miércoles, 30 de mayo de 2007

Black Out

El Black out que dejó fuera del aire a Radio Caracas Televisión (RCTV) es uno de los hechos más tristes y nefastos que nos ha tocado vivir a los venezolanos en nuestra historia contemporánea. Tuve la fortuna de formarme en una Universidad que me enseñó la importancia de la pluralidad y el discenso: la Universidad Central de Venezuela. Nací en la Ciudad Universitaria en mayo del 66, y me hice adulta allí. Llegué adolescente a las aulas de la Escuela de Letras cuando aún estudiaba el bachillerato, y en sus pasillos tuve la oportunidad de vincularme con personas de distintas razas, credos, ideas, clases sociales y edades. Y es lo mejor que me puede haber pasado. Lamentablemente yo venía de un hogar donde nunca hubo pluralidad, en el que escuché repetidamente frases como: "usted no sabe", "usted se calla", "aquí se hace lo que yo diga". Mis tres hermanas y yo, debíamos hacer, decir, comer, vestir, lo que mi padre dispusiese. Así es hasta el día de hoy. También nos enseñó valores como la honestidad, y la solidaridad, y la disciplina, eso también es cierto. Nos dio un techo, nos vistió, nos educó y nos ha dado de comer. Poco más de 15 años después de haberme graduado, tuve la suerte de regresar, el semestre pasado, a las aulas de la Universidad Central, y específicamente la Escuela de Comunicación Social, como docente. Y si algo aprendí de esa experiencia fue la importancia de ser plural, y eso me lo enseñaron mis alumnos, por lo que les estoy hondamente agradecida. Por la manera en que fui educada tiendo precisamente a ser a veces estricta, pero estos muchachos ávidos de aprender me enseñaron a negociar, a ceder a veces en mis exigencias, para no ahogarlos. Me tomaron respeto y cariño, a pesar de que por momentos tuviéramos pequeñas diferencias. Pocos días atrás esa Escuela fue tomada por "revolucionarios", que la llenaron de violencia y de graffittis non gratos, e incluso irrumpieron en la oficina del director, Adolfo Herrera. La mayoría de las personas que vivimos en este país no compartimos esas actitudes, aún hoy seguimos creyendo en el diálogo como la mejor postura ante lo que nos está tocando vivir. Si eso es facismo para el señor presidente, yo me declaro fascista. Me tocó crecer y madurar en un hogar donde entre otras cosas reinó una forma de educación fascista, sé perfectamente que significa tal término, y con toda responsabilidad asumo y seguiré asumiendo mi derecho a discentir.

Caracas, 30 de mayo de 2007