miércoles, 23 de mayo de 2007

Algunos poemas de Elizabeth



Resulta difícil hablar en adelante sólo en pasado de una persona tan especial como Elizabeth Schön, como describir su serenidad y su fuerza, porque sin dejar de ser honda y serena Elizabeth era una mujer de temple. Hace pocos meses leyó algunos de mis versos y recibí de ella sabios consejos. Hacía mucho que no me sentaba con nadie a leer mis versos, pero sentí que debía llevárselos al visitarla junto a Rosa Melo, que me haría bien compartirlos con ella. Y me hizo bien. Porque aunque la poeta que fui durante dos décadas se haya suicidado, y ya no escriba más poesía, esa parte honda que me llevó a escribir versos siempre estará allí. Pocas poetas que conozca me han conectado tan profundamente con el ser como ella, pero aún de lo más hondo ella sacó luz, claridad. Ella era bella, con la belleza de lo tocado por la luz y la plenitud. Quién podría olvidar la transparencia de su mirada azul y su sonrisa un tanto juguetona. Aunque la belleza es efímera y condenada a desaparecer, nos quedan sus versos:

Al Ser
¿se le puede atribuir algún comienzo si nunca hemos podido
asirlo, como aquella fruta que en los caminos madura para
nuestra sed diaria?
Más está aunque nada ni nadie sea capaz de abarcarlo.
El Ser no es medible.
Pero del hombre es la extensión, la altura, el hueco
gigantesco del universo.

(De Encendido esparcimiento)

Dije
no cierres las aldabas
en la tierra
nadie escuchó
y me quedé con todas las llaves del mundo.
Grité aún más
no cierres las aldabas
nadie oyó.
Estaba sola
sola con mi voz
que se esparcía
y se hundía en la marejada
que ahoga el timón
de todos los barcos invisibles.

(De La cisterna insondable)

Mira la sombra
La lámpara espera
El silbido de la tierra
anuncia el ascenso hacia la copa
de lo infinito tuyo
pleno.

(De Árbol del oscuro acercamiento)

La hojarasca de los rostros
Los bordes sin otros precipicios
que lo lejano indispensable
Las huellas del amor
vivas en las pupilas
rompen el cerco
huyen hacia donde la soledad
no tiene templo ni raíces
Calla la huella
Se alarga la sombra
Espera el árbol del oscuro acercamiento.

(De Árbol del oscuro acercamiento)

Del alma frente al oscuramente árbol
queda apenas un brío de asombros
con la lámpara
para descubrir lo que antes nos fue invisible
y sentir lo que llega
cuando la finita claridad comienza a ser
interioridad nuestra
infinita

(De Árbol del oscuro acercamiento)

Antes del árbol
después del árbol
Dándole forma a la forma
Dándole margen al margen
Desde lo remoto
siguiendo
Entre el infinito esparcimiento
y el interior brillo íntimo.

(De Árbol del oscuro acercamiento)

El amor escoge la ribera
y un vuelo de aire se desprende
es la voz de la espada que arriba
a la inmensa sabana de los humildes
donde una iguana dulce y azul
se confundió con el cielo
desapareciendo
La espada la buscó y se la entregó al amor
La espada, el amor
son imprescindibles para las aguas
las ciudades y las iguanas que se pierden.

(De La espada)

El instante es tan sabio como el rayo
ambos saben desaparecer
El alba llega, se apaga
un cirio se prende con la punta de la espada
Exaltación
La claridad restituye
los escombros dejados por la crueldad.

(De La espada)

Empieza a reflejarse el sueño
de lo nunca antes conquistado.
La entraña de los espacios está abierta.
Fluye la armonía de la raíz
con la piel y el anhelo.
Al fin, un hombre entra en el sol.
Adelante, el talle se expande
y comienza la fragancia a esparcir
la clara
clarísima claridad.

(De Ropaje de ceniza)

Difícil conocer lo íntimo, lo nuestro
El hombre es resistencia
mas el río nunca se nos distancia
y un día
la mirada sujetará
la primera tanda de los moluscos
la primera señal de la garra y el zarpazo
y nacerá de nuevo aquella palabra
perdida entre muros y arcabuces
y emergerá la tierra
la del gesto, la del adiós
la del esfuerzo y la constancia
aun la de las miradas ansiosas
de lo otro tuyo, mío, de aquél
que nos impulsa
hacia las fragancias del sándalo
hacia los estuarios de las redes y las ruecas
hacia los borbotones azulados de los manantiales
Precipicios, pueblos, fronteras
dejan de ser contrarios
si viven
desde la hondura del río:
silencio de rosas
que nacen
como las abejas
entre los atardeceres fáciles de las sorpresas.

1 comentario:

Vestir la sombra dijo...

Qué grato siempre acercarme a tu Blog.

Qué hermosa selección.

Qué feliz soy de hayas ido a visitarla, de poder guardar su rostro siempre dentro de tí.

abrazo,