domingo, 20 de enero de 2019

Poemas de Viaje legado de Keila Vall de la Ville




            La vida cultural de Caracas es bastante activa, por lo general. Aún ofrece un variado menú semanal de actividades: cine, artes plásticas, literatura, teatro, charlas, foros y conferencias sobre diversos temas. Y generalmente, quienes somos asiduos a un determinado tipo de eventos terminamos conociéndonos o incluso amistándonos. Conocí a Keila Vall de la Ville (Caracas, 1974), en un recital que organicé en febrero de 2011 en la librería Kalathos. Cinzia Ricciutti, a quien invité a participar, me preguntó si una amiga poeta también podía participar, Keila. Le dije que sí, que no había problema. Así ella se sumó al grupo ya conformado por Alfredo Herrera Salas, Cinzia Ricciutti, Alexis Romero, Georgina Ramírez y yo. El día del recital, Keila y yo hicimos buena sintonía de inmediato. Cuando leyó sus textos noté, que desde el punto de vista poético, éramos bastante afines también, en el tono urbano, pero al tiempo reflexivo.







En esa misma época Keila, junto con Kira Kariakin, Georgina Ramírez y Jacqueline Golberg iniciaron los jamming de Poesía en el Ateneo de Caracas, en los cuales los participantes, como los músicos de jazz, improvisaban tomando como pie lo leído por otro de los poetas participantes. Participé en uno de los jammings en agosto de ese mismo año, junto con Eleonora Requena, Alexis Romero, Leonardo Padrón, Enza García, Adalbert Salas, Ana Lucía de Bastos y Adriana Bertorelli.

Pocos años después, Keila se fue a participar en el programa en Escritura Creativa de la Universidad de New York y al terminarlo se quedó allá, en la ciudad de los rascacielos, donde hizo otra maestría en Estudios Hispánicos, en la Universidad de Columbia. Ella es antropóloga, egresada de la Universidad Central de Venezuela, magíster en Ciencias Políticas por la Universidad Simón Bolívar. Además de escribir poemas, ha incursionado también en la escritura narrativa, publicando el libro de cuentos Ana no duerme, editado por Monte Ávila Editores en 2007 y la novela Los días animales, que el año pasado obtuvo un galardón internacional, el Best Novel International Latino Book Award 2018. 
            Los poemas que comparto pertenecen a Viaje legado, editado por Bid & co en 2016, es hasta ahora su único libro de poemas publicado. En sus versos encontramos textos de distinta respiración, unos bastante breves, otros de mayor extensión, otros incluso en prosa; pero unidos por una voz, aunque definitivamente urbana, es una voz que indaga hacia adentro, hacia el alma. Y aun cuando, en la mayoría de sus textos, se narre, se cuente una anécdota, eso que pasa, se nos entrega desde una emoción, desde las huellas en el alma que deja lo sucedido, lo sentido. Lo que puede hacer que los primeros textos, con una fuerte carga de violencia, puedan resultarnos algo incómodos. Es quizás paradójico, para quienes la conocemos, que esa mujer espiritual, afectuosa, sea al mismo tiempo, fuerte, e incluso implacable a veces, en su escritura. Mi selección, como toda selección de textos, es arbitraria, comparto los textos con los que he tenido más resonancia, pero esta selección, como todas las que hago, es igualmente un abrebocas, una invitación a la lectura.

Quebrada pero viva
(fragmento)

3

Caracas es el Aula Magna los domingos a las once
su acústica impecable y sus asientos de madera
el techo de Calder.
El pasillo de la Universidad Central
aulas y librerías entre jardines
un ejercicio de Matemáticas medio borrado
silencio seco, tiza percusión.

A esa hora dos hombres secuestran a una mujer
para robarle un auto. Amenazan dejarla
fría, pose indecorosa
en dirección Caracas-Guarenas.
No voltees, no me mires o te quiebro.
Pueriles
y calzados
preguntan
¿me viste?
¿tú me viste?

Respondo
no.

Los hombres se preocupan
por el vector del ojo secuestrado
como si olerlos no bastara.
¡Es mi hora animal, los veo con la piel!, quiero gritar,
reírme de mí misma
del ancla que encuentro en la esquina de la alfombra.

Cuando yo no esté
¿quién limpiará esta mancha?

En mi auto los hombres dicen quebrar para decir asesinar.
Ignoran que estoy quebrada ya
rompen el tiempo
inciden calzados con cilindro hueco
frío como la cloaca en la autopista
donde dicen llevarme a morir.
Si miras te quiebro.

¿Quién limpiará esta mancha? me pregunto,
sintiendo temblar el hierro,
dudar la mano de la que cuelgo,
más calmada de lo que pensaba estaría
cuando me pasara algo así.
Es cuestión de burocracia
o de paciencia
en mi país a todos nos toca,

la pregunta es cuándo.

Sin vigilancia en la Universidad
de pasillos solitarios
me dejan viva  un domingo a las dos.
Frente al teatro imagino cediendo la puerta pesada
reclinarme en la butaca
bajo el Calder flotante.
No sé si duermo.

Afuera el sol, el pizarrón con ejercicio de matemáticas inconcluso
el cigarrillo que pido porque
el día que sobrevives a la miseria
que ahora
de cierta manera
te integra,
es un buen día para fumar.

Poética violenta
forma de afecto entre dos cuerpos
en guerra librada
sin ver.
Quebrada pero viva.

En dos  
                                                                                                          Partir
                                                                       es siempre partirse en dos
                                                                            Cristina Peri Rossi

Partir a tiempo.
Ya no quiero este suelo.

Partir el tiempo partir el mapa.

Partir con tiempo partir con mapa.

No importa hacia dónde.
Quiero partir
a pie.

Vida

Me tropiezo con ella
tira de mi mano
borrasca
rival

no hay preguntas, no hay tiempo
no hay fragmentos, no hay detalle.

Ala rota y voy resteada.
Me lleva.
Le respondo
                  a pulso.

Espiral ascendente, turbulencia

impedimento

que ofrece salvarme
                 de mí misma
alejándome de quien soy.

Lupo

Una vez dijiste
cuando llames vengo
y te hago
sólo dime
y vengo.
El recuerdo me desmaya la piel
                 hormiguea aquí.

Ocurre que
Soy presa que muerde.
Aquello anterior al tiempo, no tiempo, no más
               algo tuyo
se fue arrastrando algo mío.

En el sitio quedó la marca, el resto, el derrame
líquido en la memoria que me alimenta.

Mi piel reposa.
Sutiles
colmillos
esperan.

Paradoja

                                                                                                          Para R.A.

Ayer
con el insomnio afilado
pensé en mi sueño
que es tu tiempo.

Cuando yo duermo tú te encuentras.

mi sueño te crea
te organiza
se vuelve mapa.
Si despierto ya no estás.

Somos una manera de decir

paradoja

que es una extraña
palabra.

Ego

Entregas todo por un foco
círculo blanco cerco

frontera

que te engulle.

El otro tigre (no me suelta)

                                                     Algo me impone esta aventura indefinida,
                                                                      Insensata y antigua, y persevero
                                                                 En buscar por el tiempo de la tarde
                                                           El otro tigre, el que no está en el verso
                                                                       JORGE LUIS BORGES

Si el musgo se quedara
entre mis manos
si las uñas amanecieran
de negro oscuro incrustadas

si del viaje de la noche
regresara tomada por alguien más
o conociendo de veras
Istambul

no habría escritora
ni poesía.

Manhattan VIII
                                                                                  Para Mateo

Miro hacia abajo y no veo los pies.
Esfera perfecta.

Lluvia nevada, eleteo en el vientre
los pesos antiguos se enfrían
se congelan.

Purifican.

Hablo al silencio que de tanto latir me despierta

prometo cuidarte
de mí misma
busco un nombre
limpio
para ti.

Todo es siempre
el comienzo.

In ello tempore

El inicio puede ser
sonido tenue

un zumbido

semicorcheas susurrando
en la panza de una vasija.

No todo comienzo es big bang
tal vez ninguno lo fue

escarcha

suena también la escarcha
al caer sobre el papel

entra sin miel una abeja
irrumpe su aleteo
mil veces explota
penetra el mundo

lo expande
se vuelve herida que me emplaza

cada punto
en la circunferencia
lo auspicia todo
otra vez.

Keila Vall De la Ville
Viaje legado







                                                                        



lunes, 14 de enero de 2019

Poemas de Canción gótica de Carmen Verde Arocha

       
 


Los poemas que compartiré en esta oportunidad pertenecen a Canción gótica de Carmen Verde Arocha (Caracas, 1967), poeta, editora, gestora cultural y docente venezolana. Dentro del contexto de la poesía venezolana contemporánea, su poesía se ubica en la generación de los 90. En 1993, fue seleccionada entre 150 jóvenes postulados de diferentes países latinoamericanos para participar en el Foro Joven Internacional de Literatura y Compromiso. Nuevos desafíos. Nuevas respuestas. Centro Eurolatinoamericano de Juventud (CEULAJ)/ Ministerio de Asuntos Sociales. España, 1993. Escribió su primer libro Cuira (1997), como homenaje a su padre fallecido. Fue gerente y productora de la Casa de la Poesía Pérez Bonalde desde 1991 hasta 2003, en donde se desempeñó como productora general de doce ediciones de la Semana Internacional de la Poesía, de once ediciones del Concurso Nacional de Poesía para Liceístas y de cinco ediciones del Premio Internacional de Poesía “Pérez Bonalde”. Ha sido gerente cultural y de relaciones institucionales en distintos entes públicos y privados de su país. Se desempeña como asesora editorial en empresas. Actualmente es profesora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica "Andrés Bello" (UCAB), del Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Diseñó y facilita los talleres de Coordinación Editorial: Cómo editar y publicar un libro, en el ICREA y en la Fundación Herrera Luque.

Obra poética publicada:

Cuira (Caracas, 1997, 1998).
Magdalena en Ginebra (México, 1997).
Amentia (Caracas, 1999. Premio anual de poesía Arístides Rojas de la Contraloría General de la República).
Mieles (Caracas, 2003).
Mieles. Poesía reunida, (2005. Mención Honorífica del III Premio Nacional del Libro 2005).
En el jardín de Kori (Caracas, 2015)
La canción gótica (Caracas, 2017)

Pie de limón en un restaurant chino

El olor a limón blanco como tu piel

Tus canas y la mirada parcialmente en el aire
La blancura del Ávila recién caída la lluvia

Si me enseñaras qué es lo inmaculado del cielo
abanico-río que soy
a orar entre el mar y la miel
tal vez mi destino fuera otro dentro del tuyo

Sigue el olor a limón
El deseo da vueltas en pequeños círculos
Jugamos a regalar todo el dulce

Por culpa del viento
el fuego se volvió blanco

Tu ángel de la guarda y el mío calladitos
frente al mar

Tu voz casi muda
―La imagino tibia y acobija

Nadie impedirá que tus muertos y los míos
caminen juntos al borde del cielo

Llega el mesonero con las lumpias el arroz
el pie de limón

Complacidos
los dos estamos muy cerca de la boca
de las muchas bocas que somos

El carruaje

                     Parece una vieja capilla
                      quebrada
                                                               a punto de caerse

―Cuidado te cortas
Dijo el hombre adentro del espejo o del carruaje
                     La muchacha ve una gota caer
Amar siempre es una ofrenda

Canción gótica
(Primera versión)

Con su levita en el brazo derecho
y sus ojos marrones se baja del coche

Los lobos aúllan

El sonido de las pulseras de bronce
eriza las hojas de los arbóles

Veo al caballero acercarse

Los animales también

¿Acaso estoy soñando?

¿Hay pasión dentro de los tulipanes
en noches tan frías?

El hombre a mi lado en la estrecha calle

En un descuido
la zapatilla se me sale de los pies

El caballero sigue adelante

Quedo atrás agitada en el aire       Grito
Nadie me escucha
La pasión saca su hacha finamente cortante

Al día siguiente        El hombre del coche
dispuesto a otra guerra
sin hacha         imagino
solo con su virilidad y apellido          también

Pero en un guiño de los tulipanes
                                              Él me ve…






jueves, 3 de enero de 2019

Poemas de Juan Antonio Corretjer




A pesar de la cercanía física, y en ciertos aspectos culturales, que nos hermanan con Las Antillas del Caribe de habla hispana, en líneas generales, es poco lo que los venezolanos sabemos de su historia y de su cultura, especialmente en el caso de Puerto Rico. Nuestro vínculo con la isla en las últimas décadas ha estado vinculada con la cultura popular, y muy particularmente a través de la música. Igualmente ha ocurrido con República Dominicana. Todos sabemos quién es Héctor Lavoe, Ismael Rivera o Daniel Santos, pero poco sabemos de sus escritores, sus poetas, sus novelistas, sus pintores, sus cineastas. No sé qué tanto haya influido el hecho de que Puerto Rico se haya convertido en un estado de la Unión norteamericana, si esto ha limitado el contacto cultural, lo que entra o sale de la isla. O si, a pesar de ser un estado de la Unión, es un estado de vida muy precaria, como lo hemos sido desde el punto de vista cultural, la mayoría de las naciones latinoamericanas. Quizá sólo en el caso de Cuba, si ha habido un mayor vínculo desde el punto de vista cultural, desde los tiempos de Martí. Es por eso que comienzo el 2019 con una entrada dedicada al poeta puertorriqueño Juan Antonio Corretjer, del cual compartiré algunos poemas  de su libro Yerba Bruja. Corretjer (1908-1985) fue además de poeta, periodista, y militante político que luchó por la independencia de Puerto Rico. Su primer poema "Canto a Ciales" lo publica a los 12 años y no cesó de escribir.

Poemarios


"Agüeybaná" (1932).
"Ulises" (1933).
"Los primeros años", "El Cantar Épico de Puerto Rico" y "Alabanza en la Torre de Ciales" (1950, el tercero de estos, publicado en 1953);
"Tierra nativa" (1951).
"Contestación al Miedo" (1954).
"Don Diego en el cariño" (1956).
"Distancias" y "Yerba bruja" (1957).
"Genio y figura" (1961).
"Pausa para el amor" (1967).
"Construcción del Sur" (1972).
"Aguinaldo escarlata" (1973).
"Para que los pueblos canten" (1974).
"Día antes" (1975).
"La noche de San Pedro" (1976).
"Paso a Venezuela" (1977).


Poemas de Juan Antonio Corretjer

La Hamaca

Con pluma de colibríes
tejí yo,  para mi amada,
―doradas todas las plumas―
una suave y linda hamaca.

Y cuando la hube tejido
la colgué bajo las palmas
y me eché a soñar en ella.
(La tejí para mi amada…)

El mundo es de otra manera…

En hojas de yerba bruja
bebí, larga y lentamente,
sorbo a sorbo, aquél rocío
hecho de luna clemente.

El mundo es de otra manera…
(Un sí es no es, realmente.)

¡Ah palma! Por mi quimera,
a orillas de la cascada,
no eres sueño ni palmera:
Eres mujer: india amada,
para el areyto ligera
como de novia ataviada!

Y en honor a tu belleza,
bien hilado en mi poesía,
me sacaré de las venas
un collar de peonías!

Inrirí Cahuvial

Envuelta en un remolino
de alas, te vi primero.
Vi el resplandor de tus ojos
y vi tu pelo.

Cabellera de noche clara
con tabonucos vueltos luceros,
vueltos cometas;
y ojos en los que arden llanos y cerros
con quemazones alucinantes
de cucubanos revoloteando sobre un espejo.
Borrando todo sobre mi frente
pasó un recuerdo que ya no era sólo recuerdo.
Llevando todo consigo, todo,
pasó una ráfaga que ya no era tan sólo viento.
Bajo tu pelo, bajo tu frente, bajo tus ojos,
que no eran ojos, ni era ya frente, ni aún era pelo,
sino ramaje, sino rocío que me miraba desde las
                                          hojas,
hacia esa forma que era tu tronco siendo tu cuerpo,
se fue volando lo que yo era, lo que yo he sido:
con las dos alas, y con las uñas, y con el pico del
                                          carpintero.

Muerte

Entraste por el ojo de la bruma
―imperturbable la viril mirada―
adonde está el palacio de la espuma
puesto sobre la estela de la nada
que en otra nada más allá se esfuma
sobre una verde nada ilimitada.

Y mientras vas ganando maravilla,
saciándose tu sed de claridades,
y se te desentrañan las edades,
y un nuevo sol desde tu frente brilla:

presos en esta bruma de la arcilla
en la que quedan nuestras realidades,
te perdemos por vastas soledades
mirándote alejar, desde esta orilla!

En la vida todo es ir

En la vida todo es ir
a lo que el tiempo deshace.
Sabe el hombre donde nace
y no donde va a morir.

El hombre que en la montaña
―por la cruz de algún camino―
oye la voz del destino,
se aleja de su cabaña.
Y prosiguiendo su hazaña
se dirige al porvenir
una esperanza a seguir.
Mas no ha de volver la cara,
pues la vida es senda rara:
en la vida todo es ir.

Miro esa palma que airosa
su corona al sol ostenta
y miro lo que aparenta
la esplendidez de la rosa.
Contemplo la niña hermosa
riendo a lo que le place,
y lo que el viento le hace
a la hoja seca del jobo:
es la vida como un robo
a lo que el tiempo deshace.

Tuve un hermano que dijo:
― “Cuando salí de Collores…”―
Así cantó sus amores
al Valle del que fue hijo.
Una y otra vez maldijo
la gloria que en letras yace,
(en que su nombre renace)
pues que llegó a comprender
lo poco que es el saber:
sabe el hombre donde nace.

No hay más. Un solo camino
que se quisiera tomar,
mas la suerte del andar
maltrata y confunde el tino.
Nadie niegue su destino.
Es que ser hombre es seguir
―y un ideal perseguir―
por la vida hacia adelante,
sabiendo lo que fue enante
y no donde va a morir.


Mar Caribe



Desde mi verdinegra serranía
hoy vengo a ti, Caribe soñoliento,
ansioso que me bese el pensamiento
tu boca de limón y travesía.
Una aventura de piratería
corre la nube por tu barlovento,
y ya, a bandera desplegada, lento,
borra el sol tu poniente de sandía.
¡Oh, mundo azul de espuma y claridades.
Esa impávida estrella que ha nacido
de tu líquida frente y las edades
de ignorantes ayeres conocido,
Bayoán domador de tempestades,
no sabes de la muerte ni el olvido!






viernes, 31 de agosto de 2018

Jóvenes poetas venezolanos. Jesús Montoya





Hace ya varios meses que había abandonado esta Bitácora poética, mi anterior entrada se remota a los días en que murió mi padre, en marzo. Podría decir que la sobrevivencia se ha vuelto una prioridad en mi país, Venezuela y la mayoría de nosotros nos hemos avocado a eso, a la sobrevivencia, porque se ha hecho cada vez más cuesta arriba. Pero sin dejar de ser cierto, que he debido utilizar buena parte de mi tiempo al trabajo, debo admitir que ha habido también un componente emocional, un distanciamiento con lo poético, lo literario, salvo alguna que otra lectura ociosa y los textos que leí para los talleres literarios que he dictado. No es la primera vez que ocurre, es decir, que dejo abandonada esta Bitácora, y merezco todos los reproches y abandonos que hayan podido ocurrir. La idea de los blogs es que sean constantes. Pero nuevamente regreso, como los amantes inconstantes, para seguir compartiendo textos de algunos poetas que voy leyendo o releyendo. Querido lector casual, o amigo que venías siguiendo mi Bitácora, comparto esta vez dos textos de Jesús Montoya, un joven poeta venezolano, de la zona andina, el estado Mérida, a quien escuché leer sus textos, hace algún tiempo, en la librería caraqueña ubicada en el centro de arte Los Galpones, librería Kalathos, y me conmovieron hondamente.

POEMAS DE JESÚS MONTOYA

He visto tus ojos nacer en los míos. He bajado por tu mirada como una escalera eterna para encontrar al mar. El primer viaje crece en sus colores. Ya no habrá una mentira que valga. Tengo la cara retorcida y el destino roto, el magnífico destino, brillante, brillante. Ahora vendrán todos mis amores perdidos como un centenar de olas a acurrucarse en mis pies. Te odio. Te odio. La honestidad me está matando. Le conté a mi hermano que tus ojos son maravillosos y se burló de mí. La honestidad es una huella. Le dije a tres amigos que me hice poeta cuando mamá intentó matarse y ninguno me creyó. La honestidad me aturde. Escribí poemas sin parar a los quince años para olvidar mi pasado y todavía lo recuerdo. La honestidad es imprudente. Mi padre me abrazó con sus lágrimas una mañana en la cárcel  de ese pueblo. La honestidad es un sueño. No recuerdo lo esencial de mi infancia. No he vagado en su rendija. La honestidad me contempla. Arrastro el corazón contra el suelo. Me he enamorado tantas veces que perdí  la fe y con ella el mismo amor. La honestidad es una estrella. He vivido de la culpa y del odio. He interrumpido mi estupidez con un grandioso beso que me olvidó para siempre. He bajado desde tu mirada y el mar se ha vuelto un muelle en las tinieblas. Si pudiese huir de este infierno no lo haría. Si consiguiese dejar de imaginar el ritmo de las cosas no podría. Noches de mis años, canto como la primera vez. Noches de mis años, me han llevado hasta el fondo y ya no sé para quién hablo. La honestidad es una cicatriz, canta conmigo.



*



Ángel callejero, ala de lluvia, estoy

hecho un desastre.

Perdóname, todo lo que abrazo es he-

lado.

Tengo marcados los sellos

de las discotecas en las manos toda-

vía,

no encuentro el camino a casa

y lloro en cada hombro ajeno

que consigo por la calle.

No creo que ningún poema venga a

mí sin un castigo,

todo poema nace del infierno y mis

palabras son espejos.

Ángel, angelito, delicadamente estoy

hecho un desastre,

los perros que más amo tienen la piel

de la calle

derramada  en ella, bordada, estre-

cha, desnuda,

ven cada ojo como un cielo,

son estrellas,

y yo soy un desastre, angelito,

muchacho etéreo, cabrón.

Llevo años escribiendo noches,

escondido,

noches enteras escribiendo años.

Soy inmóvil como el olvido, acalora-

do tocando el pasaje

y la ruta que desaparece con mi

cuerpo,

inmóvil, como el olvido.

Busco contar una historia

donde se asiente esta chaqueta em-

papada,

donde el cielo sea un labio

y no una esperanza en la noche vieja,

busco contar una historia

y encenderla con este yesquero vacío,

busco que esa historia me cuente y

me arrastre,

me cuente y extrañe,

me cuente desde el fondo del agua

y de la risa del viento que reposa

en mis pulmones rotos.

Ángel, ahora el corazón es una pala-

bra

que palpita,

quiero ser esa palabra

en lo más hondo de mi vida,

en lo más hondo del amanecer que

invento

volado y solitario

en las aceras agrietadas que mar-

chan conmigo

en mi desventura,

voy perseguido por una palmada en

el hombro

por un golpe que me hizo imaginar

los ojos de este poema,

ángel callejero, viejo amigo,

sigo el sendero con el espíritu en la

punta de los dedos,

sigo el sendero con el sonido de las

motocicletas

que me hacen correr

hasta tomar buses donde duermo

soñando las canciones de la radio

y el silencio claro del paisaje,

quizá también sueño el tiempo,

quizá también sueño que mi agresiva

voluntad

destruya lo que más quiero

junto a la piel roída de las noches de

mis años,

ángel, conozco canciones que se han destruido

antes de ser cantadas,

y yo soy así,

soy como esas cosas que se acaban

sin saber que mueran.



*

Me acusan incansablemente



de arrastrarme junto a los equivocados

en el sendero equivocado.

Me acusan y señalan con sus dedos temblorosos

cuando mis ojos descansan

en un sueño distinto, lejano.



Me acusan por aplastar una a una

mis pasiones sin arrepentimiento,

por traicionarme al escribir poemas

desde una voz insensata

que destroza en su recorrido las ventanas.



Estoy decidido a ser el primero que echen

a la calle de sus asquerosos recintos,

pues mis ojos apuntan hacia todas las direcciones

que marca el viento con su paso.



Me acusan de ser invisible

aunque esté tan cerca como el aliento,

pero mi soledad no sabe cómo comportarse.



Me han insistido que sea feliz desde la ausencia,

y he fracasado.



Me han invitado a pudrirme en la locura

como las hojas amarillas cuando cambian su color.



Me han maltratado por tener esta memoria larga y sucia

hecha de caricias.

Pues bien, les digo:

Soy el movimiento fino

con que el cielo cambia de rumbo a las estrellas.



Acúsenme,

nada traigo en mi defensa más que la humilde pena

de quien ama las palabras.



Vengo con el rostro hueco

por esta sonrisa adolescente

que inútilmente se me va borrando,

que inútilmente se me va quedando en otra infancia.



Mi voz se mece en los jardines y se pierde en el espacio.



Nada traigo en mi corazón,

no me acusen porque cante.

Nada traigo desde el precario

y misterioso río del tiempo.

Nada tengo más que el lamento

de quien en silencio busca la distancia.



Acúsenme,

medité la alegría y la perdí.



*



6 de agosto





El licor desaparece en los apartamentos oscuros.



Piensas cada palabra poseído, sobreviviente, creyéndote salvar la danza, aquella gran mentira que eres, aliento y vómito tras la risa del ahorcado. Piensas cada hoja hija lastimada y se corre la nación hacia otro infierno. Arqueamos una palma de la mano en cada línea de mi voz infectada milimétricamente infectada por esa pasión innoble que la cubre. Cubierto pecho caída de mi voz vamos. Santo de lágrimas, risa y lumbre contra los patios perdidos. Una pradera rota junto al árbol de gran sombra nos cobija enteros, porque tú. Tú frente al golpe, el pensamiento ya no habita otro lugar, el brillo de las palas subiendo por tu cuerpo, la tierra es un cráter, una araña tejida en la mejilla de la muerte.








Jesús Montoya



Mérida, Venezuela, 1993. Licenciado en Letras por la ULA. Su libro de poemas“Las noches de mis años” fue uno de los ganadores del Concurso de Autores Inéditos (Monte Ávila Editores, 2014). “Hay un sitio detrás de los incendios”, su segundo libro, recibió el I Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel” (Valparaíso Ediciones, 2017).