martes, 30 de agosto de 2011

LAZOS DE FAMILIA EN BLANCO NOCTURNO DE RICARDO PIGLIA (3)

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Si algo parece fundamental en Blanco nocturno, y en la obra de Piglia, es la importancia que cobra la búsqueda de la verdad. Esa búsqueda encuentra en el esquema del relato policial su forma ideal, porque per se su estructura gira en torno al esclarecimiento del crimen, sus motivaciones, quién lo lleva a cabo -la búsqueda de la verdad-, pero también le permite mostrar al escritor, según ha expresado Piglia, el modo en que el proceso de escritura narrativa conlleva una búsqueda textual, de composición, que se va desentrañando en la medida que se construye. En este proceso de búsqueda simultáneo, la verdad de la historia relatada, y la forma textual en que debe presentarse ante el lector, se expresa, de una manera oblicua, en lo no dicho, en lo sugerido, verdades que la sociedad no tolera decir claramente. Como expresáramos al inicio de estas líneas, en Blanco nocturno, tras un aparente crimen pasional, sostenido por el fiscal Cueto y otros habitantes del pueblo, el asesinato de Tony Durán encierra una compleja historia familiar en la que se entrelazan la ambición, los celos, el incesto, la traición, el honor y el deshonor. Las gemelas se meten juntas en la cama de Durán, juegan a los novios con los hermanos, hasta que la madre de ellas acaba con el juego, seducen al padre desde niñas, viven escandalizando al pueblo con sus actitudes. Pero finalmente detrás de tanta trasgresión y erotismo hay algo más, hay una compleja trama vinculada al ejercicio del poder.
Expresa Piglia en una entrevista en referencia al género policial y el proceso de escritura:

Es un género que plantea los problemas de la narración, aquellos que enfrenta cualquier narrador, y los propone como tema. El problema central que tiene un narrador –qué es lo que narro, lo que dejo de narrar-, el secreto, el suspenso, el misterio, se convierte en el tema del relato policial [...] los cadáveres están ahí nada más que para plantear estos problemas: cómo avanzo en la narración, cómo introduzco un elemento que hace virar el relato. Todas esas cuestiones tienen que ver con cualquier historia que uno cuente, y eso explica un poco el hecho de que sea un género que tiene un lugar tan importante”. (Fornet 2000, p. 33)

Tanto el comisario Croce como el periodista Emilio Renzi representan en la narración la personificación textual de esa doble búsqueda de la verdad del escritor: la expresión de una verdad, que es el comienzo de la escritura, lo que lo incita a emprenderla y de igual modo la búsqueda formal, cómo construyo un texto que lleve al lector a acompañarme en esa búsqueda de la verdad. La teoría fenomenológica del arte se ha fundamentado en ese vínculo entre texto y lector, el modo en que se reconstruye el sentido en el proceso de lectura (Iser, 1987). Señala Iser: “la parte ‘no escrita’ de un texto estimula la participación creativa del lector” (Iser 1987, p.217). Esto parece particularmente importante en el caso de la obra de Piglia, la cual exige un lector comprometido, dispuesto a atar cabos, leer entrelíneas, poner a la obra “en marcha”.
En Blanco nocturno esa búsqueda de la verdad, que comparten autor y lector, se organiza a través de una narración polífónica. Dicha polifonía es literal, en el sentido de que entramos en la novela con un ritmo trepidante, los últimos días de Tony Durán, y su historia escandalosa con las gemelas Sofía y Ada; pero luego de su asesinato, al iniciarse la narración retrospectiva, tenemos varias narraciones paralelas, cada una con su propio ritmo: la historia de Durán; las diversas historias de la familia Belladona: el abuelo inmigrante, Bruno; el padre, Cayetano, y los hijos varones, Lucio y Luca, abandonados por la primera esposa, Regina O’Connor; las gemelas transgresoras y su madre, aparentemente desquiciada, Matilde, segunda esposa de Cayetano; los hermanos Lucio y Luca y su megaproyecto de fábrica que finalmente quiebra; el fiscal corrupto, Cueto, que seduce a una de las gemelas, Ada; el comisario honesto, Croce, que busca la verdad y termina en un manicomio; y el periodista Emilio Renzi, que llegá para reportar el asesinato de Durán.
La historia de la ciudad está estrechamente unida a la historia de la familia Belladona, en un intenso juego de poder en el que se oponen lo masculino y lo femenino. La seducción y el erotismo juegan un papel relevante en la trama: Las gemelas entrampan a Tony Durán y lo llevan a Adrogué; el conserje japonés, Yoshio Dasai, termina como chivo expiatorio y es culpado de un crimen que no cometió, por haberse enamorado de Durán; el vínculo erótico entre el fiscal Cueto y la gemela Ada ha contribuido al poder de éste; tras la preferencia de Cayetano Belladona por la gemelas hay seducción; el vínculo erótico de Renzi con Sofía le ayuda a acceder a la verdad. La trasgresión, vinculada al erotismo se reitera a lo largo de la trama y es lo que conduce a su trágico final. Por lo menos así lo deja entrever Cayetano Belladona al referirse a Durán: “Me gustaba el modo que tenía de hablar y sé lo que había venido a hacer. Pero iba camino de la perdición –dijo de pronto– sin que nadie pudiera evitarlo, igual que mis hijos, por caminos paralelos y divergentes”. (Piglia 2010, p. 208)
El problema del poder, tanto en el ámbito familiar de los Belladona, como en la ciudad, se plantea en el ámbito de influencia de los personajes, quién puede tomar las decisiones, quién domina a quién, pero también esto involucra un aspecto quizá más voluble, pero determinante, el de los afectos. Una generación tras otra de los Belladona ha defendido su herencia, pero así también su lugar dentro y fuera del ámbito familiar, ese territorio o lugar también se juega a través de lo afectivo. El punto de quiebre de la historia parece iniciarse cuando Cayetano Belladona decide repartir su herencia en vida. Por otra parte, como se señala de manera reiterada el abandono al padre y a los hijos de la primera esposa, Regina, es determinante. La segunda esposa, Matilde sabe cuál es su rol, su lugar, y lo acata. Como en toda tragedia a los personajes de Blanco nocturno les toca aceptar su rol en la trama, en algunos casos, no sin luchar, claro está.
Para reconstruir la historia de la familia Belladona lo callado o sugerido, adquiere un peso igual o mayor a lo dicho, como han señalado algunos estudiosos de la obra de Piglia (Pons, 1998; Fornet 2000), más allá de lo que se expresa efectivamente hay un discurso solapado, que hay que descifrar, el texto ausente. Tanto el narrador como los personajes dejan sin esclarecer completamente algunas afirmaciones, veamos algunas frases:

Parecía venir de otro lado –dijo sosegado Croce–, pero no hay otro lado. (...) No hay otro lado, todos estamos en la misma bolsa. (p. 17)
Nadie estaba seguro de que esas historias fueran verdaderas, pero a nadie le importaba ese detalle. (p. 18)
Pero fueron habladurías, decires provincianos, versiones que sólo lograron hacer crecer su prestigio (y también el de las chicas). (p. 33)
Claro que si Durán hubiera sido un yanqui rubio todo habría sido distinto –dijo Madariaga. (p. 34)
Y no parecía posible estabilizar las versiones porque su posible vida secreta era siempre nueva y sorprendente. Un forastero seductor, extrovertido, que decía todo, y también un hombre misterioso, con su lado oscuro, que había sido capturado por los Belladona y en ese torbellino se había perdido. (p. 53)
Las historias que se habían contado sobre el trío, sobre los juegos que habían hecho o habían imaginado, no tenían nada que ver con el crimen, eran fantasmas, fantasías. (...) p. 72

La reconstrucción de la verdad sobre el asesinato de Durán, en definitiva, es relativa. En Blanco nocturno sobre la verdad, como certeza, prevalece la duda. No sabemos lo que efectivamente pasó. Todos los personajes parecen confabularse para esconder la verdad. Todos parecen decir verdades a medias, todo parece indicar una muerte accidental, sin sentido. “No hacía falta matarlo, pobre Cristo” (Piglia 2010, p. 267) expresa Croce en una conversación con Renzi. Pero lo que hace a Blanco nocturno un texto importante es la fuerza con que se pone en escena las pasiones humanas y esa búsqueda de la verdad, que parece mostrar una sociedad caótica y corrompida, donde nada es lo que parece ser, donde ya no cabe encontrar siquiera en pueblos tranquilos y bucólicos paisajes la arcadia perdida. En la perspectiva de narración de Blanco nocturno se mira la sociedad desde el crimen, desde lo que en ésta hay de oscuro e instintivo, de trasgresor, lo que por supuesto, es siempre fascinante y nunca puede explicarse del todo.

BIBLIOGRAFIA

Bibliografía directa:

Piglia, Ricardo. 1980. Respiración artificial. Cuba: Casa de Las Américas.

Piglia, Ricardo. 2000. Formas breves. Barcelona: Anagrama.

Piglia, Ricardo. 2010. Blanco nocturno. Barcelona: Anagrama.

Otras fuentes bibliográficas:

Bratosevich, Nicolás. 1997. Ricardo Piglia y la cultura de la contravención. Argentina: Teruel.

Cappelletti, Ángel. . Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores.

Fornet, Jorge. 2000. Valoración múltiple Ricardo Piglia. La Habana/Bogotá: Casa de las Américas/Instituto Caro y Cuervo.

Gallegos, Rómulo. Doña Bárbara. Caracas: Fundación Ayacucho.

González Montes, Soledad y Julia Tuñón (comps.). 1997. Familias y mujeres en México. México: El Colegio de México.

Hurtado de Barrera, Jacqueline. 2003. Aproximación a una tipología de la estructura de las familias caraqueñas de menores recursos. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

Iser, Wolfgang. 1987. “El proceso de lectura: enfoque fenomenológico”. En: Mayoral, José Antonio (comp.). 1987. Estética de la recepción. Madrid: Arco Libros.

Méndez Castellano, Hernán et al. . 1996. Estudio Nacional de Crecimiento y Desarrollo Humano de la República de Venezuela. Caracas: Ministerio de la Secretaría. Fundacredesa.

Pons, María Cristina.1998. Más allá de las fronteras del lenguaje. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Rísquez, Fernando. 2000. “Dinámica familiar”. En: Familia: un arte difícil. Caracas: Fundación Venezuela Positiva.

Saraceni, Gina. 2008. Escribir hacia atrás Herencia, lengua, memoria. Argentina: Beatriz Viterbo Editora.