jueves, 13 de marzo de 2008

Poemas de Juan Sánchez Peláez

ELENA Y LOS ELEMENTOS

I

Solo al fondo del furor. A ella, que burla mi carne, que
desvela mi hueso, que solloza en mi sombra.

A Ella, mi fuerza y mi forma, ante el paisaje.

Tú que no me conoces, apórtame el olvido.
Tú que resistes,
resplandor de un grito, piernas en éxtasis, yo te destruyo,
sangre amiga, enemiga mía, cruel lascivia.

Nuestras voces de bestias infieles trepando en una habitación
suntuosa sin puertas ni llaves.
Cuando me desgarra un soplo naútico de abejas, yo pierdo tus
óleos, tus imanes, una calesa de esteras en el vergel.

Mi primera comunión es el hambre, las batallas.
¿Rueda mi frente en un aro,
saltan mis ojos sobre la nieve pacífica?
¿Florecen campanas melodiosas en un abismo de miedo?

Después, sin designio, el rocío extiende por el mundo su gran
nostalgia de húmedos halcones.

FILIACIÓN OSCURA

NO es el acto secular de extraer candela frotando una
piedra.
No.

Para comenzar una historia verídica es necesario atraer en
sucesiva ordenación de ideas las ánimas, el purgatorio y
el infierno.

Después, el anhelo humano corre el señalado albur.
Después, uno sabe lo que va a venir o lo ignora.

Después, si la historia es triste acaece la nostalgia.
Hablamos del cine mudo.

No hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo.

Uno sabe lo que sigue. Si finge es sereno. Si duda,
caviloso.

En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.

Hay vivos que deletrean, hay vivos que hablan tuteándose
y hay muertos que nos tutean,
pero uno no sabe nada.

En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.


FORTUITO

SI NO ESTUVIERA suspenido en el aire, aquel sonido. Si el hombre bajo el firmamento no fuera una rota ausencia. Si no nos volcara en la nada nuestra infinita raíz que espera. Si no estuviéramos a la orilla de vastos ríos solares, con nuestra pupila enigmática a algún lado en la sugestión de la noche.

NO TE EMPECINES

NO TE EMPECINES: fija a tu relámpago el oro extremo de
sílabas.
No mientas: tu valle profundo es la casa hechizada.
No ilumines nunca lo vacío. No expreses horror.
No tiembles por esa lágrima de plomo
(de lo que no vuelve nunca o no hallas nunca).
La memoria olfatea a tu reina vestida de gala.
Consta de unas cincuenta plumas de gavilán. Cincuenta.
Sin embargo
No devorarás más tiza en Trinidad o Maturín.
No estimules el grito haciendo equilibrio entre el bien
y el mal.
El ligero crepúsculo no es cordero de pascua.
El desgarrón del otoño es tan poco simple como la
tempestad.
Tu asombro es eficaz como el tacto de un ciego.
¡Sopla nieve loca entre los pinos!¡Jadeante pomposa
desconocida vastedad azul!
¡Sopla por la nariz el día y el plato por la sombra del
arcángel donde brinca la nada!
El ave resbala por intermitencias en una mesa con huesos
de pájaros.
El ave que se transforma en espíritu.


3 comentarios:

vestir la sombra dijo...

Qué bella selección Bea,

He disfrutado uno a uno los poemas de nuestro grandísimo poeta.

Gracias por traerlos

Beatriz Alicia García dijo...

Gracias por tu comentario, amiga y fiel lectora. Me disculpo por no haber enriquecido en varias semanas este espacio, que existe para ti y los otros posibles lectores virtuales.

Cariños,

Anónimo dijo...

La verdad es que Sánchez Peláez es uno de mis poetas favoritos, me parece un gesto hermoso el haber publicado uno de sus poemas para que su voz se extienda y nos haga palpar de nuevo todas las emociones que nos hacen encontrarnos con nosotros mismos...