domingo, 23 de agosto de 2015

Poemas de Marissa Arroyal Ordeix




        Marissa es silenciosa, no le gusta hacerse notar. Pero detrás de esa delgada figura, se esconde una extraordinaria poeta, una humilde buscadora de honduras y bellezas. Nos conocemos hace años, de vernos en algunos eventos literarios, que siempre hay en Caracas. Pero sólo recientemente tuve la oportunidad de sentarme a conversar con ella, en una amenísima tarde de café en café Arábica, lugar de tantos gratos encuentros, en el que hacía mucho no me sentaba. Habíamos acordado desde hace varios meses una tarde de café y felizmente pudo darse. Esa tarde íbamos de sorpresa en sorpresa, descubriendo afinidades, además del amor por la literatura y la poesía, el amor por la naturaleza, por la necesidad de encontrar espacios para la soledad y el silencio. Le obsequié mi antología Lugares olvidados, publicada por Monte Ávila Editores en 2007 y ella a su vez me obsequió la suya Meridiano del Sol. Le comenté mis recientes experiencias como coordinadora de talleres, algunas semanas en el casco colonial de Petare, y más recientemente en la Casa Arturo Uslar Pietri. El estupendo feed-back con los niños y jóvenes entre 9 y 16 años, que sorprendentemente logré acoplar sin mayor problema. Después de algunas semanas atareadas logro leer su libro de poemas y no puedo menos que compartir sus preciosos versos, que me han deslumbrado. Versos donde se vinculan, dialogan el alma y la naturaleza, el alma y el ser. 

Beatriz Alicia García



Compañero 

Tu pecho tiene
el tamaño exacto de mi dolor
(el mío el de tu desasosiego)

Tu abrazo no me deja caer
(no te dejo caer)
en la miseria del mundo

Tu boca (en la mía) desgarra
la vana impostura

Incendiamos el mundo
para hacerlo nacer tibio pichón nuevamente

Desde tu trinchera
desde mi trinchera
marchamos con el ejército de los desposeídos
                          (los que tienen hambre y sed de justicia
                    (los mansos subversivos de corazón puro
los desperdigados hijos de Túpac Amaru
los hermanos de Cuauhtémoc

Pasas invisible entre los presuntuosos
paso invisible entre las frívolas

Hombre semejante y diferente
Eres el complemento


Manifiesto del corazón

Hay que recorrer todas las cuevas
restaurar todas las grietas
derribar los muros
abrir puertas y ventanas

Hay que borrar las cicatrices
el llanto de los espejos
amansar los perros del odio
dejar volar los  pájaros de los propósitos

Hay que levantar un templo
torres, ábside, campanario
de cristales claros
donde cada piedra sea un sol

Gala

De plata y lapislázuli
la libélula
única alhaja de esta
pálida mañana

Corazón de flor

Una súbita
gota de rocío
ilumina
con oleaje de plata

el laberinto

Esbozo para Chuang-tzé 

La mariposa
abre y cierra sus alas
en el polen umbrío
de la piedra

¿Sueña tal vez que es mujer?

Tierra de ancestros

¿Has visto el tierno tallo del bambú?

el sereno se demora
en el trazo de los nudos

en el verde nuevo de las hojas
inmóvil se queda

y con súbita luz resplandece

Un compañero desconocido 

Por el estrecho sendero
me sigue la mansedumbre

ojos de dolor condensado en brillo
¿por qué quiere realizar conmigo la difícil ascensión?



Marissa Arroyal Ordeix

(San José de Mayo, Uruguay). Poeta, narradora, editora y ecologista. Nacionalizada venezolana, vive en Caracas desde 1974. Realizó estudios de Filosofía. Entre sus libros publicados se encuentran: Arcana (1982); Vertiente norte (Mención Poesía Bienal Mariano Picón Salas, 2001); Guaraira Repano (Premio Certamen Mayor de las Artes y de las Letras, 2004; Sogno nel tempio (Premio Internazionale di Poesia Nosside, 2005) y Centinela de los Toromaymas, 2006; su libro Estación Petare y otros poemas obtuvo Mención de Honor en la Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra en 2008. También ha publicado literatura para niños: La montaña que vino del mar (Premio Único Bienal Latinoamericana Canta Pirulero); Los Tropitrolls (2007), Ling, la osa de los bambúes (2009) y Poemas al viento (2010). 
      

domingo, 9 de agosto de 2015

Poesía es voluntad/Beverly Pérez Rego


                                                     Beverly Pérez Rego    Foto: Laura Mustio

            

              Conocí a Beverly Pérez Rego a finales de la década del 80 del siglo pasado. Coincidimos en el Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) que coordinó Armando Rojas Guardia entre 1988 y 1989. Espacio de encuentro semanal que para mí fue muy enriquecedor en mis años de formación, tanto por el coordinador del Taller, como por el excelente grupo que participó. Ya entonces había empezado a gestarse el primer libro publicado por Beverly, Artes del vidrio (Pequeña Venecia, 1992). Sus oscuras imágenes góticas, escritas en prosa poética llamaron poderosamente mi atención, porque en aquella época, por diversas circunstancias, sobre todo académicas, lo medieval había tomado especial interés para mí. Había leído textos narrativos, poéticos, ensayos, sobre la época, había escuchado canciones de trovadores provenzales. Lecturas que varios años después me llevaron a escribir mi libro de poemas Acto de fe (La Liebre Libre, 2000). Pero mi Edad Media no alcanzaba ni por asomo la hondura de ese imaginario que fue configurando la voz y la obra poética de Beverly Pérez Rego. La muerte, las figuras fantasmales que poblaban sus poemas me resultaban verdaderamente inquietantes, pero al mismo tiempo atractivas. La mujer, lo femenino, se configuraban con una gran fuerza. Sus arquetipos de lo femenino estaban vinculados a la noche, a la oscuridad, a lo misterioso, al terror mismo de lo gótico, a la fatalidad. En sus libros posteriores esta imagen se matiza, pero no pierde esa fuerza inicial. En 2006, Monte Ávila Editores Latinoamericana publicó una antología de sus libros publicados, Artes del vidrio (1992), Libro de cetrería (1994), Providencia (1997) y Escurana (2004), al que se añadía un libro inédito Grimorio, bajo el título de Poesía reunida. En estos días releo sus libros pensando en escribir un texto sobre las poetas de mi generación. Comparto el poema "Poesía es voluntad" de Grimorio. 


POESÍA ES VOLUNTAD

Es cierto:

No es hilera de vocablos sentados cómodos sobre
el intelecto;

No es sapiencia intimidante, ni sollozo de vida
parcelada-

No apela a la inteligencia, ni busca seducir.

No es una idea.

Es una orden.

Si la tienes,

Ni el más alto destino te salva.


A veces nos arrodillamos y rogamos no venga-

Mas si la tienes, te mata,

o te hace más esclavo.

Es el punto negro antes de la ceguera,

el arte negro, la más negra de las artes.

La maciza lucidez del poema se paga, en vida,

con un espinazo débil,

con demencia.



No se negocia con ella.

Se vive a pesar de ella.



La poesía, créeme, no es un don,

es voluntad.



Beverly Pérez Rego 

martes, 4 de agosto de 2015

Poema de María Baranda Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2015




A la poeta Maria Baranda (Ciudad de México, 1962) poeta y traductora, le ha sido otorgado el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2015. El cual es otorgado por el Seminario de Cultura Mexicana y el Festival Internacional de Poesía de Trois-Riviéres de Quebec. La autora recibió este reconocimiento por sus libros publicados en edición bilingüe Moradas imposibles/Fabulas de los perdidos traducido al francés por Fabienne Bradu y Atlántica y El Rústico traducido por Nicole y Émile Martel. La autora ha participado en diversos festivales internacionales de Poesía y ha recibido ya algunos importantes premios como el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, Premio Internacional de Poesía Villa de Madrid y ha sido incluida en la Lista de Honor de International Books on Board for Young People. Entre sus obras publicadas se encuentran El jardín de los encantamientos, Ficción de cielo, Dylan y las ballenas y Arcadia. Comparto uno de sus textos Ángeles de proa:



ÁNGELES DE PROA


                          Hemos llegado
              y no es del mar donde somos,
      aquí hace tiempo estaba nuestra casa,
              en el Oriente de los vientos;
   las mujeres veían pasar las nubes lentas,
              había plantas muy distintas
    arraigadas al sol que tanto se recuerda,
 y era la voz de helechos y largos chayotillos
              lo que a diario nos llamaba,
  antigua era la casa de húmedas entrañas,
          de árboles de sangre y pájaros,
                los cerros y los montes
              se alzaban bruscamente,
     altas las pendientes y el estanque frío
            
       donde extraviamos lo que vimos,
después los hombres se fueron hacia el frente
       hinchados de gloria y de batallas:
       si alguna vez fuéramos grandes...
  
                     pero la historia
            de la tierra se borraba, así,
              tan solas nos quedamos
 con el honor y la excelencia al hombro,
       entonces por boca de la anciana
       supimos de extrañas ceremonias
              donde se guarda a Dios

              y se lame su palabra,
   árboles se erguían en los sueños
                     y no había
olor de azahar, de acanto o de albahaca,
    los pies eran ligeros, y la lluvia... 
  cantaba un gallo muy lejano,
de esos guardados entre pastas
  de viejas biblias ya olvidadas,
hermosos los ojos que leían, ¡ah!,
los labios, los sueños de las otras,
      las olas eran altas, grandes
las piedras donde ningún sonido era eterno
             en las regiones de las aguas;

                                luego,
                vestidas con las telas
                       y las flores,
llegaba el momento de rezar y de llenar la noche
               con palabras, porque las horas,
                 las horas no se escapan,
                  todas están habitadas,

              ángeles venidos de la Altura
                cruzaban muchos círculos,
   ofrendas de pimientos y frutas muy jugosas
eran puestas al paso de los templos, los ángeles
   con las manos abiertas, decían el Bien decían
                                   el Mal
           hasta la hora en que una estrella
                aparecía en el firmamento
             y toda exclamación se disipaba,

           montes verdísimos lucían sus yerbas
                  de epazote y toronjil, arriba
                      la Virgen del Recuerdo
           se iba lejos con la cabe/a al sol,
        el mundo eran los días, calendarios
                 tallados a muerte, voces
                 de una piedra consagrada
        que sabía del tiempo seco y amarillo de
                               los campos,
        de la tierra de azúcar verde y de fuego
    que soñaba con el pan dulce de la escanda,
    todos estos lugares se oían en los suburbios,
y nosotros, mientras narraban, teníamos miedo
        de los demonios que miran a los niños
y pensábamos en esos Santos sin ningún oficio
   que ardían en las hogueras, con una mano en
                                  la boca
                  y la otra en el vacío, luego
                     brotaban los fantasmas
              de bestias hace siglos ya enterradas,
                 dos sílabas caídas de un cadáver
        aún mojado por las tibias gotas de la lluvia:

                         el Padre en el abismo
       que ruega por el sol y su blanca marejada,
       el Padre en el principio que todo lo reclama,
             el todopoderoso que guarda de noche
                          su ejército de dioses,
       caballos de viva sangre eran su primer coro,
                             y la palabra pura

                                en el mundo
                  libre al aire y al mar;
         de allí los hombres, los mineros,
                cocina de pan y de miel
         donde el Padre decía los oráculos,
                      y el cielo tan azul,
             y su murmullo, la voz del Pez
          y la derrota de aquello no escuchado,
       el Tiempo decía que lo borrara de su libro
pero él, el único, el todo roca y puro para siempre,
                      cerró su corazón, lamió
los márgenes del terebinto y dijo al ermitaño
          tu será de niña pero tu acción...

          ¡Señor, el mundo es tan ajeno!,
   será, narraba aquella anciana, cuando se
                         guarde el sol
y de los montes bajen a un feudo de leyendas,
   en paz con la mesura del enebro, lo harán
   por la espiral del cielo, el corazón a punto
                         y la marea...


                   así fue el nacimiento
                   de todos los Espíritus,
               engendrados tan alegres
                   y siempre luminosos,
              que una ráfaga marina
           hizo estallar en las semillas
                       bajo el sol;
         llorosas estaban las Parteras,
   las algas y las flores rojas de la mar
      eran mecidas cual frutos muertos
        bañados de un antiguo secreto,
            toda la bondad de las raíces
      en las barbas de la mujer del mar,
                           nosotros
                decíamos la oración
sobre los dulces corazones del espliego,
              sin otra cosa por hacer
  que dar la vida más íntima a la tierra;
              grandes eran los álamos
              que acogían la ofrenda
de buena voluntad y de hermosas maneras
           fermentadas en monasterios
              o acaso en frías iglesias,
o en el amor que escupe el invisible pordiosero
                          en esos muros
                   hace siglos ya de pena,
         y la tumba del Señor —el nuestro—
         abierta como abierta está la playa
                         al extranjero,
              su sombra ha quedado aquí
          porque este mundo de tan ajeno
                        es una página,
              una violencia jamás escrita,
                            es la luz,
                la humillación suprema,
                            la gloria
            donde se hablan y no se miran
            el minero y su propia sombra,
               el Uno que sigue al Otro,
        ellos, los memoriosos, decían un día
                 haber oído al perro
          y sus ladridos, de las casas
      salieron sordos ruidos, hombres
                 vestidos de negro,
                 blancos por dentro,
como la noche caída en el barranco;
           allí un ataúd de encino
pasaba con su cortejo de estériles mujeres,
          y no sus manos y no sus rostros
             eran la ofrenda de los patios
donde pálidas las rosas y dulces en su fuerza
guardaban el sueño de los hombres de la costa;

                mar arriba entre las nubes
                se iba el canto del ejército,
                               y nadie,
            en la visitación de los extraños,
                   sintió la paz que mata
                mas no alcanza a disipar
                los sueños ya de siempre,
       blancas eran las caras consumidas,
    blancas también las piedras de la fosa
         que hizo cavar aquel Sargento,
              solitaria quedó la ciudad
           de verdes barrios y de plazas
donde vírgenes ancianas adularon la Visitación,

                          y las mujeres
                   tan rojas como azules
                 en la mirada de la mar,
            dóciles en las esquinas de la noche
                             y lentas,
                     más lentas y profundas,
avanzaban con el canto perdido entre los peces,

        ¡vive allí!, se oyó en las habitaciones
               solitarias, cuando las tropas
                   en marcha perseguidas,
         vieron el fin, la tarde de la Víspera,
         ¡cartílagos tendidos sobre el agua!,


                      yeguas magníficas
                        eran cobalto
                 en los caminos bárbaros,
                      y un viejo sacristán
                     de pie en el muelle
              decía de Dios y los insectos
                  a tres días de la muerte,
            ¡guerreros de hermosas manos
         y cuerpos de árbol!, desnudos van
                        pero gloriosos,
      a ver al mediodía tallar sus frentes,
      y toda la congregación de guardias,
federales, soldados viudos desde el alba,
                 esperan ya la gracia
       en las rejas de algas de la mar,
en las jaulas de oro que costean a los sepulcros,

          ¡lágrimas derramamos
     por los hombres incrédulos de sueños
               y amarillos en la fiebre!,
               y el día de San Patricio,

     bajo el rayo más fuerte de aquel sol,
         luchamos, la luz a nuestro lado,
            el tiempo en todas partes
             y la milicia de los cielos
             a la voz de la traición,
         crímenes venidos de muy lejos,
        vestidos con grebas de bronce
                y coraza escamada,
                  llevaron la plaga,
            a los atrios y almacenes,
             a los patios del herrero
          donde el huérfano gritaba,
      y un águila, nacida de montaña,
 bajaba como loca entre la confusión;


         el cuerpo ya no existe, atrás
          quedó el ángel del abismo,
                  ardiente y blanco
        por la cal del hombre muerto,
                  relámpagos en tal
                y en tal otra parte,
          refugios en la voz del monte,
                          gemidos,
                          y Dios,
                  errante y elevado,
    también perdido entre la confusión;


aquí hace tiempo mirábamos un mundo,
                 quizá desesperado,
                 de leyes agotadas,
              de héroes y de locos,
   de vendedores y príncipes extintos,
     un mundo donde el sol se aleja,
          desciende el horizonte,
          las piedras abren grietas
          por donde pasa la mula
      con su amo que se arrastra,
          allí surgen los pueblos,
      lugares que cosechan templos
para purificar a santos y a mujeres,
              rebaños de vacas
que lamen las banquetas y más allá
    repúblicas de hombres tristes.

    ¡Señor, las calles son de fuego,
la historia arde frente a su propio espejo!


¡Señor, estamos perdidos entre la confusión!


María Baranda

domingo, 19 de julio de 2015

2 poemas de Alfredo Arvelo Larriva

                                                   Alfredo Arvelo Larriva


        Este poeta venezolano, nacido en Barinitas en 1883, fallecido en Madrid en 1934, no es quizá tan conocido como su primo Alberto Arvelo Torrealba, pero su obra poética también merece nuestra atención. Llegó muy joven a Caracas, a los 12 años, para estudiar el bachillerato, donde posteriormente inició también estudios universitarios. Se dio a conocer como escritor a través de artículos periodísticos que publicó en su juventud en diversos medios caraqueños. Fundó las revistas Hoy sábado y el rotativo El otro. Con el escritor Jesús Semprum, fundó en 1911, Sagitario, una de las más importantes revistas culturales de la época. Como muchos jóvenes de su tiempo tuvo inquietudes viajeras, recorriendo a los diecinueve años la Amazonía, retornando luego a Barinitas, donde reside algunos años, para emprender un nuevo viaje por los Andes, para finalmente establecerse en Caracas, donde, junto a sus actividades periodísticas, se une a la juventud que se enfrenta a Juan Vicente Gómez, terminando en las cárceles gomecistas, donde escribe poemas, que son publicados clandestinamente, bajo el seudónimo E. Lenlut (El enlutado). Es condenado al destierro. En 1921 viaja por diversos lugares de América y Europa, estableciéndose finalmente en Madrid, donde muere en 1934. Publica pocos libros en vida: Enjambre de rimas (Ciudad Bolívar, 1906); Sones y canciones (Caracas, 1909); un libro recopilatorio La encrucijada. Secuencias de otro evangelio. Salmo a los brazos de Carmen (Caracas, 1922) y 6 de agosto (Caracas, 1924). En 1949 se publica una antología de su obra Sones y canciones y otros poemas. Su obra, a diferencia de la de su hermana, Enriqueta Arvelo Larriva, no es un canto al paisaje natal, tiene una mayor influencia de la estética modernista, está mucho más marcada por la expresión de la subjetividad. 


Dos poemas de ALFREDO ARVELO LARRIVA

PLENITUD

Hoy cumplo treinta años de mi vida,
y doblo de la vida el Cabo de Hornos.
Y la ruta sin altos ni retornos
hacia el futuro va desconocida.

Atrás quedó mi juventud, ¿perdida?
Yo la maté: lo digo sin adornos.
Yo la maté: lo digo sin bochornos.
Así mata un amante a su querida.

Pero no la perdí. Transfigurada,
ella fué mi sostén en la jornada
de tres mil días por la Selva Obscura.

Ella me dió la paz que reverencio,
flor de la soledad y el silencio.
Y soy un buen doctor en amargura.


MIRANDOTE LOS OJOS

Mirándote los ojos te miro toda entera.
Toda entera deslumbras en su magia sombría.
así en un solo pájaro toda la melodía
y en una rosa única toda la primavera.

Ojos negros y próceros de claridad procera
que a tu beldad son dúplice blasón de señoría.
Sabios en luz y sombra, no saben todavía
que por ellos mi trágica desesperanza espera.

Y me forjo, mirándolos, el despotismo doble
de dos hermanos príncipes que con su brillo noble
subyugan un imperio presa de torvos males.

Porque mi alma sufre, tenebrosa de tedio,
con la fe melancólica del ansia sin remedio,
la tiranía fúlgida de tus ojos triunfales.


Alfredo Arvelo Larriva

miércoles, 8 de julio de 2015

Poemas de Luis García Morales (1929-2015)




El pasado viernes 3 de julio falleció el poeta venezolano Luis García Morales. Estuve varios días buscando el único libro suyo que tengo en mi biblioteca, "De un sol a otro" (1997), que lo hizo merecedor del Premio Municipal de Poesía en 1998, para poder compartir algunos de sus versos prodigiosos y finalmente lo tengo en mis manos. Hace algunos años pude escucharlo recitar sus versos en un recital intergeneracional que me parece se organizó en el Ateneo de Caracas y me atraparon sus imágenes que fluían como un río caudoloso. El río, es precisamente, uno de los más importantes referentes de su Poesía. Nacido en Ciudad Bolívar en 1929, a pesar de haber dejado su ciudad natal, se llevó consigo a ese río que acompañó su infancia, el Orinoco y esos paisajes que lo rodearon. A finales de la década del 50 del siglo XX, cuando la democracia era una esperanza, a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, García Morales fue miembro de uno de los grupos literarios más importantes del momento, "Sardio", junto a Elisa Lerner, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre, Salvador Garmendia, entre otros. Luego se fue a París, donde permaneció tres años, durante los cuales viaje por Europa y el Medio Oriente, y al regresar a Venezuela tuvo una activa participación en la fundación del Inciba y luego fue el primer Presidente del (Concejo Nacional de la cultura (Conac). Fue también director de Monte Ávila Editores, y así mismo dirigió la Revista Nacional de la Cultura. Por lo tanto, podemos decir que la historia cultural venezolana contemporánea está estrechamente vinculada con la del poeta García Morales. Por lo que le debemos una mayor difusión y valoración a su obra. Algún tiempo atrás publiqué en esta página algunos versos suyos, hoy, con motivo de su partida, vuelvo a compartir otros. La profundidad de sus imágenes lo merecen, ese hondo y bello imaginario en el que confluyen hombre y paisaje, lo efímero y lo eterno, el vivir como un viaje  rico e interminable, que nos regala sus dones.

De un sol a otro

1
De un sol a otro
Vivimos en jardines
Turbados por la eternidad de lo efímero
Nos acontece cantar y sufrir
En el mismo instante
                        del sacrificio y el aleluya
Hay días que permanecen
Y otros que no existieron nunca 
Si miras tu recuerdo vuelve a nacer un niño
Y ves el trabajo de los años
En la piel    en los huesos     en el uso
                           de la palabra
Si pasas de un río a otro
Verás la transparencia de la noria:
Los círculos del sol y la serpiente
Entregándote rosales en llamas y
                                     en penumbras
Y remolinos de peces vivos y muertos
Ardiendo en los mismos pozos de vino

&&&

La noche devuelta al sol

El  tiempo se mueve
en el área invisible de la velocidad
Los espacios
             En la vestidura de cada flor

Cada día el girasol
           Mueve a su alrededor la luz

Se asombra el alma ante la ronda eterna
De las variaciones hechizadas
¿Seguirá mi sangre ese vaivén
Como lo sigue cada día la cayena?

Entro y salgo por una calle de ojos
Que miran y yo miro
       Desde ayer
                        Desde hoy
                                        Desde mañana
Repentina y perpetua mirada de tres mundos
Visión continua de un río
                     Que es un pozo
Vuelo de un pájaro
                      Fijo en un lienzo

                                       río Orinoco


&&&

 El espacio es un gran árbol invisible

3

El sol
         mueve
                    al mundo
con una sola flor

La noche
               pasea
                        el follaje de su árbol
                                     carbonizado
alrededor del mundo

Entre el árbol
                    y la estrella
un río avanza
                     silencioso
iluminando
                 el curso impredecible
                                    de un pájaro

6
La oreja fina de la diamela
Oye el zumbido azul
                               del colibrí

En el follaje brilla la esmeralda
Un canto
Una canción muy tenue
Para esta hora limpia
                          y única

&&&

Bajo el árbol del cielo

VII

Arde la llanura hasta sus confines
Respiramos un viento árido
Y hay un aire amarillo
Donde vuela una mariposa azul
El día está en ella
Se concentra en ella
Y los grandes ojos de sus alas
Nos miran
¿Pasaremos a través de sus ojos
Hacia otro sol?