lunes, 22 de agosto de 2011

LAZOS DE FAMILIA EN BLANCO NOCTURNO DE RICARDO PIGLIA (2)

EL PADRE, LAS MADRES

En la compleja y cambiante sociedad contemporánea no existe un modelo único de estructura familiar predominante. Además de la familia nuclear tradicional, compuesta por el padre, la madre y los hijos, un estudio realizado a comienzos de la década (Hurtado de Barrera 2003) da cuenta por lo menos de nueve tipos distintos de estructura familiar: la familiar nuclear, ya mencionada; la familia protectora, dentro de la cual se integra otra familia nuclear de uno de los hijos, o uno de los hijos que se reintegra al hogar con uno o varios hijos propios, luego de una separación; la monoparentales, siendo la más usual el hogar mantenido y protegido por la madre; o así mismo, las reconstruidas, en las que uno o los dos cónyuges, viene con hijos de matrimonios o uniones anteriores, y tienen luego hijos en común; o las matricentradas, en las que varias mujeres separadas, viven bajo un mismo techo con sus hijos. Esta diversidad de modelos familiares evidencia el resquebrajamiento del concepto de familia, en el sentido tradicional del término, un cambio de dinámica en las interrelaciones familiares; lo que es consecuencia a su vez una profunda crisis en la organización de la sociedad contemporánea, marcada por una sexualidad más libre, que se inició en los sesenta, con la comercialización de la píldora anticonceptiva, el amor libre, y un cambio radical en las relaciones entre padres e hijos, en las que los padres ya no son necesariamente el modelo ideal de los hijos.
Este es el contexto social en que debemos situar a los personajes protagónicos de Blanco nocturno, porque detrás del drama que protagoniza la familia Belladona está precisamente un modelo familiar resquebrajado y reconstruido. Tanto Cayetano Belladona como sus hijos varones, son abandonados por Regina O’Connor, su primera esposa, quien embarazada de su segundo hijo, Luca, se “escapa” del hogar familiar, deja a su hijo mayor Lucio, para vivir una aventura con el director de una troupe teatral, a quien abandonará a su vez, tres años después, para irse a su país natal, Irlanda: “los dos hijos nunca le perdonaron que los hubiera abandonado y eso los unió a los dos hermanos en el mismo dolor. Ningún hijo puede perdonar a su madre que lo abandone” (Piglia 2010, p. 120).
Regina, esta mujer extranjera, inestable, básicamente urbana, no logra adaptarse a la dinámica del ambiente rural, no está en ella ser un ama de casa tradicional y tampoco apoltronarse en la vida tediosa de la pampa. Señala Sofía, una de las mellizas nacidas de un segundo matrimonio de Cayetano Belladona: “La culpa de todo es del campo, del tedio infinito del campo, todos dan vueltas como muertos vivos por las calles vacías. La naturaleza sólo produce destrucción y caos, aísla a la gente, cada gaucho es un Robinson que cabalga por el campo como una sombra” (Piglia 2010, p. 119). En esta descripción de la vida del campo, en la que resalta el gaucho, personaje solitaria por antonomasia de la mítica fundacional argentina, y de su literatura, hay implícito un marcado contraste y contraposición no sólo entre lo urbano, ámbito al que pertenece Regina, y lo rural, sino también entre lo masculino y lo femenino. A ese gaucho solitario que cabalga en la pampa realizando sus labores, ese Martín Fierro, que representaría la figura masculina apegada, a pesar de todo, a la tierra (Cayetano Belladona), se contrapone esta mujer extranjera, sin arraigo, a quien su hijo “todavía”, muchos años después de que se ha ido, “escucha insultar en la noche” (Piglia 2010, p. 120) y conversa con ella y “siempre la está viendo” (Piglia 2010, p. 120). Sin embargo, como también señala Sofía: “No podía seguir en este pueblo esa mujer” (Piglia 2010, p. 120).
Por otra parte, podemos señalar, que esta referencia al gaucho, embrutecido, “por el aburrimiento y el vacío”, víctima del “caos y la destrucción” que produce la naturaleza, según lo expresa Sofía, viene a retomar la perspectiva positivista que alimentó la literatura del criollismo, especialmente la llamada novela de la tierra, para la cual el hombre está determinado por su raza y por el influjo que ejerce sobre él el medio al cual pertenece. El título mismo de una novela como La vorágine ya señala el modo en que la naturaleza se impone al individuo. Al inicio de la novela Doña Bárbara de Gallegos la frase “¿Con quién vamos?” textualiza la perspectiva de narración que va a enfrentar dos fuerzas, ya claramente representadas dentro de ese bongo que navega en el Arauca; por una parte, Santos Luzardo, la fuerza civilizadora y del progreso, y el Brujeador, Melquíades Gamarra, que representa el lado oscuro del llano, como mensajero o enviado de Doña Bárbara.
A medida que vamos avanzando en la lectura de Blanco nocturno lo que inicialmente parecía una novela policial, queda en un segundo plano, y surge un complejo entramado en el que la búsqueda de la verdad del comisario Croce, y luego de Emilio Renzi, deja ver tras la muerte de Tony Durán, un trágico enfrentamiento familiar, que tiene profundas raíces en el pasado y del cual se han servido funcionarios corruptos para su propio beneficio. Tal como ha señalado Piglia en uno de sus textos ensayísticos: “Un cuento siempre cuenta dos historias” (...) “Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario” (Piglia 2000). El comisario Croce expresa claramente ese doble relato, aquello que se esconde detrás del crimen pasional que explica, aparentemente, la muerte de Tony Durán: “–Todo consiste en diferenciar lo que es de lo que parece ser...–siguió Croce–. Fijarse en algo es quedarse quieto ahí”. (Piglia 2010, p. 144)
Mientras la figura de Regina O’Connor es fuerte y activa, en ningún momento se subordina a la figura masculina del esposo, Cayetano Belladona, éste, parece desdibujarse en el rol que le correspondería como jefe de familia. En la descripción que el narrador, y sus propias hijas, hacen de él, se destaca la fragilidad de su salud y de su ánimo, luego de ser abandonado por su primera esposa, aunque al mismo tiempo, la figura de Belladona, no deja de vincularse al ejercicio del poder, sin ser propiamente una figura política:

(...) el ingeniero Cayetano Belladona, vivía retirado en la casona de la familia, aquejado de una extraña enfermedad que le impedía salir pero no controlar la política del pueblo y del partido. Era un hombre desdichado que sólo sentía devoción por sus dos hijas mujeres (Ada y Sofía) y que había tenido un conflicto grave con sus dos hijos varones (Lucio y Luca), a los que había borrado de su vida como si nunca hubieran existido. (Piglia 2010, p. 19)

Lo que sería fundamental, la transmisión del legado del padre a los hijos varones, según un esquema patriarcal de la sociedad, no es posible. Los hijos que debían ser los herederos de los bienes y del quehacer del padre, deciden tomar su propio camino, crear la fábrica de automóviles que va a llevarlos al fracaso, a la quiebra, a pesar del éxito inicial de la misma. Esa fábrica bien podría representar el proyecto de modernidad, siempre truncado, de los países latinoamericanos. En medio de la pampa y su pobreza la fábrica de los hermanos Belladona, Lucio y Luca, es un alarde extraordinario de progreso, totalmente desvinculado de la realidad que está a su alrededor.
Un factor externo, inesperado, una súbita devaluación de la moneda, que multiplicará una deuda contraída en los Estados Unidos, terminará con la hipoteca de la fábrica, y finalmente en su cierre. Los años en los cuales se sitúa la trama, los años previos al retorno de Perón al poder, son años de una gran inestabilidad en la Argentina, en el 71 en particular hay un importante déficit fiscal que obliga a varias devaluaciones de la moneda y una serie de importantes atentados terroristas contra empresarios y militares, secuestrados y luego asesinados. Lo que hace trágica tal situación en el contexto de la novela de Piglia, no es la quiebra en sí de la fábrica, sino lo que ésta desencadena entre los hermanos Belladona, quienes hasta ese momento habían tenido una relación de trabajo basada en la mutua confianza y el mutuo apoyo. Lo trágico es la traición que hacen el padre y el hermano mayor Lucio, a Luca, cuando entregan los activos a una empresa vinculada con el fiscal Cueto.
El padre, queriendo ayudarlos, hace traer de los Estados Unidos, a través de Tony Durán, unas divisas, sin declarar, que les corresponden a los hermanos, las cuales han heredado de su madre. Pero ellos ignoran esta situación, es decir, que Tony Durán ha traído el dinero que podía saldar la hipoteca. El problema viene realmente porque Cayetano Belladona, quien duda que Luca es su hijo biológico, establece una alianza con Lucio, su hijo mayor, dejando a un lado a Luca. Trayendo del pasado el viejo drama del abandono de Regina O’Connor. No olvidemos, por otra parte, como referencia cultural, la manera en que en el relato bíblico es el primogénito, el hijo mayor, el receptor principal de la heredad familiar, y quien a falta del padre debe tomar su lugar. Si bien Cayetano Belladona había criado a los dos hermanos por igual, ambos abandonados por la madre, tanto para él como para Luca hay una duda razonable sobre quién es su verdadero padre biológico.
Con el fin de la fábrica termina también el linaje masculino de los Belladona, primero Lucio y después Luca mueren trágicamente. A pesar de que tanto el padre como los hijos hacen lo indecible por salvar el patrimonio familiar finalmente nada queda de él. La historia familiar de los Belladona está marcada por el abandono de la madre de los varones, pero también por un intenso juego de poder que ha pasado de una generación a otra. Así lo expresa Sofía en una conversación con Renzi: “Nos pasamos la vida peleando por la herencia, primero mi abuelo, después mi padre y ahora nosotras (...) él unico que se mantuvo ajeno y no aceptó ningún legado y se hizo solo fue mi hermano Luca...” (Piglia 2010, p. 75). Pero esa aparente pureza de Luca, ese orgullo por hacerse solo, esos textos, que describen sus sueños, que deja como legado en las paredes de la fábrica, no evita que al final inculpe de asesinato a un inocente, Yoshio Dazai, para acceder a su herencia; pero luego se suicida, arrepentido. Como se reitera en la novela Luca “sólo perseguía un sueño”, y todos, incluyendo a su familia, lo habían derrotado, lo habían dejado solo. Podríamos decir que Luca es la personificación del héroe problemático de Lukács, en tanto busca y defiende valores auténticos en un mundo degradado, que predeciblemente le da la espalda y lo lleva a la autodestrucción.
Heredamos de nuestros antepasados, y especialmente de nuestros padres, uniones, pero también rupturas, talentos, pero también predisposiciones menos positivas, igualmente valores, creencias, modelos de conducta. En ese cruce de herencias que Cayetano Belladona y sus dos esposas entregan a sus hijos se confunden los caracteres y las actitudes, los hijos de la primera esposa terminan pareciéndose a la segunda, y las hijas de la segunda esposa, se parecen en su carácter, e incluso físicamente, a la primera, a quien ni siquiera conocieron.
La madre de las gemelas Ada y Sofía, Matilde Ibarguren, es la segunda esposa de Cayetano Belladona. Ibarguren es también el apellido materno de Eva Duarte de Perón. Si bien Matilde no tiene un rol protagónico o determinante en la novela, ella es la madrastra de los hijos varones, y se destaca de manera explícita que a pesar de no ser su madre biológica, “los varones habían heredado el carácter desquiciado de su madrastra mientras que las chicas eran iguales a la irlandesa, pelirrojas y alegres que iluminaban el aire en cuanto aparecían” (Piglia 2010, p. 20). No se trata sólo de un “carácter desquiciado”, al parecer, como lo comenta, Ada, una de sus hijas en una conversación, se la ha incapacitado legalmente: “todos saben que podemos repartir la herencia cuando queramos porque mi madre está impedida” (Piglia 2010, p.69). Pero tal como ocurre con otros asuntos en la novela, Matilde Ibarguren no está tan desquiciada como pareciera.
El segundo matrimonio de Cayetano Belladona, luego de haber sido abandonado por Regina O’Connor, es un matrimonio por conveniencia, así lo relata su hija Sofía: “–Mi padre se hacía el aristócrata y por eso la buscó a mi madre, que es una Ibarguren... –dijo Sofía– (Piglia 2010, p. 118)”. Regresamos nuevamente a la perspectiva a la que aludíamos al inicio de estas líneas, según la cual el matrimonio vendría a ser un convenio de orden mercantil, a través del cual las familias importantes se aseguraban que su vástago se casase con la hija de una familia de igual o mejor condición para resguardar el patrimonio familiar. En este caso, es el propio Cayetano Belladona quien decide buscarse una nueva esposa, de buena familia, que si pudiese cumplir con su rol de esposa, y madre, de sus hijos varones, que han sido abandonados, y de las gemelas que nacerán posteriormente. En una de las pocas escenas en las que Matilde Ibarguren aparece la encontramos con un libro en las manos, es una mujer cultivada, que ha desempeñado lo mejor posible el rol que le tocó en suerte. Todos los meses manda a pedir libros. Su hija Sofía la llama, “la lectora”, y le dice a Renzi que “solo está tranquila si está leyendo...Cuando deja de leer se pone neurasténica” (Piglia 2010, p. 186). La otra escena en la que aparece es en el entierro de Luca.

Las gemelas

Los personajes femeninos, y especialmente las gemelas Ada y Sofía Belladona, cumplen un papel central en la trama de la novela Blanco nocturno. Son el puente entre Cayetano Belladona y la sociedad, recordemos que él ya no sale de la casa donde vive. Es a través de ellas que establece el vínculo con Tony Durán, cuya presencia en el pueblo desatará el trágico final, la muerte del propio Durán y luego la muerte de los hermanos Lucio y Luca Belladona. Y será una de las hermanas, Sofía, quien irá relatando, a Renzi y a nosotros los lectores, los hechos que conducen a ese desenlace, a medida que va dando cuenta de la historia familiar, y el lado oscuro de esa historia familiar.
Desde su infancia ya las gemelas tienen un especial vínculo con el padre. Señala el narrador: “A sus hijas les enseñó su propio código moral y les dejó que hicieran lo que quisieran y las crió como si ellas fueran sus únicos hijos varones” (Piglia 2010, p. 21). Por lo tanto, no es el distanciamiento con los hijos varones, cuando los hereda en vida y abren la fábrica, lo que va a motivar la preferencia del patriarca por las hijas hembras. Desde el inicio de la novela se destaca la seducción y lo instintivo como un rasgo que caracteriza a las hermanas Belladona, y esto inclusive le da un tono, un ritmo trepidante al texto, inicialmente. Este ritmo va a cambiar luego del asesinato de Durán.
Detrás de la historia de las gemelas con Tony Durán, no hay sólo un capricho de ricas herederas por un fogoso latin lover, jugador y aventurero. La historia con Durán hay que vincularla también con el ejercicio del poder, desde dos puntos de vista. Por una parte, a medida que avanza la trama, sabemos que en realidad Durán llega al pueblo como portador de unas divisas, no declaradas, que Cayetano Belladona ha ordenado traer de los Estados Unidos, para salvar la fábrica de sus hijos. No es Durán quien seduce a las herederas argentinas para sacar provecho de su dinero, en realidad ha sido él el seducido por el negocio con el padre y por el poder de seducción de las hijas.
Una vez en el pueblo de los Belladona Durán no comprende que hay lugares a los que no debe acceder, aún teniendo dinero. Y esto, muy probablemente, es lo que determina su trágico final. Otro hubiese sido su destino si hubiese sido un rubio anglosajón, mas Durán, como señala Croce es “Un yanqui que no parecía yanqui pero era un yanqui” (Piglia 2010, p. 16). De cualquier manera no es igual un yanqui de origen pobre y puertorriqueño que un yanqui anglosajón. Cabe recordar la cita in extenso que hicimos sobre la manera en que se ubican las viviendas en el pueblo: en lo alto de las lomas viven los ricos, luego está el centro de la ciudad, donde están los negocios, los edificios públicos y del otro lado de las vías férreas “los barrios bajos donde muere y vive la mitad más oscura de la población”. Cuando Durán conoce a Cayetano Belladona, nos dice el narrador, “actuó, sin darse cuenta, como un capataz de estancia, como un arrendatario, o un puestero que se acerca, solemne y lento, a saludar al patrón”. (Piglia 2010, p. 36)
Pero, por otra parte, la relación escandalosa de Durán con las gemelas, nos lleva a la relación especular que tienen las gemelas entre sí, que esconde también una relación de poder. Parecen complementarse, en sus juegos por hacerse pasar la una por la otra y en una imagen pública avant garde pero también, a pesar de ser tan parecidas, como ocurre en los espejos, sus imágenes se contraponen, rivalizan:
“Desde chicas las hermanas Belladona fueron rebeldes, fueron audaces, competían todo el tiempo una contra la otra, con obstinación y alegría, no para diferenciarse, sino para agudizar la simetría y saber hasta dónde realmente eran iguales” (Piglia 2010, p. 21).
“Siempre era así, una contra la otra, como dos gatos metidos en una bolsa que luchan para quedar libres y escapar”. (Piglia 2010, p. 46)
Ciertamente en cuanto al afecto del padre no hay discriminación, ambas reciben el mismo afecto, la misma educación, tienen los mismos privilegios que las hacen mujeres caprichosas, voluntariosas, liberales, lo que no ocurre con sus hermanos varones. Es difícil distinguirlas a simple vista, sólo la madre puede hacerlo. La complicidad parece marcar la relación entre ellas. Sofía no se va con Renzi porque debe cuidar de su hermana. Terminan compartiendo el amante puertorriqueño y compartiéndose entre sí. Lo que es bastante escandaloso. Sin embargo, al profundizar la trama de la novela, notamos, que como ocurre con el cuerpo humano, las gemelas no son tan idénticas. Si usted se ve de perfil esa simetría aparente no es tal. El lado derecho no es exactamente igual al izquierdo. Así ocurre con las gemelas Belladona.
El desenlace de la trama, que conlleva la mentira y la impunidad que condenan a un inocente, Yoshio Dasai, por un crimen que no cometió, tiene como figura central al fiscal Cueto, quien con anterioridad había sido el abogado de confianza de los Belladona y había empujado al padre y al hijo mayor a entregar la mayoría accionaria a una empresa de un socio suyo, dejando a un lado al hijo menor, Luca. Pero además el fiscal Cueto mantiene una relación erótico sentimental con Ada Belladona. Aún cuando parece despreciarlo, según dice su hermana Sofía a Renzi, Ada no puede resistirse al llamado de Cueto, a pesar de haber sufrido un accidente que le lesiona una pierna al montarse en una moto con él. Es entonces cuando Ada muestra su faz débil. Es evidente el poder y la influencia que ha cobrado Cueto en el pueblo. También se evidencia el estrecho vínculo del fiscal Cueto con los medios, la prensa, la televisión. Se vale de cualquier estrategia que pueda colocarlo como portador de la verdad y de la justicia para lograr sus fines. De allí la insistencia del comisario Croce en señalar la diferencia entre lo que es y lo que parece ser, que intenta poner a Cueto en evidencia, sin lograrlo.