martes, 11 de agosto de 2009

PLEGARIA PARA EL SILENCIO

Quiero una plegaria para el silencio, para las voces inoídas que poseen las silabas de mi felicidad, mi sufrimiento, todo el destino desconocido que me separa de mí mismo, su garra, su cautiverio.
Hay palabras de barro, palabras de hueso, palabras de silencio.
No quiero hablar, pero la ausencia de promesas como regalos de porvenir pone una música en mis labios y yo silbo el silbo de la sal cuando es ahogada por el silencio de la marea.
Ecos y ecos llenan mi pecho de un aire de otras edades, la resonancia del gemido de quien vio la orilla y no la alcanzó, el suspiro de quien tocó el cuerpo del deseo y lo dejó seguir como una ráfaga en una alta montaña.
Para la esperanza esta época es un látigo.
El fuego, el fuego, el fuego.
El fuego del alma, brilla por fin, para que la ceguera no devore el mediodía de nuestros ojos.
(De Papeles para un adiós, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2004)