jueves, 21 de marzo de 2019

Día Mundial de la Poesía







Hoy, 21 de marzo, se celebra en muchas ciudades del mundo el #DiaMundialdelaPoesia. Esta celebración, fue aprobada por la Unesco en 1999, luego  de la solicitud que realizara el 5 de febrero de 1998, el editor Antonio Pastor Bustamente. La resolución de la Unesco, publicada en París en 1999, dice lo siguiente:



El día de la poesía

La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad. Merced a sus asociaciones y metáforas y a su gramática singular, el lenguaje poético constituye, pues, otra faceta posible del diálogo entre las culturas.

La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la UNESCO durante su 30º periodo de sesiones, que se celebró en París en 1999.

De acuerdo con la decisión de la organización Unesco, el principal objetivo de esta acción es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.

Por otra parte, este Día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

Organización de las Naciones Unidas
.

Para celebrar este #DiaMundialdelaPoesía comparto poema de Rafael Cadenas, quien encabezará hoy en Caracas recital poético que se llevará a cabo, a partir de las 4 pm, en la plaza Los Palos Grandes, en el que participaremos 40 poetas y actores venezolanos, el cual se ha titulado Poesía en Voz Alta. Comparto su Ars Poética:



Ars Poética


Que cada palabra lleve lo que dice.
Que se a como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.       
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir la verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restrégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Rafael Cadenas

domingo, 17 de marzo de 2019

Fe de errantes 17 poetas del mundo



            Ante la realidad, francamente voraz, que estamos viviendo en Venezuela, acudí a mi biblioteca en búsqueda de sosiego y me dirigí a los estantes de Poesía. Entonces, encontré este hermoso libro,  Fe de errantes 17 poetas del mundo, que conjuga poemas e imágenes visuales, las dos cosas que más me han acompañado siempre, las dos cosas que más he amado siempre, porque son las dos cosas que me han dado más profunda alegría, más profundo sosiego. Este libro, publicado por Otero Ediciones en 2006, fue compilado por Edda Armas y Lihie Talmor y la edición estuvo a cargo de Roberto Martínez Bachrich. Las imágenes que lo ilustran son grabados de Lihie Talmor, una de las compiladoras, y Juan Manuel de la Rosa.

Desde muy pequeña me amisté con las imágenes, a través de los álbumes de fotografías que papá fue tomando durante más de seis décadas. Fotos de nuestra familia, pero fotos también de sus amigos, de procesiones religiosas, paisajes, fotos de la ciudad. Allí había también, fotos de mis antepasados, fotos de los abuelos y tíos abuelos, que no conocí, porque ya habían muerto cuando nací, fotos incluso de la bisabuela paterna, Avelina. Pasé tardes enteras viendo lugares y rostros en Caracas, en Suiza, en París, en New York, lugares donde papá vivió a lo largo de su vida. Luego, cuando crecí, empezó a gustarme ver pinturas, grabados, ilustraciones. La Poesía llegó mucho después, porque no había lectores de Poesía en mi casa. Empecé a leer y escribir poemas ya adulta, cuando inicié mis estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela, en los años ochenta, tenía ya casi veinte años. Pero la Poesía llegó para quedarse.

Como 17 son muchos poetas para compartirlos todos con los posibles lectores de este blog, he hecho una selección de algunos de los textos leídos, aquellos que han hecho mayor resonancia en mí. Según nos explican las compiladoras, el criterio de selección hace referencia a un doble significado, a aquella persona que no tiene ancla, que va de un lugar a otro, un sinónimo podría ser nómada; pero también hace referencia a aquella persona que yerra, que se equivoca, esa acto tan humano, que pueden cometer las personas errantes y las no errantes también, por supuesto. Agradezco a sus compiladoras el haber descubierto algunos poetas cuya obra me era desconocida, particularmente los hebreos, pueblo cuyas expresiones culturales ignoro casi en su totalidad, pueblo marcado precisamente por la errancia.

Beatriz Alicia García
marzo 16, 2019


sobre todo llueve
y me importa

esto es bueno ahora
cuando todo
mi ser está turbio como la noche

me da tristeza y es bastante

pensar me trae recuerdos
y me importa que llueva
y olvide un poco

es necesario dejar de uno un tanto
quedar así
a solas
y que ellos se vayan

es importante que llueva
que llueva
y se llene
de agua todo el patio.

Reynaldo Pérez Só
Para morirnos de otro sueño, 1971.


FLORES DE CACTUS

a Pancho Vives, in memoriam

Hojas de papel en trozos cuadrados,
colillas de Camel en el pasto verde de abril,
pedazos de vidrio como collares de dioses
desaparecidos hace siglos y algo vulgares,
un carrete de máquina de escribir sucio, exangüe,
contra la superficie de lava petrificada y basalto.
Por aquí pasó el hombre: una pelota de fútbol
marchita hace meses compite, carmesí deslavado,
con el color de la sombra del árbol.
Pegados a la naturaleza rala,
puentes de significado voluble
entre ocio y desierto,
entre desecho y función,
arqueológicos y no odiables,
en fragmentos los objetos conquistan
la perpetuidad que los hombres no tienen:
la presencia del adolescente que pasa
del amante que busca un refugio,
del filósofo absorto en Lacan
es efímera a pesar de los gritos cambiados,
de la lágrima o del concepto vertidos,
en aquel lugar, allí,
donde la roca está circundada de hiedra
y un prado de cuatro metros de lado
vive bajo un encino aromático.
Ven, abandona el paseo mecánico
e inventa conmigo una nueva excursión.
Tal vez encontremos un cactus
que con las primeras aguas bebió
la savia, la memoria del mundo,
cuyas espátulas guarden el calor de esta tarde,
cuyas espinas lo hagan irredento
a la curiosidad, al acecho del tacto,
cuyas flores, satines en la aspereza,
hablen de ellas y de ti y de mí
sus compañeros inarqueológicos,
no residuales,
materia a camino del polvo,
imperceptibles después
de nuestra breve explosión.

Horacio Costa
Cuadragésimo, 1996.



Aquí golpeaba airadamente el padre sobre la mesa
causando un temblor de cristales, una zozobra en la sopa,
volcaba el jarro de su autoridad aprendida, de sus miedos,
de su ternura incapaz de balbuceos.
Adelantaba su dedo acusador y el silencio
era como una puerta obstinada que defendía a los niños del llanto.
Aquí sólo hay ahora una mesa de cedro, unos taburetes,
un modesto frutero que alguien hizo
con doméstico afán.
¿Dónde los niños,
dónde el padre y la madre arrulladora?
La tarde esplendorosa asoma añil y roja detrás de los vitrales.
Y pareciera que tanta paz, tanto silencio pesaroso
fuera el golpe de Dios sobre la mesa.

Piedad Bonnet
El hilo de los días, 1995.


ALTO DEL PEREGRINO

¿Qué tierra es ésta
en que los ciegos, en negra caravana,
erráticos, tanteando, a tropezones,
caminan entre escombros, sobre lápidas?

Es mi tierra, señor, y aquí hay días tan claros
como la frente de un niño que sueña.

¿Qué islas son éstas, pues, en que de noche
navegan por los aires los fantasmas
y se oye el lloriqueo de las viudas,
y las campanas
tocan a duelo en todas las iglesias?

Aquí nací, señor, y aquí me ha amado
con su cuerpo de sol una muchacha.

¿Qué patria es ésta
en que bajan los ríos cargados de ahogados
como barcos que ondean la enseña de la peste?

¿Por qué en sus hospitales, en sus patios,
en la leve veleta, en los altares,
hay cuervos y milanos y cernícalos?

Tengo una casa aquí y en cada cosa
hay palabras y sueños enredados.

¿Qué tierra es ésta que al pisar callamos?
¿Qué dioses vengativos hacen llover sobre sus gentes fuego?

Hace ya tiempo partieron los dioses.
Quizá, señor, no han existido nunca.

¿Qué sitio es, pues,
que no te atreves a decir su nombre?

Es mi sitio, señor, y esta es mi suerte.

Piedad Bonnet
Nadie en casa, 1994


VIENA (EN EL CAFÉ MUSEUM)

a mi hermana Ana

I
¿Se puede penetrar en el espacio de la memoria?
La estancia tiene forma de pentagrama, los muros oscuros
y anchos y unos cuantos libros en las esquinas.
Pudieran servirnos un café turco, en toda su gloria,
para contrarrestar la fría lluvia de primavera.
Si logramos traspasar la doble puerta
nos haremos fuertes frente a lo extraño. Por no escuchar
el reclamo de la caverna escondo un Jacinto azul entre la ropa.

II
Hallamos en sus muros desconchados
un juego zodiacal para protegernos del hado,
al abrigo de la luz, al amparo de las miradas.
Los animales del cielo nos señalan desde sus asientos
y no podemos escapar de sus bramidos,
la fuerza del espíritu clama por el advenimiento
de lo oculto, el grito de Sardanápalo ya asesinado.
Los signos se repiten en la dureza de la piedra.

III
La disciplina gobierna nuestras vidas,
no podemos dejar de andar por las constelaciones
para atajar la suerte en el sueño de los antepasados.
Hasta el punto marcado, hasta el espacio acotado,
todo es reflejo de las aguas superiores, del movimiento
de la batuta sobre la línea negra.
El castillo de Bartók es sólo el punto de partida,
luz y dolor para reconocernos en el jardín cifrado.

Rodolfo Häsler
Mariposa y caballo (Libro de viajes), 2002.

LUNARIA, BARCELONA

Un hombre pasa y come manzanas, hojas de laurel,
pasteles de almendras verdes que son un modo
de estar, un índice de premoniciones donde la
verdad tiene siempre lirismo agudo, dulce ebriedad.
Llegaste a conocer la soledad siendo todavía un
muchacho. Perseguido por ella no eres hijo del
 tiempo ni del reloj. Por comodidad rechazas la
agresión, la hostilidad, por eso, al morir la
tarde que arrastra en ella la mitología del
espejo, el viaje escandaloso a la casa del planeta
de luz, todos los reflejos de la ciudad coinciden
en tu vaso de té. Tienes el atrevimiento de vivir
en la hoja del puñal. ¿Qué puedo hacer yo ya, un
pobre santiaguero?

Rodolfo Häsler
inédito

DESDE LA BAHÍA

La bruma fresca
cubre a medias
esta ciudad
que apenas entreveo.
La luz, trinchera conocida
calma la soledad,
saberse aquí,
a un lado de la carretera,
en esta noche amplia.
¿Qué calles, qué siluetas,
qué recóndita esquina
esperan tras la niebla
mis pasos inseguros?
Imán (o vértigo),
la ciudad me convida
a perderme
entre su multiplicación
de voces y de espacios
y algún puente
-ahora desde lejos puedo verlo-
será la imagen
de un sueño repetido.
Me adentro imaginariamente
en la ciudad
y ella se adentra en otras calles
que de algún modo llevo dentro
en algún lado.
Y sin embargo estoy aquí,
todavía del otro lado del mar,
mirando esta ciudad celeste.
Estoy del otro lado del espejo,
y a través del espejo
me aproxima.

Carmen Villoro
El tiempo alguna vez, 2004.

Hasta aquí este abre bocas, esta breve selección de  Fe de errantes 17 poetas del mundo











domingo, 3 de febrero de 2019

Dos textos de Manuel Vilas

                                                 Manuel Vilas



MUJERES

No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.





EL INMADURO


 Me pasa siempre, y duele, y confunde. Debe ser algo relacionado con la desesperación de vivir. Si estoy en Barcelona, me gustaría estar en Madrid. Si estoy en Zaragoza, me gustaría estar en La Coruña. Si estoy en La Coruña, me gustaría estar en la cima del Aneto, comiendo setas venenosas bajo el cielo helado. Si voy al cine, en mitad de la película me entran unas ganas revolucionarias de estar en mi casa viendo la televisión. Si estoy sentado en el sofá viendo la televisión, me gustaría estar muerto y enterrado en el cementerio, contando los días que faltasen para la resurrección de la carne. Todo me persigue, ciudades, cines, casas, cementerios. Si estoy con amigos, preferiría estar con amigas. Si estoy con amigas, me gustaría estar con enemigas. Si estoy con enemigas, me gustaría estar en casa durmiendo la siesta. Si me compro unos zapatos con cordones, en que salgo de la tienda y ando por la calle empiezo a envidiar a todos aquellos que llevan zapatos sin cordones. Y también me pasa con las camisas, las cazadoras, los pijamas, y las sandalias en el verano. Y también con las vidas: Si me pienso abogado, preferiría ser médico. Si médico, sacerdote. Si sacerdote, hombre casado y con siete hijos. Si casado, soltero. Si soltero, viudo muy apenado. Si viudo, monje. Si monje, matador de toros. Estés donde estés, no has acertado por completo. Siempre hay algo más barato y mejor por ahí. Siempre hay vistas desconocidas en el acantilado de la vida. Me está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma.

Datos biográficos del poeta:

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta, narrador y ensayista. Entre sus libros de poesía destacan El cielo (DVD Ediciones, 2000),  Resurrección (XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 2005), Calor (VI Premio Fray Luis de León, Visor, 2008) y Gran Vilas (XXXIII Premio Ciudad de Melilla, Visor, 2012). Su poesía completa se publicó en 2010 (Visor) con el título de Amor. Es autor de las novelas España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire Nuestro (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio Librería Cálamo, Los inmortales (Alfaguara, 2012) y El luminoso regalo (Alfaguara, 2013). Lou Reed era español (Malpaso, 2016), Ordesa (Alfaguara, 2018). Actualmente colabora en prensa y revistas y se desempeña como profesor de Filología.

Textos tomados, con fin divulgativo, de
http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2013/10/diez-poemas-de-manuel-vilas-antologia.html

jueves, 24 de enero de 2019

Poemas de Luis Enrique Belmonte




                                                   Luis Enrique Belmonte




           Uno dialoga con los poetas desde su soledad,  de soledad a soledad. En esta mañana de domingo me tropecé con una antología de poemas de Luis Enrique  Belmonte. La compré a finales del año pasado, en la librería El Buscón, y dormía en uno de los travesaños de mi biblioteca. De pronto la vi, como alguien ve de pronto una muchacha solitaria sentada en el banco de un parque o una plaza. Y me acerqué a dialogar, de soledad a soledad, con los versos de Luis Enrique. Quienes escribimos Poesía lo sabemos, hay siempre algo de desamparo, de intemperie, en la escritura poética, y escribimos, secretamente, buscando un refugio, construyendo un refugio.



          Luis Enrique Belmonte, Beatriz Alicia García y Arturo Gutiérrez Plaza



Belmonte es un poeta intimista, aunque en algunos de sus poemas iniciales había algo de locuacidad, que por lo demás es característica de la mayoría de los escritores que se inician en el oficio. Pero desde el principio, su mirada de lo doméstico, o los vuelos de su imaginación, pasaban por lo íntimo, por indagar en esa manera en que el alma ve las cosas, en ese quién soy yo detrás de mis ojos, más allá de mi cédula de identidad, los roles que se me imponen, etc.

Belmonte es Médico cirujano egresado de la UCV (1996), con especialización en Psiquiatría Clínica por la ULA (2004) y estudios complementarios de Bioética e Historia de las ciencias en Barcelona, España. Ha publicado los libros: Cuando me da por caracol, Cuerpo bajo lámpara, Inútil registro, Paso en falso, Salvar a los elefantes, Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006 y Compañero paciente.  Como médico psiquiatra su oficio debe darle una perspectiva de lo real particular. No se trata de ver cuánto hay de pathos, en el mal sentido del término, en su Poesía, su escritura, quiero decir de enfermizo, desconectado. Pero sí en el sentido que vincula pathos con empatía, con explorar los laberintos del alma humana, su fragilidad, sus callejones sin salida, sus exilios internos. En sus versos explora lo que en la cotidianidad se hace muro, se hace pérdida, desilusión, travesía en el desierto, sobrevivencia, sentirse perdido, pero al mismo tiempo la búsqueda de arraigo, de regreso, de esperanza, aún en medio de la noche, del quebranto. Recojo esa travesía acorde a su tiempo, es decir, al principio no están los poemas más antiguos, voy en reverso, primero transcribo los poemas más recientes. No sé, en el caso de Belmonte, que ya tiene una trayectoria poética de más de veinte años, me pareció lo adecuado. Ha ganado importantes galardones como el Premio de Poesía “Fernando Paz Castillo” (1996) por Cuerpo bajo la lámpara; el Premio Adonais de Poesía (1998), convocado por la editorial Rialp de Madrid, por Inútil registro; y el Premio de Poesía de la IV Bienal de Literatura Mariano Picón Salas (2005) por El encanto. Luis Enrique es también músico.

Antidepresivos

Había baja de suplementos y de municiones.

La vida se nos había puesto cuesta arriba
y todo nos parecía muy lejano.
Cualquiera de nosotros
hubiese podido resbalar fácilmente por una aspirina,
escuchando canciones que venían del desierto,
pensando y pensando qué es lo que es y que será será,
cargando piedras de un lado a otro, rezándole a las lámparas,
muriendo con sentimiento como una rockola concurrida,
como una cigarra achicharrándose en la frontera
y todas esas cosas más o menos tristes.

A veces se nos partía una cuerda o se soltaban las tuercas
justo antes de salir al ruedo,
y entonces sí que había baja en todos los sentidos,
incluyendo las yerbas, las bombonas, las cantimploras,
la cara que te devuelve el espejo, el índice de credibilidad
y los niveles de autorrealización.

Y no es que dejásemos de hablar ante una audiencia respetable,
como tampoco dejaba uno de hurgar en las telarañas,
interesarse por el asunto criminal
o sospechar cuándo un fantasma
te está jugando una broma macabra.

Así que el mundo estaba aproximadamente así
hasta que llegaron los antidepresivos
traídos directamente de la farmacia
por una sílfide nocturna
con zapatillas deportivas.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pensar todo el tiempo
que todo está bien.

Así que ahora estoy aprendiendo a tocar la flauta dulce,
a no ser tan duro con los de la junta de condominio,
a planear como un pajarraco negro
por encima de cualquier circunstancia.

Así que ya no se sufre tanto
por el recalentamiento planetario
o las medusas en vías de extinción.

Así que ya no más nada que no sea:
una flor de floristería, la siesta del desayuno
y la siesta del almuerzo,
un repentino arrebol en la cafetería
o fumar en la ventana
mirando estrellas muertas
antes que lleguen las lechuzas.

Como quedarse dormido
viendo una película en blanco y negro
y despertarse al día siguiente
creyendo haber soñado en tecnicolor.

Como participar en un bingo de caridad
sabiendo que lo ganado o lo perdido
contribuirá de igual forma
a la remodelación de una casa de reposo
para ancianos con demencia.

Como vivir a gusto con tu propio bostezo
y olvidarte del índice de credibilidad
o los niveles de autorrealización,
pues nadie te está viendo,
los días son inocuos
y ya no hay ningún nudo que desatar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pasar
y dejar pasar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en quererse en cómodas cuotas
y a plazo fijo.
(De Compañero paciente, 2012)


Voz en la espesura

Voz que te adentras en la espesura,
hazte ligera, canta,
fertiliza en lo más hondo,
esparce tus pájaros en la oscurana.

Voz que te adentras donde no hay morada,
donde lo blanco hiere en la intemperie
y lo negro acecha con un aletazo.

Voz desprendida, ala traslúcida, llama viva,
hierofante, primer y último temblor, avanza,
avanza en la espesura,
bebe del fondo de la ciénaga,
haz que brote el germen, la brizna,
el deseo de rozar
la piel de lo que no es palabra ni canción
sino asombro, incandescencia.
(De Vendrá otra larga travesía, 2006)

Canción que no se olvida

No quiero tocarte como si fuese la última vez.
Y no será la última vez. Me lo han dicho
los zorros que cruzan sigilosamente por la carretera.

Vendrá otra larga travesía.
Vendrán caminos, ventanas,
señales tuyas en las cabinas telefónicas.

Saldrán cangrejos del cuarto
hambrientos de noches y sábanas.

Guardaré en mis bolsillos
las migas de tus panes, la lana de tus medias.

Y el tiempo tejerá mantas para el encuentro.
Y se escuchará la canción que no se olvida.
(De Vendrá otra larga travesía, 2006)

Pájaros ardiendo en pleno vuelo

Lo que se dicen los amantes después de la travesía,
los gatos y los paraguas bajo los portales,
los gorriones sobre los cables antes de la desbandada.

Lo que se dicen los zorros en las cabinas telefónicas,
los contrabandistas en los muelles, entre canciones y licores,
los condenados y sus verdugos a la hora del gallo.

Lo que se dicen los niños sobre la yerba al final de la tarde,
los moribundos en las salas de urgencias,
los borrachos cuando se despiden
en el callejón en donde se prolongan los abrazos.

Monedas líquidas que se intercambian en el tráfago,
pájaros ardiendo en pleno vuelo,
llamas del solsticio que se inclinan para que el viento las sople.
(De Vendrá otra larga travesía, 2006)

Canción de los que parten

Los que se van tarareando una canción
dejando que la luz ocupe su lugar en las esquinas,
en los rostros que llegan,
en las manos que tantean el espacio habitable.

Los que se van arrimando al horizonte
buscando pájaros que aletean en la oscurana.

Los que en su marcha desprenden astillas, espinas,
cáscaras que señalan el sentido
de lo que no pudieron decir a tiempo
cuando era justo decirlo.

Los que se van no deben mirar la estela de su paso
sino el relumbre de la tierra prometida
que no es más que el destello de sus propios cuerpos
trasegando caminos en lo más cóncavo de la noche.

                 Escuchemos la canción
sobre los tejados de pueblos afantasmados,
en los goznes de puertas entreabiertas,
en los áticos del viento.
(De Vendrá otra larga travesía, 2006)

A la deriva

Desde que estoy a la deriva me falta detergente.

Desde que estoy a la deriva me visitan los redentores,
los traficantes, las musarañas.
Como un pelotón de nubes desmoronándose.
Como un trozo de hielo
flotando en un trago sin dueño.
(De Cuartos de alquiler, 2005)

Cómo se funde un motor

Cuando te pregunten cómo se funde un motor,
diles que con el pellejo, la caña, el dale que dale.
Diles que con el desvelo, las canciones tristes,
la corredera tras la liebre que se escapa.
Dile que con los sustos en la madrugada,
los frenazos al borde del barranco, el espejo delator.
Dile que con todas las veces que uno llama al otro lado
y nadie, nadie responde.
(De Cuartos de alquiler, 2005)

El jardín donde todo murmura

Recójanse en sus guaridas
los hombres y las bestias.
Concentrar bajo techo las mantas,
las humeantes tazas.
Que fluya bajo la garganta de las gárgolas
la voz de una memoria antigua.
Que se aquieten los amantes
en los cuartos de alquiler.

                          Sólo por esta tarde
callar, frotar los cuerpos contra los ventanales,
oír cómo resuenan secretamente
las rejas, los cristales, los estanques.

Retroceder con cada gota
hasta el jardín en donde todo murmura.
(De Paso en falso, 2004)

La franja

                                  Arden
los últimos conjuros de una lámpara,
y por esa franja se deslizan
los esclavos del sueño.

Miro sus rostros hinchados
       barbitúricos, cerúleos,
queriendo de veras
habitar esta página.

Tan atontados por la búsqueda
de un lugar que no está aquí.
(De Paso en falso, 2004)

Pasemos revista

A ver, pasemos revista: allí están las cosas íntimas
con la costumbre sobre el lomo, almacenando viejos rencores
ya olvidados por nosotros. La mesa y su llanura
y sus taras invencibles, también la luna
del primer beso hecha añicos, la solapa de un sobre
que por miedo nunca abrimos. Las sombras, a ver,
las sombras y sus ademanes tristones
como los de algún dios embaucado.

Las promesas huyen por un pasadizo estrecho
y se esconden en un punto donde la luz se devuelve arrepentida.

Todo está en calma, de esa calma
que nos ofrece la resignación de la pérdida, pero exactamente
¿qué es lo que se nos ha escapado e intentamos recuperar
sólo por la vanidad de enarbolar la memoria
a la manera de una estrategia cautelosa
en el asunto de apuntar el agua de los ojos
a la resolución de un llanto a hurtadillas?

Pasemos revista, a ver las bajas, las municiones,
los moribundos, las degluciones,
todo lo que se acumula en forma de residuo,
de reclamo tácito por la palabra no pronunciada,
por el inoportuno movimiento del cuerpo, por el libro
o la mano que no estrechamos a tiempo
cuando era urgente hacerlo.

Un vistazo a los fragmentos del desastre, un guiño
a los restos de esta debacle mínima, vespertina,
una discreta reverencia a sus sonoridades dodecafónicas
para espantar el tiempo, el tiempo que por demás hace lo suyo
y no tiene medida ni culpa
de estos escombros sobre la mesa y su llanura
y sus taras invencibles.
(De Inútil registro,1998)

Hoy no hay nada que decir.
La mano apenas puede alcanzar
el somnífero en la mesa de noche,
y sólo queda el amparo
de una lámpara que balbucea.

Esta geografía que se desploma,
silenciosa como la siesta de los gatos,
no tiene nada que mostrar,
a menos que el hundirse
con los días de esta Atlántida
sea algo digno de mostrar.

No hay nada aquí, no pidan los restos, no escarben más.
Será mejor recoger los cabellos caídos en las barberías
o trasfundir con nuestra sangre
a los canarios moribundos, pues hoy la nube
se niega a precipitar
y a los enanos que quedaban
se los tragó el carrusel.

Alguien encalla bajo una lámpara
sin la ramita que traen las gaviotas
a la proa del día extraviado.
Ni las barbas de un santo, ni el ocaso, ni nada.

Así que si alguien llama, grita o busca razón,
díganle que hoy, precisamente hoy, irrevocablemente
el hoy de aquí, casto, boquiabierto,
ojo de pez en la arena,
no hay nada que dar, nada del soluto del decir.
(De Cuerpo bajo la lámpara, 1996)

Aquellos que buscan profundidades no saben
que detrás de la nieve azul
existe un lugar de raíces, de tierra negra,
del cual nunca podrán regresar. Descienden absortos
en su búsqueda tras la humedad de un beso largo.
Una vez abajo, serán olvidados por siempre.

Quizá sea esa su recompensa.
(De Cuerpo bajo la lámpara, 1996)