lunes, 30 de noviembre de 2009

No te empecines

No te empecines: fija a tu relámpago el oro extremo de sílabas.
No mientas: tu valle profundo es la casa hechizada.
No ilumines nunca lo vacío. No expreses horror.
No tiembles por esa lágrima de plomo
(de lo que no vuelve nunca o no hallas nunca).
La memoria olfatea a tu reina vestida de gala.
Consta de unas cincuenta plumas el gavilán. Cincuenta.
Sin embargo
No devorarás más tiza en Trinidad o Maturín.
No estimules el grito haciendo equilibrio entre el bien
y el mal.
El ligero crepúsculo no es cordero de pascua.
El desgarrón del otoño es tan poco simple como la
tempestad.
Tu asombro es eficaz como el tacto de un ciego.
¡Sopla nieve loca entre los pinos!¡Jadeante pomposa
desconocida vastedad azul!
¡Sopla por la nariz el día y el plato por la sombra del
arcángel donde brinca la nada!
El ave resbala por intermitencias en una mesa con huesos
de pájaro.
El ave que se transforma en espíritu.
La noche es una piedra alta
colocada sobre las estrellas del cielo.
Más próximas sus manos
más cercana toda mía
más cerca el amor más cerca y salvaje que gime tu mirada.
Espera no te empecines empínate talante propio.

Juan Sánchez Peláez