra. 1991)
Poemas de lengua brava.(1991)
Víbora y barro: acercamientos a la obra de Gustavo Díaz Solís. (2004)
Todo indicio de ti. (2006)
A boca de agua. (2008)
Poemas de Sa’awa. (2011)
De la muerte y otros regazos. (2014)


sábado, 25 de enero de 2020

Poema Rodolfo Häsler

                                                      Rodolfo Häsler





VIENA (EN EL CAFÉ MUSEUM

A mi hermana Ana

I
¿Se puede penetrar en el espacio de la memoria?
La estancia tiene forma de pentagrama, los muros oscuroa
y anchos y unos cuantos libros en las esquinas.
Pudieran servirnos un café turco, en toda su gloria,
para contrarrestar la fría lluvia de primavera.
Si logramos traspasar la doble puerta
nos haremos fuertes frente a lo extraño. Por no escuchar
el reclamo de la caverna escondo un Jacinto azul entre la ropa.

II
Hallamos en sus muros desconchados
un juego zodiacal para protegernos del hado,
al abrigo de la luz, al amparo de las miradas.
Los animales del cielo nos señalan desde sus asientos
y no podemos escapar a sus bramidos,
la fuerza del espíritu clama por el advenimiento
de lo oculto, el grito del Sardanápalo ya asesinado.
Los signos se repiten en la dureza de la piedra.

III
La disciplina gobierna nuestras vidas,
no podemos dejar de andar por las constelaciones
para atajar la suerte en el sueño de los antepasados.
Hasta el punto marcado, hasta el espacio acotado,
todo es reflejo de las aguas superiores, del movimiento
de la batuta sobre la línea negra.
El castillo de Bartók es sólo el punto de partida,
luz y dolor para reconocernos en el jardín cifrado.

Roberto Häsler

Mariposa y caballo (Libro de viajes), 2002

jueves, 23 de enero de 2020

Poemas de William Carlos Williams





POEMAS DE WILLIAM CARLOS WILLIAMS

Enero se ha ido tan rápido. He intentado que no me deje atrás, pero inevitablemente, aun cuando vivo acelerándome, voy como un pulpo por allí, haciendo montones de cosas, parezco no avanzar mucho. Estar en casa de nuevo pensé que me daría un tempo pianísimo, pero no ha sido así. Envidio un poco esa muchacha que fui, no porque fuese joven, la madurez me ha dado otras cosas que disfruto mucho, la envidio por ese tempo que podía permitirse, porque no tenía responsabilidades. Podía saborear las cosas, las lecturas, el silencio. Sobre todo la soledad y el silencio, que te acogen como una cueva tibia. La vida de la madurez puede ser muy demandante. No se entiende mucho que disfrutes la soledad como disfrutas la compañía.

A veces lo simple, lo cotidiano en su simple belleza, puede ser poético. Porque la belleza siempre está en quien la mira, en quien la siente. En una de estos raros ratos de soledad y silencio me he puesto a releer a William Carlos Williams, que en sus poemas aparentemente simples, cotidianos, nos abre justamente la importancia del mirar, porque sólo quien mira acuciosamente, amorosamente, puede describir así, como lo hace Williams, aquello que ve, lo que ocurre, tal como es. Y fíjense que no digo “fue”, en pasado, porque justamente, esa es la gracia de su poesía, su encanto, entregarnos un instante, en presente, que “es”.

THIS IS JUST TO SAY

I have eaten
the plums
that were in
the icebox

and which
you were probably
saving
for breakfast
Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

(ESTO ES SOLO DECIR

Me he comido
las ciruelas
que estaban en
la hielera,

las cuales
probablemente tú

guardabas  para
el desayuno.

Perdóname,
estaban ricas,
tan dulces
y tan heladas.

THE RED WHEELBARROW

so much depends
upon

a red Wheel
barrow

glazed with rain
wáter

beside the White
chikens.

LA CARRETILLA ROJA

tanto depende
de

una carretilla roja

reluciente de gotas
de lluvia

junto a las gallinas
blancas.

JANUARY MORNING

SUITE:

I

I have discovered that most of
the beauties of travel are due to
the strange hours we keep to see them:

the domes of the Church of
the Paulist Fathers in Weekhawken
againt a smoky dawn ―the heart stirred―
are beautiful as Saint Peters
approached after years of anticipation.

XV

All this―
                  was for you, old woman.
I wanted to write a poem
that you would understand.

For what good is to me
if you can’t understand it?
          But you got to try hard―
But―
           Well, you know how
the young girls run giggling
on Park Avenue after dark
when they ought to be home in bed?
Well,
that’s the way it is with me somehow.

(MAÑANA DE ENERO

FRAGMENTO:

I
yo he descubierto que la mayor parte de
las bellezas del viaje se deben a
las horas extrañas en que las vemos:

las cúpulas de la iglesia de
los Padres Paulinos en Wechawken
contra un alba humeante ―el corazón agitado―
son bellas como las de San Pedro
divisadas después de años de anticipación.

XV

Todo
Todo esto―
                       fue por ti, vieja.
Quise escribir un poema
que tu pudieras entender.

Porque ¿a mí de qué me sirve
si tú no lo entiendes?
             Pero tienes que esforzarte―
Pero―
              Bueno, ¿tú sabes cómo
las muchachitas retozan riendo
en Park Avenue de noche
cuando debieran estar en casa acostadas?
Bueno,
es lo mismo conmigo en cierta manera.

William Carlos Williams

Los poemas aquí compartidos han sido tomados de Poemas de Williams Carlos Williams, Visor, Madrid, 1985. Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal.

William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, 17 de septiembre de 1883 – ibídem, 4 de marzo de 1963). 

Además de ejercer como médico y de escribir dramas y prosa variada, Williams es uno de los poetas modernistas más innovadores y admirados. Fue condiscípulo de los poetas Ezra Pound y Hilda Doolittle, y en los primeros poemas acusó la influencia del imaginismo.

Más tarde se convirtió en impulsor del uso literario del habla coloquial. Su buen oído para los ritmos naturales del inglés hablado le ayudó a liberar a la poesía de la métrica que imperaba en la versificación en inglés desde el Renacimiento. Superada la tendencia imaginista, es un poeta de gran sencillez expresiva y de fácil comprensión, con cierto gusto por la adivinanza, interesado en la constante experimentación y en la intimidad lírica. Como otros modernistas, procura diluir la figura del poeta, dejando que hable el poema por sí mismo. No busca los símbolos en las cosas sino más bien las propias cosas, que expresa imitando la fluidez del habla.

Williams cree que la realidad objetiva despierta la imaginación de quien la percibe, y no el proceso inverso. Utiliza el verso libre y la disposición visual de las líneas marca la estructura poética. En su obra Paterson, escrita a lo largo de varios años, mezcla poesía, prosa y collage incluyendo incluso fragmentos de publicidad. Constituye una especie de biografía épica de un doctor-poeta, pero formalmente consiste en un montaje de escenas y de imágenes, con pocos verbos que las vinculen explícitamente.

POESÍA
Poems (1909)
The Tempers (1913)
Al Que Quiere (1917)
Kora in Hell. Improvisations (1920, repr. 1973)
Sour Grapes (1921)
Go Go (1923)
Spring and All (1923; repr. 1970)
The Cod Head (1932)
Collected Poems, 1921–1931 (1934)
An Early Martyr and Other Poems (1935)
Adam & Eve & The City (1936)
The Complete Collected Poems of William Carlos Williams, 1906–1938 (1938)
The Broken Span (1941)
The Wedge (1944)
Paterson (Book I, 1946; Book II, 1948; Book III, 1949; Book IV, 1951; Book V, 1958)
Clouds, Aigeltinger, Russia (1948)
The Collected Later Poems (1950; rev. ed. 1963)
Collected Earlier Poems (1951; rev. ed. 1966)
The Desert Music and Other Poems (1954)
Journey to Love (1955)
Pictures from Brueghel and Other Poems (1962)
Paterson (Books I–V in one volume, 1963)
Imaginations (1970)
Collected Poems: Volume 1, 1909–1939 (1988)
Collected Poems: Volume 2, 1939–1962 (1989)
Early Poems (1997)











martes, 21 de enero de 2020

Metamorfosis poema de Juan Liscano


                                                         Juan Liscano

METAMORFOSIS

Tu bloque de hielo flotante
tu iceberg tu castillo de escarcha
tus labios de cascada helada
tu soledad polar
en la noche gélida del mes de enero.

Tus labios como dos cuchillos fríos
tu lengua y tu saliva
como lento glaciar que resbala
tu pubis como un bosquecillo de pinos
sobre la estepa nevada.

Para vencer la noche y la helada
para ahuyentar la soledad como un hambriento lobo
establecimos ritos de sangre
de fuego
              de marcha lunar.

Tú cantas. Yo canto.
Las lenguas de nuestro canto nadan en el viento
como dos peces de fósforo.
Tú cantas desde el fondo de ti.
Yo canto desde el fondo de mí.
A nuestros rostros asoman desconocidos rostros.

Tú cantas desde el fondo de ese nuevo rostro
                                                                                      [aparecido
y tu carne se irisa florece en cristalería de nieve.
Una luna marina la enciende una luna interior
y es como resplandeciente gruta de hielo.

Yo canto desde el fondo de mí y nazco otro.
Brota una voz desconocida
un verbo una lengua de mí que no sabía
brota un hombre de deseos como una llamarada:
delfín que salta
oso que se yergue
                                 flecha que da en el blanco.
Yo canto. Tú cantas.
Dejamos de ser los mismos.
Los hielos retroceden. Se funden los glaciares.
La noche se llena de murmullos de aguas.
Nuestras voces nadan en el viento
como dos peces de fósforo
vuelan por el aire azul de luna
como dos aves de estrellas.

Tú cantas desde el fondo de los seres que te pueblan.
Te llena el coro de sus voces.
Eres la tierra el agua el fuego
eres un pájaro hembra y un tibio nido.
Yo canto desde el fondo de mis verbos:
soy la lluvia el cauce la ceniza el humo
soy el viento y mis lenguas lamen tus plumas.
Eres el eco del viento
cuando suena su rumor de fondo del mar entre los pinos
y yo soy el pinar.

Yo canto. Tú cantas.
Tu voz suena mía. Suena tuya mi voz.
Eres ahora la lluvia la nieve el granizo de mil pisadas
y entonces soy la tierra el agua: lo que eras tú.
Te miras en mí como un paisaje
eres el lecho de mi río
                                        fluyo
                                                   te mojo toda
soy el agua de erizadas crestas de gallo
el agua que canta como un gallo y sacude sus plumas
soy el gallo de lumbre que te seca y te enciende
y te convierte en ceniza en humo y en distancias.

Tú cantas. Yo canto.
Soy el eco de tu voz. Eres la sombra de mi voz.
Nuestros pueblos se juntan en paz.
Retrocede el invierno. Reverdece el otoño.
Amanece la noche
el hielo corre río de la aurora
el polo resplandece como trópico
fulgura el eterno verano el equinoccio justo
                                                                         la Edad de Oro
y tú y yo somos clarividencia
doble pájaro del sol.

Juan Liscano

De Cármenes (1966)

(Tomado de Antología Poética Juan Liscano. Caracas, Monte Ávila Editores, 1993)

Sobre el autor: Juan Liscano. (Caracas, 1915-2001). Es más conocido y recordado como gestor cultural, folklorista, editor, crítico de arte y literatura, e incluso como ensayista. Para los anales culturales de Venezuela quedará siempre aquel evento que organizó en 1948, con motivo de la toma de posesión como presidente de Rómulo Gallegos. En dicho evento, realizado en el Nuevo Circo de Caracas, pudieron contemplarse expresiones culturales de todas las regiones de Venezuela. Nunca antes se había realizado un espectáculo de tal magnitud en nuestro país. Liscano también fue Individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, fue director de Monte Ávila Editores; fundó y dirigió varias revistas: Acción Estudiantil (1928), Cubagua (1938), Suma (1944), Revista Nacional de Folklore (1948), y Zona Franca (1964-1984); así como también el Papel Literario de El Nacional. Fue galardonado con el Premio Municipal de Poesía (1943) y el Premio Nacional de Literatura (1950).