viernes, 10 de abril de 2020

VITTORIA COLONNA (1492-1547)


                                                             Vittoria Colonna (Galleria Colonna)


            Todos conocemos a los personajes importantes del Renacimiento, especialmente a los grandes pintores (Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel Buonarrotti, Rafael Sanzio) y a sus mecenas, el más destacado fue el príncipe Lorenzo de Medici, pero también fue un importante mecenaz del arte el papa Julio II, quien encargó a Miguel Ángel que pintara la capilla sixtina. Así también, hemos leído a escritores de la época, Petrarca (1304-1374) Giovanni Bocaccio (1313-1375), Maquiavelo (1469-1527), Michel de Montaigne (1533-1592) Miguel de Cervantes (1547-1616), William Shakespeare (1564-1616). Época de cambios importantes, época del Humanismo, y por lo tanto de la secularización del saber, el cual sale de los monasterios, las abadías, a donde fue a parar, luego de la caída del Imperio Romano y la barbarización de Europa.

            Pero poco sabemos de mujeres extraordinarias que también forman parte de la historia del Renacimiento, como Artemisia, Gampara Stampa, o quien hoy nos ocupa, Vittoria Colona. Quien nació en Marino, Italia, en abril de 1490. Su padre, Fabrizio Colonna, pertenecía a una familia noble romana, y su madre, Agnese di Montefeltro, descendía de la familia ducal de Urbino. Los Colonna, aliados de la familia Dávalos, concertaron el matrimonio de Vittoria con Francisco Fernando de Dávalos, noble napolitano de origen español, cuando era todavía una niña. Vittoria y Francesco se casaron el 27 de diciembre de 1509 en Ischia, en el Castillo Aragonés. Aunque el matrimonio había sido dispuesto para servir a los intereses de sus respectivas familias, resultó bien desde el punto de vista sentimental.

Sin embargo, los recién casados no pudieron pasar mucho tiempo en Ischia, donde se habían establecido, ya que el esposo de Vittoria debió partir a la guerra, a las órdenes de su suegro, para combatir a favor de España contra Francia. Fue hecho prisionero en la batalla de Rávena, en 1512, y deportado a Francia. Durante el tiempo en que Francesco fue prisionero, él y su esposa mantuvieron una apasionada correspondencia. Más adelante se convirtió en oficial del ejército de Carlos V y fue gravemente herido en la batalla de Pavía, el 24 de febrero de 1525. Vittoria corrió a reunirse con él en Milán, pero antes de llegar le sorprendió la noticia de su fallecimiento en Viterbo. Ese trágico acontecimiento, la muerte de su esposo, la llevó a una profunda tristeza y le inspiró la mayoría de sus sonetos que han llegado hasta nosotros, sus Rimas.

Gracias a sus amigos logró superar el profundo dolor que la embargaba. Sin embargo, tomó la decisión de retirarse a un convento en Roma e hizo amistad con varios eclesiásticos que estaban impulsando una corriente reformista dentro de la Iglesia católica, entre estos se encontraba Juan de Valdés. Poco después, su hermano Ascanio Colonna tuvo un conflicto con el papa Clemente VII. Vittoria se trasladó a Marino, y luego a Ischia, tratando de mediar en el conflicto. Este desplazamiento evitó que sufriese en propia carne las vicisitudes del Saco de Roma, en 1527, aunque contribuyó a sus propias expensas a ayudar a la población y a rescatar prisioneros.

Entre sus amigos se contaron ilustres literatos, como Pietro Bembo, Luigi Alamanni y Baltasar de Castiglione. Tuvo también una estrecha relación con reformadores, como Pietro Camesecchi, Juan de Valdés y Bernardino Ochino. En 1539, cuando regresó a Roma, entabló una apasionada amistad con Miguel Ángel Buonarroti, quien la estimó enormemente, y sobre el cual tuvo una gran influencia. Miguel Ángel le dedicó varios de sus sonetos y la retrató en numerosos dibujos. En 1541 su hermano volvió a tener un  enfrentamiento con el Papa, ahora Pablo III, y llevó a cabo un levantamiento contra el mismo que fracasó. Vittoria se trasladó entonces a Viterbo, donde conoció al cardenal Reginald Pole. En 1544 regresó a Roma, donde la sorprendió la muerte en el convento de San Silvestre, lo cual probablemente le ahorró algún disgusto con la Inquisición, ya que desde el año siguiente sus amigos eclesiásticos serían objeto de investigación.

Su obra literaria comprende poemas de amor, dedicados a su marido, las Rimas, subdivididas en Rimas amorosas y Rimas espirituales, inspiradas en el estilo de Francesco Petrarca, y composiciones en prosa de tema religioso, entre las cuales están el Pianto sulla passione di Cristo y la Orazione sull’Ave Maria. Sus obras se imprimieron por primera vez en Parma en 1538, pero poco después aparecieron nuevas ediciones: en Florencia y Venecia, respectivamente.





                                    Dibujo de Vittoria Colonna realizado por Miguel Ángel Buonarrotti




Poema de Vittoria Colonna



Tan sólo escribo para ahogar el llanto                        Scrivo sol per sfogar l' interna doglia,
que a mi pecho alimenta únicamente,                       di che si pasce il cor, ch' altro non vole,
y no por añadir luz a mi sol,                                            e non per giunger lume al mio bel sole,
que dejó en tierra tan preciados restos.                    che lasciò in terra sì onorata spoglia.

Justa razón a lamentar me empuja;                           Giusta cagione a lamentar m' invoglia;
mucho me duele el reducir su gloria;                          ch´ io scemi la sua gloria assai mi dole;
con palabras más sabias y otra pluma                        per altra penna e più saggie parole
quitarán a la muerte otros su fama.                            verrà chi a morte il suo gran nome toglia.

Mi fe pura, mi ardor, mi interna pena                        La pura fé, l' ardor, l' intensa pena
ante todos me excuse, que es tan grave                       mi scusi appo ciascun, grave cotanto
que no la enfrentan la razón ni el tiempo.                che né ragion né tempo mai l' affrena.

Un amargo llorar, no un dulce canto,                           Amaro lagrimar, non dolce canto,
no voz serena, lúgubres suspiros,                                   foschio sospiri e non voce serena,
no en estilo, en dolor me dan ventaja.                          di stil no, ma di duol mi danno il vanto.



Tomado de "Tres poetisas italianas del Renacimiento ", poesía Hiperión)