viernes, 31 de agosto de 2018

Jóvenes poetas venezolanos. Jesús Montoya





Hace ya varios meses que había abandonado esta Bitácora poética, mi anterior entrada se remota a los días en que murió mi padre, en marzo. Podría decir que la sobrevivencia se ha vuelto una prioridad en mi país, Venezuela y la mayoría de nosotros nos hemos avocado a eso, a la sobrevivencia, porque se ha hecho cada vez más cuesta arriba. Pero sin dejar de ser cierto, que he debido utilizar buena parte de mi tiempo al trabajo, debo admitir que ha habido también un componente emocional, un distanciamiento con lo poético, lo literario, salvo alguna que otra lectura ociosa y los textos que leí para los talleres literarios que he dictado. No es la primera vez que ocurre, es decir, que dejo abandonada esta Bitácora, y merezco todos los reproches y abandonos que hayan podido ocurrir. La idea de los blogs es que sean constantes. Pero nuevamente regreso, como los amantes inconstantes, para seguir compartiendo textos de algunos poetas que voy leyendo o releyendo. Querido lector casual, o amigo que venías siguiendo mi Bitácora, comparto esta vez dos textos de Jesús Montoya, un joven poeta venezolano, de la zona andina, el estado Mérida, a quien escuché leer sus textos, hace algún tiempo, en la librería caraqueña ubicada en el centro de arte Los Galpones, librería Kalathos, y me conmovieron hondamente.

POEMAS DE JESÚS MONTOYA

He visto tus ojos nacer en los míos. He bajado por tu mirada como una escalera eterna para encontrar al mar. El primer viaje crece en sus colores. Ya no habrá una mentira que valga. Tengo la cara retorcida y el destino roto, el magnífico destino, brillante, brillante. Ahora vendrán todos mis amores perdidos como un centenar de olas a acurrucarse en mis pies. Te odio. Te odio. La honestidad me está matando. Le conté a mi hermano que tus ojos son maravillosos y se burló de mí. La honestidad es una huella. Le dije a tres amigos que me hice poeta cuando mamá intentó matarse y ninguno me creyó. La honestidad me aturde. Escribí poemas sin parar a los quince años para olvidar mi pasado y todavía lo recuerdo. La honestidad es imprudente. Mi padre me abrazó con sus lágrimas una mañana en la cárcel  de ese pueblo. La honestidad es un sueño. No recuerdo lo esencial de mi infancia. No he vagado en su rendija. La honestidad me contempla. Arrastro el corazón contra el suelo. Me he enamorado tantas veces que perdí  la fe y con ella el mismo amor. La honestidad es una estrella. He vivido de la culpa y del odio. He interrumpido mi estupidez con un grandioso beso que me olvidó para siempre. He bajado desde tu mirada y el mar se ha vuelto un muelle en las tinieblas. Si pudiese huir de este infierno no lo haría. Si consiguiese dejar de imaginar el ritmo de las cosas no podría. Noches de mis años, canto como la primera vez. Noches de mis años, me han llevado hasta el fondo y ya no sé para quién hablo. La honestidad es una cicatriz, canta conmigo.



*



Ángel callejero, ala de lluvia, estoy

hecho un desastre.

Perdóname, todo lo que abrazo es he-

lado.

Tengo marcados los sellos

de las discotecas en las manos toda-

vía,

no encuentro el camino a casa

y lloro en cada hombro ajeno

que consigo por la calle.

No creo que ningún poema venga a

mí sin un castigo,

todo poema nace del infierno y mis

palabras son espejos.

Ángel, angelito, delicadamente estoy

hecho un desastre,

los perros que más amo tienen la piel

de la calle

derramada  en ella, bordada, estre-

cha, desnuda,

ven cada ojo como un cielo,

son estrellas,

y yo soy un desastre, angelito,

muchacho etéreo, cabrón.

Llevo años escribiendo noches,

escondido,

noches enteras escribiendo años.

Soy inmóvil como el olvido, acalora-

do tocando el pasaje

y la ruta que desaparece con mi

cuerpo,

inmóvil, como el olvido.

Busco contar una historia

donde se asiente esta chaqueta em-

papada,

donde el cielo sea un labio

y no una esperanza en la noche vieja,

busco contar una historia

y encenderla con este yesquero vacío,

busco que esa historia me cuente y

me arrastre,

me cuente y extrañe,

me cuente desde el fondo del agua

y de la risa del viento que reposa

en mis pulmones rotos.

Ángel, ahora el corazón es una pala-

bra

que palpita,

quiero ser esa palabra

en lo más hondo de mi vida,

en lo más hondo del amanecer que

invento

volado y solitario

en las aceras agrietadas que mar-

chan conmigo

en mi desventura,

voy perseguido por una palmada en

el hombro

por un golpe que me hizo imaginar

los ojos de este poema,

ángel callejero, viejo amigo,

sigo el sendero con el espíritu en la

punta de los dedos,

sigo el sendero con el sonido de las

motocicletas

que me hacen correr

hasta tomar buses donde duermo

soñando las canciones de la radio

y el silencio claro del paisaje,

quizá también sueño el tiempo,

quizá también sueño que mi agresiva

voluntad

destruya lo que más quiero

junto a la piel roída de las noches de

mis años,

ángel, conozco canciones que se han destruido

antes de ser cantadas,

y yo soy así,

soy como esas cosas que se acaban

sin saber que mueran.



*

Me acusan incansablemente



de arrastrarme junto a los equivocados

en el sendero equivocado.

Me acusan y señalan con sus dedos temblorosos

cuando mis ojos descansan

en un sueño distinto, lejano.



Me acusan por aplastar una a una

mis pasiones sin arrepentimiento,

por traicionarme al escribir poemas

desde una voz insensata

que destroza en su recorrido las ventanas.



Estoy decidido a ser el primero que echen

a la calle de sus asquerosos recintos,

pues mis ojos apuntan hacia todas las direcciones

que marca el viento con su paso.



Me acusan de ser invisible

aunque esté tan cerca como el aliento,

pero mi soledad no sabe cómo comportarse.



Me han insistido que sea feliz desde la ausencia,

y he fracasado.



Me han invitado a pudrirme en la locura

como las hojas amarillas cuando cambian su color.



Me han maltratado por tener esta memoria larga y sucia

hecha de caricias.

Pues bien, les digo:

Soy el movimiento fino

con que el cielo cambia de rumbo a las estrellas.



Acúsenme,

nada traigo en mi defensa más que la humilde pena

de quien ama las palabras.



Vengo con el rostro hueco

por esta sonrisa adolescente

que inútilmente se me va borrando,

que inútilmente se me va quedando en otra infancia.



Mi voz se mece en los jardines y se pierde en el espacio.



Nada traigo en mi corazón,

no me acusen porque cante.

Nada traigo desde el precario

y misterioso río del tiempo.

Nada tengo más que el lamento

de quien en silencio busca la distancia.



Acúsenme,

medité la alegría y la perdí.



*



6 de agosto





El licor desaparece en los apartamentos oscuros.



Piensas cada palabra poseído, sobreviviente, creyéndote salvar la danza, aquella gran mentira que eres, aliento y vómito tras la risa del ahorcado. Piensas cada hoja hija lastimada y se corre la nación hacia otro infierno. Arqueamos una palma de la mano en cada línea de mi voz infectada milimétricamente infectada por esa pasión innoble que la cubre. Cubierto pecho caída de mi voz vamos. Santo de lágrimas, risa y lumbre contra los patios perdidos. Una pradera rota junto al árbol de gran sombra nos cobija enteros, porque tú. Tú frente al golpe, el pensamiento ya no habita otro lugar, el brillo de las palas subiendo por tu cuerpo, la tierra es un cráter, una araña tejida en la mejilla de la muerte.








Jesús Montoya



Mérida, Venezuela, 1993. Licenciado en Letras por la ULA. Su libro de poemas“Las noches de mis años” fue uno de los ganadores del Concurso de Autores Inéditos (Monte Ávila Editores, 2014). “Hay un sitio detrás de los incendios”, su segundo libro, recibió el I Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel” (Valparaíso Ediciones, 2017).













domingo, 25 de marzo de 2018

Apego de lo nosotros (Poema de José Kozer)

 Después de muchos meses sin computadora, de inquieta cotidianidad, por un contexto país muy rudo, intento retomarme, en lo que más profundamente soy, una poeta. vuelvo a escribir, a leer. Así que comparto estos versos de José Kozer, poeta judío, de origen cubano, con muchos años de residencia en New York.



Di, di tú: para qué tantos amaneceres.

Qué años es, era.

Te previne: podría aparecer una pera de agua en el
albaricoquero cargado de frutos, hacerse

escarlata

la savia del rosal; sonreías. Y ahora reímos, rompemos
     a reír a carcajadas, blusón

de lino, faja

sepia, con un emblema geométrico, también te previne:
y ves, un arpa en el peral del patio, ¿arpa? Tres años

que no llueve

y debajo del albaricoquero hiede a humedad: a gusaneras
     fortísimas que devoran cuanto cae, devorarían
     la propia lluvia

si cayera. Si

cayera, recordaríamos aquel tren de vida metódico
    que tanto nos gustaba: mojar

las galletas

de anís en el café retinto (yo te enseñé a decir, café
     retinto y carretero; sonreías): mojar
     Qué seres

tranquilos. Y

toda tu admiración volcada en aquella frase que nos
     resumía: "es que sabemos administrarnos bien".
     No digas

que no

te previne, había tantas señales: el varaseto que apareció
     roto inesplicablemente el peldaño que faltó

de pronto

a la escalera de coger frutos ¿del peral, del albaricoquero?
     Cómo: yo lo supe, yo lo supe. Mira,
 
dormías
aún y me quedé de pronto (tan temprano) en la arista
      en altas celosías en la revuelta de un arco hacia

arriba, quizás

aún dormitas: dos lustros, o dos décadas, ¿pasaron?
       Qué hubo. Qué

del segundo

movimiento andante sostenuto , ¿recuerdas que por
       aquella época descubrimos los poemas del
       amado Sugawara No Michizane, amantísima?
       Amantísima, del arpa

desciendas, de

los instrumentos de cuerda desciendan tus dedos
       numerosísimos que me toquen el hombro,
       que me prevengan: la mesa, está servida.
       El plato de cerámica

granadina

con las galletas de anís y frente por frente los dos tazones
    de café tinto. Servida

la mesa

e imitábamos como si hubiera un mayordomo yo fui
     tu mayordomo y mayordoma ("la mesa está
     servida, Señora"), ¿te acuerdas? Qué miedo

le cogimos al plato cómo pudo resbalársete de la mano
    el palto el número siete la luz crecer de la luna
    al entrar por el enrejado de la ventana, irisar,

bajo

la campana de cristal las flores del albaricoquero las
     flores del peral, flor de tul flor de cera toda
     esta habitación esta mesa

servida.


José Kozer  (De La garza sin sombras, 1985)

   

jueves, 15 de junio de 2017

Tu única vida/Poema de Andrée Chedid



En estos días que tantos jóvenes venezolanos han perdido la vida en las calles he recordado el poema "Tu única vida" de Andrée Chedid (1929-2011), extraordinaria poeta francesa, de origen libanés, nacida en El Cairo, cuyos versos me han acompañado por muchos años. Intento estos días volver a retomar mis lecturas, mis blogs. Intento algo más que la desoladora y asfixiante realidad de mi país. Comparto entonces el poema "Tu única vida":

Un día     tú viniste al mundo...
¿Sabes acaso por cual azar cuáles ensamblajes
cuál proceso alquímico cuáles rodeos se arriesgaba
tu  venida?

¿Sabes acaso cuáles encrucijadas de siglos de ancestros
de historia de lugares convergían
hacia tu ser?

¿En el corazón de cuáles metamorfosis cuáles leyes
errancias regates se descifraba tu signo?

¿Por cuál absurdo vuelto posible
se dispuso tu proyecto?

¿Por cuáles ausencias cuáles confluencias
se encaminaba la opción?

¿Sabes acaso por cuál fisura
cuál cercanía cuál ritmo

por cuál refuerzo de bodas
de muertes y otras vidas

se liberaba tu vida?

Venido de lejos de muy lejos de tan lejos,
hermano mío
merodeando en las espesuras del espacio
franqueando los sobresaltos
atravesando las gravedades

He aquí que se te entregó tu única vida,
hermano mío

Y la inmolaste antes de que llegara su fin!


Andrée Chedid

lunes, 27 de marzo de 2017

Poemas Julia de Burgos





Luego de varios meses de ausencia vuelvo con una extraordinaria poeta de Puerto Rico, la más importante poeta contemporánea de la Isla, Julia de Burgos (Puerto Rico 1914-New York 1953). Agradezco su lectura al amigo José Augusto Paradisi, quien hace algunos años realizó un homenaje a la poeta. La poesía de Julia de Burgos es un caudal esplendoroso, de una extraordinaria vitalidad. Sus temas oscilan entre el amor a su país y a su exhuberante naturaleza y el tema amoroso. El ímpetu de sus versos me la hermanan con dos grandes poetas venezolanas: la marabina María Calcaño, en sus versos que unen naturaleza y deseo, naturaleza desbordada y erotismo y el entrelazamiento de imágenes sin fin, con la delirante hondura de Ida Gramcko. Su vida fue corta y trágica, como suele ocurrir con los grandes artistas, entregados a hondas pasiones, que no encuentran un cauce adecuado. Murió a los 39 años, víctima del alcoholismo, la encontraron tirada en una calle de New York, muriendo a los pocos días de neumonía.  Reproduzco algunos de sus textos invitando a leerla. 



                                                  Río Grande de Loíza, Puerto Rico.

AGUA VIDA Y TIERRA

    Yo fui estallido fuerte de la selva y el río,
y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las aguas,
y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.

    Cuando mi río subía su caricia silvestre
en aventuras locas con el rocío y la niebla,
con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
lejos de sorprenderlo,me hospedaba en las sierras.

    Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
y era mi grito nuevo como un tajo del monte
que anegaba las calles y golpeaba las puertas.

   A veces la montaña se me vestía de flores
e iniciaba en mi talle curvas de primavera.

    ¡Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
sobre senos y muslos y caderas de piedra!

    Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
y fueron mariposas sus vivas compañeras:
así es como en los prados voy buscando las flores,
y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.

    Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
y juraron ser índices de mis futuras vueltas;
por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
como puntales puros de orientación se elevan.

    Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río,
y crecí amando el río e imitando la sierra...

    Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
¡ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
y una fila de voces reclamaron la prenda...

    Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
donde entrañé mis años y abastecí las venas.
¡De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
se tiende por el mundo como la dio la tierra!


                                                      Río Grande de Loíza, Puerto Rico (atardecer)

EL RIVAL DE MI RÍO

   Yo te fui contemplando desde la carne el alma,
y me sentí culpable de un extraño delito
que me subía a los ojos en chispeantes miradas,
y se rompía en mi rostro en rubor infinito.

   De pronto fue tornándose en pájaro mi boca,
y un sentimiento cósmico inundó mis sentidos;
me escondí en el secreto que estalló en tus pupilas,
y adiviné en tu rostro al rival de mi río.

   ¡Río grande de Loíza!...Alárgate en su vida.
¡Río Grande de Loíza!...Alárgate en su espíritu,
a ver si te descubres en la flor de su alma,
o en el sol de sus ojos te contemplas tú mismo.

   Él tiene en sus caricias el gesto de tu abrazo,
y en sus palabras cuelgan rumores parecidos
al lenguaje que llevas en tu boca de agua
desde el más quieto charco al más agreste risco.

   Tú me besaste un día despertándome el alma;
él también me ha besado con un beso tan límpido,
que no sé allá en mi espíritu si posar extasiada
en el beso del hombre o en el beso del río.

   ¡Quién sabe si al vestirme con mi traje de carne,
y al sentirte enroscado a mi anhelo más íntimo,
surgiste a mi presencia en el río de sus ojos,
para entregarte, humano, y sentirte más mío!

   ¡Quién sabe si al bajarte del lomo de la tierra
para besarme toda en un loco delirio,
te humanizaste en su alma, y brotaste en corrientes
que una a una en mi tierra de emoción hizo nido!

    ¡Oh rival de mi río!... ¿De dónde me llegaste?
¿En algún país remoto te bañaste conmigo,
mientras en otra playa, con alguna doncella
se entregaba en amores mi voluptuoso río?

    ¿Me sorprendiste acaso en algún aguacero
violando claridades y callando suspiros,
portavoz ambulante de una raza de agua
que me subió a las venas en un beso del río?

   ¡Río Grande de Loíza!.... Yo lo fui contemplando
desde la carne al alma: ese fue mi delito.
Un sentimiento cósmico estremeció mi vida,
y me llegó el amor... tu rival presentido.


CANCIÓN DE LA VERDAD SENCILLA

   No es él el que me lleva...
Es mi vida que en su vida palpita.
Es la llamada tibia de mi alma
que se ha ido a cantar entre sus rimas.
Es la inquietud de viaje de mi espíritu
que ha encontrado en su rumbo eterna vía.

   Él y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre entre las cimas;
manantial abrazando lluvia y tierra;
fundidos en un soplo ola y brisa;
blanca mano enlazando piedra y oro;
hora cósmica uniendo noche y día.

   Él y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre en las heridas.
Uno mismo y por siempre en la conciencia.
Uno mismo y por siempre en la alegría.

   Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
cuando el duerma el dolor en sus pupilas,
en cada eco bebiéndome lo eterno,
y en cada alba cargándome una sonrisa.

   Y seré claridad para sus manos
cuando se vuelquen a trepar los días,
en la lucha sagrada del instinto
por salvarse de ráfagas suicidas.

   Si extraviado de senda, por los locos
enjaulados del mundo, fuese un día,
una luz disparada por mi espíritu
le anunciará el retorno hasta mi vida.

    No es él el que me lleva...
Es su vida que corre por la mía.


TE SEGUIRÉ CALLADA

    Yo te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles molidas de nostalgia,
o sobre las estrellas sonreídas de ritmos
donde mecen su historia tus más hondas miradas.

    Mis pasos desatados de rumbos y fronteras
no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan.
Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones
de espaldas a lo estático, irrumpen en tu alma.

   Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve,
me doblaré el instinto y amaré tus pisadas;
y serán hojas simples las que iré deshilando
entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

   Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma,
con la emoción en alto y la ambición sellada,
te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.


JULIA DE BURGOS



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Poema de Julio Miranda

Sabes que no hay exilio
cuando todo es exilio

Por qué dices entonces:
sería bueno tener un país?

porque sería bueno tener un país
cuando nada fuera exilio

Julio Miranda


Durante muchos años Julio Miranda ha sido uno de mis poetas de cabecera, esos poetas que vuelves a leer a través de los años y te acompañan, como te acompaña una oración o mantra. Este poema que comparto lo encontré por azar ordenando mis gavetas, pero en realidad quizá no sea nada azaroso que exprese el sentir de tantos venezolanos en los días que corren. La sensación de pérdida, de desconcierto, de no poder entender cómo perdimos un país y ya no nos reconocemos en él. Esta mañana al ver y escuchar el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, esa sensación, ese sentimiento se me hizo planetario. Vivo en un planeta cuyos procesos sociales y políticos no comprendo en absoluto, que raya en la demencia colectiva. Cuando escuché, ya al mediodía las palabras de Hilary Clinton, mientras comía un plato de pasta, no pude evitar que entre los bocados de pasta con pollo, resbalarán mis lágrimas de manera incontrolada, volví a mis quince o dieciseis años, cuando me sentía profundamente sola, profundamente incomprendida, aislada. No puedo entender el triunfo de un déspota, megalómano, racista, misógino, sin ninguna trayectoria política. La nación más poderosa del mundo prefirió escoger a este personaje por no votar a una mujer de honesta trayectoria, que tiene muchos años entregando su vida a una nación, que como la mayoría de las naciones del planeta, quiere un cambio. Una mujer presidente era un cambio. Un ser con las características de Donald Trump es una tragedia de proporción mundial, que muy probablemente lamentarán. Uno puede entender que después de 8 años de gobierno de partido demócrata se votara por un gobierno republicano, pero no puedo entender que la convención republicana, teniendo candidatos de trayectoria de excelente perfil, escogiera un personaje como Trump, no puedo entenderlo. Hoy me siento en un exilio que ya no es solo local, que tomó dimensiones planetarias, y en definitiva, no fue azar, que llegara a mis manos el poema de Julio Miranda. Lo comparto, entonces, como una suerte de botella lanzada al mar, desde mi exilio. 

Beatriz Alicia García

miércoles, 4 de mayo de 2016

Poema de Marina Tsvietáieva



Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!
Después de largo tiempo delatado.
Ya me es indiferente
dónde sentirme sola.

Caminar sobre piedras,
a casa con la cesta.
La casa que no es mía:
hospital o caserna.

Me da igual quien me mire
como a un león cautivo.
Cuál es el clan humano
que me ha expulsado -siempre-.

Muy dentro de mí misma,
oso polar si hielo.
Dónde no poder convivir (¡ni lo intento!).
Dónde me humillarán -da lo mismo-.

No, mi lengua natal ya no engaña,
ni materna, me engaña su llamada.
Ya me es indiferente en qué lenguaje
no seré comprendida por el hombre.

(Lector, devorador de toneladas
de periódicos, adicto al cotilleo...)
Él es del siglo veinte;
yo: ¡fuera de los siglos!

Enhiesta como un tronco,
resto de la alameda.
Todo y todos iguales,
igual indiferencia.

Lo natal, lo pasado,
rasgos todos y marcas:
toda fecha borrada-
donde ha nacido el alma.

Mi tierra me ha perdido,
y el que investigue, astuto,
el ámbito de mi alma -¡mi alma toda!
no encontrará la traza.

Las casas son ajenas y los templos vacíos.
Me da lo mismo.
Mas si aparece un árbol
en el camino, un serbal...

3 de mayo de 1934


Marina Tsvietáieva 

lunes, 21 de marzo de 2016

Poemas de Blanca Baldó


                                                        Blanca Baldó en Orinoco, Nuevo Mundo de Diego Rísquez


Este blog, un tanto abandonado, regresa, no en balde, en el Día Internacional de la Poesía, con algunos textos de Blanca Baldó  (Caracas, 1952).  Actriz, productora y poeta venezolana. Participó en algunas películas del director venezolano Diego Rísquez, Orinoco, Nuevo Mundo; Amérika,  tierra incógnita. Ha publicado dos libros de Poesía: Adicta al miedo (Fundarte, 1991) y Teorema del caos (El Perro y La Rana, 2012), del cual comparto algunos textos. De Teorema del caos me gustó su telurismo, la manera en que la voz lírica vincula la naturaleza, las sensaciones y los sentimientos, la plenitud y el vacío, la narración y la poesía. Marca para mí, que con cierta frecuencia asisto a recitales poéticos, una diferencia respecto a lo que se escribe y se hace público en Caracas, mi ciudad. Estoy quizá algo saturada del intimismo, el yo de protagonista impúdico. La poesía de Blanca Baldó me vincula con lo trascendente:


El vacío.
La caída,
     estruendo sin sonido
     (Blanca de nubes de agua)
El país de Kanaima.

Entre dos montañas de selva tropical, la cascada de
agua blanca y dorada convertía en nubes su estruendosa caída.

Sugiere, grita, exige un sacrificio.
El paisaje de Kanaima se extendía a lo lejos,
por ríos y montañas.
Desde lo alto de la cascada, el observaba con las
piernas abiertas como un coloso.

A ratos me arrastraba para contrarrestar el llamado
mortal.

Los partes de guerra nos llegaban en forma de radionovela.

Se sentía el llamado de un Dios.

Kaeiteurfalls, Guyana, 1991

&&&

Años y años
pájaros y cascadas,
lágrimas que te vi en los ojos.

He visto quizá una mirada que no olvido.
Fue tu mirada de amor ante mi pequeñez...
mi duda.

Todo el mundo tiene el derecho de estar aquí.

Ya comencé mi camino hacia la selva,
mi selva primaria,
camino de luz.


&&&


Necesito 
un vientre,
un silencio,
una pausa.

Volver a nacer.


Caracas, 1993


&&&


Pero entonces el desorden.
Uno trata de poner orden y siempre hay un factor
impredecible.
Hablo del caos como el supremo orden.
El factor inesperado modifica todo lo planeado.
Se impone el libre albedrío de la naturaleza.
¿Quién ordena que dos gotas de agua se junten en
la caída de una catarata?



Blanca Baldó, Teorema del caos, 2012